Un estudio canadiense advierte del impacto a largo plazo del cáncer en adolescentes y adultos jóvenes y plantea reforzar la vigilancia precoz
Una investigación liderada por la Universidad de Alberta, y publicada en la revista Canadian Medical Association Journal, revela que los supervivientes de cáncer diagnosticado durante la adolescencia y la juventud presentan el doble de riesgo de desarrollar nuevos tumores en etapas posteriores de la vida.
Estos nuevos casos, conocidos como neoplasias primarias posteriores, constituyen una de las principales consecuencias a largo plazo del cáncer, en gran medida asociadas a los efectos de tratamientos como la quimioterapia, la radioterapia o la hormonoterapia. Según explica la investigadora Miranda Fidler-Benaoudia, este fenómeno cobra especial relevancia debido a las altas tasas de supervivencia en este grupo, que rondan el 86%, lo que da lugar a una población creciente expuesta a complicaciones décadas después del diagnóstico inicial.
El estudio analizó a 24.459 personas de entre 15 y 39 años diagnosticadas con un primer cáncer en la provincia canadiense de Alberta entre 1983 y 2017. Con un seguimiento medio de 7,4 años, los resultados muestran que un 6% de los pacientes desarrolló al menos un nuevo cáncer, siendo los más frecuentes el cáncer de mama, el colorrectal y el de pulmón. Además, los supervivientes de linfoma y cáncer de mama se identifican como grupos especialmente vulnerables. En estos casos, cerca de un tercio de los nuevos tumores se diagnosticaron pasados cinco años desde la supervivencia inicial, lo que pone de manifiesto la persistencia del riesgo a largo plazo.
Un 6% de los pacientes desarrollo al menos un nuevo cáncer
Los autores también señalan que, junto a los tratamientos recibidos, factores genéticos pueden influir en la aparición de estos tumores, por lo que destacan la importancia del asesoramiento genético y la promoción de estilos de vida saludables en el seguimiento de estos pacientes.
Uno de los datos más relevantes del estudio es que, 30 años después del diagnóstico inicial, uno de cada seis supervivientes desarrollará un nuevo cáncer, a menudo antes que en la población general. Por ello, los investigadores sugieren reforzar las estrategias de detección precoz y establecer programas de vigilancia oncológica más tempranos y específicos para este grupo de riesgo.
En este contexto, los expertos subrayan la necesidad de avanzar en soluciones innovadoras que permitan prevenir, detectar y tratar de forma más eficaz estas neoplasias, con el objetivo de reducir la morbimortalidad asociada y mejorar la calidad de vida de los supervivientes a largo plazo.
Fuente: consalud.es


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