Científicos descubren que el tipo de grasa influye en el riesgo de cáncer de páncreas

Científicos descubren que el tipo de grasa influye en el riesgo de cáncer de páncreas

Durante años, gran parte de las recomendaciones relacionadas con la prevención del cáncer se han centrado en reducir el consumo total de grasas. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que, al menos en el caso del cáncer de páncreas, el factor más relevante podría no ser la cantidad de grasa ingerida, sino el tipo específico de grasa que forma parte de la dieta.

Los hallazgos fueron publicados en Cancer Discovery, revista científica de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer, y muestran que algunas grasas podrían favorecer el crecimiento de tumores pancreáticos, mientras que otras parecen ejercer un efecto protector frente a la enfermedad.

El trabajo fue liderado por investigadores de la Facultad de Medicina de Yale, quienes analizaron cómo diferentes perfiles de grasas dietéticas afectan el desarrollo del adenocarcinoma ductal pancreático (PDAC), la forma más frecuente y agresiva de cáncer de páncreas.

El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los más letales

El adenocarcinoma ductal pancreático representa la mayoría de los casos diagnosticados de cáncer de páncreas y se caracteriza por su elevada mortalidad. Actualmente, apenas alrededor del 13% de los pacientes logra sobrevivir cinco años después del diagnóstico.

Según explicó Christian Felipe Ruiz, doctor en ciencias e investigador asociado del Departamento de Genética de Yale, se espera que más de 65 mil personas sean diagnosticadas con esta enfermedad en Estados Unidos durante el año, mientras que más de 50 mil fallecerán a causa de ella.

Ante un panorama en el que las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas, especialmente en etapas avanzadas, los especialistas consideran prioritario identificar estrategias de prevención que ayuden a reducir la incidencia de la enfermedad.

El hallazgo que sorprendió a los investigadores

Uno de los descubrimientos más llamativos del estudio involucró al ácido oleico, una grasa monoinsaturada ampliamente conocida por formar parte del aceite de oliva y de otros alimentos considerados saludables para el sistema cardiovascular.

Tradicionalmente, esta grasa ha sido asociada con beneficios para la salud cardíaca y suele estar presente en recomendaciones alimentarias equilibradas. Sin embargo, los resultados obtenidos en esta investigación mostraron un comportamiento inesperado en relación con el cáncer de páncreas.

Los científicos observaron que los ratones genéticamente predispuestos a desarrollar una enfermedad muy similar al PDAC humano presentaban una progresión más rápida de los tumores cuando consumían dietas enriquecidas con ácido oleico.

Ruiz reconoció que este resultado fue una sorpresa para el equipo debido a la reputación positiva que históricamente ha tenido este ácido graso en otros ámbitos de la salud.

Cómo se diseñó el estudio

Para comprender mejor la relación entre grasas dietéticas y cáncer de páncreas, los investigadores desarrollaron un modelo experimental más sofisticado que los utilizados en trabajos anteriores.

En lugar de recurrir a una única fuente de grasa y cantidades extremadamente elevadas, el equipo diseñó 12 dietas distintas. Todas contenían el mismo número de calorías, variando únicamente el origen de las grasas utilizadas.

El objetivo era reproducir de manera más realista los patrones de consumo observados en la alimentación estadounidense contemporánea.

Durante décadas, numerosos estudios sobre grasas y cáncer emplearon dietas en las que hasta el 60% de las calorías provenían de manteca, una situación poco representativa de la alimentación habitual de las personas. Esa limitación dificultaba identificar cuáles componentes específicos eran responsables de los efectos observados.

La nueva estrategia permitió evaluar con mayor precisión el papel individual de diferentes ácidos grasos en la evolución de la enfermedad.

Qué grasas impulsaron el crecimiento tumoral

Los resultados revelaron que las dietas ricas en ácido oleico favorecieron un crecimiento más acelerado de los tumores pancreáticos en los animales estudiados.

Este ácido graso monoinsaturado está presente en productos como:

  • Aceite de oliva.
  • Aceite de girasol alto oleico.
  • Aceite de cártamo alto oleico.
  • Cacahuates.
  • Manteca.

Los investigadores observaron que, conforme aumentaba la proporción de grasas monoinsaturadas respecto a otras grasas en la dieta, también se incrementaba la carga de enfermedad.

Este hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre la compleja relación entre nutrición y cáncer, sugiriendo que una grasa considerada beneficiosa en algunos contextos podría comportarse de forma distinta en determinados procesos biológicos asociados al desarrollo tumoral.

Los omega-3 mostraron un efecto protector notable

En contraste, las dietas ricas en ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) produjeron resultados opuestos.

Los efectos más favorables fueron observados en las dietas enriquecidas con omega-3, especialmente aquellos presentes en el aceite de pescado.

Según los datos obtenidos, los ratones alimentados con estas grasas desarrollaron una enfermedad significativamente menos agresiva.

De hecho, los investigadores reportaron una reducción del 50% en la carga de enfermedad en comparación con los animales que recibieron una dieta estándar basada en grasas convencionales.

El hallazgo refuerza el creciente interés científico por los omega-3 y su posible papel en diferentes procesos relacionados con la inflamación, el metabolismo celular y el riesgo de diversas enfermedades.

La clave podría estar en la muerte de las células cancerosas

Para entender por qué algunas grasas favorecen el cáncer de páncreas y otras parecen frenarlo, los científicos analizaron un mecanismo biológico conocido como ferroptosis.

La ferroptosis es una forma de muerte celular programada desencadenada por la oxidación de lípidos presentes en las membranas celulares.

Los investigadores descubrieron que las grasas poliinsaturadas son más susceptibles a la oxidación. Esta característica vuelve a las células cancerosas más vulnerables a sufrir daños y, eventualmente, morir mediante ferroptosis.

Por el contrario, las grasas monoinsaturadas muestran una mayor resistencia a la oxidación.

De acuerdo con Ruiz, esta resistencia ayuda a proteger a las células cancerosas frente a ese mecanismo de muerte celular, permitiendo que sobrevivan y continúen desarrollándose.

Los análisis mostraron una relación directa: cuando aumentaba la proporción de grasas monoinsaturadas frente a las poliinsaturadas, la gravedad de la enfermedad también crecía. Cuando esa relación disminuía, la carga tumoral se reducía.

Diferencias entre machos y hembras

Otro aspecto relevante del estudio fue la identificación de diferencias biológicas según el sexo.

Los efectos que promovían el cáncer asociados al ácido oleico fueron mucho más evidentes en los ratones machos, mientras que en las hembras estos efectos fueron considerablemente menores o prácticamente inexistentes.

En cambio, los beneficios observados con las grasas poliinsaturadas y los omega-3 se manifestaron tanto en machos como en hembras.

Los autores consideran que estos resultados respaldan la creciente evidencia de que el sexo biológico puede influir en los mecanismos metabólicos relacionados con el cáncer y justifican nuevas investigaciones en esta área.

¿Qué implicaciones podría tener para las personas?

Los investigadores subrayan que los resultados aún corresponden a modelos animales y que todavía es necesario confirmar estos hallazgos en seres humanos.

Fuente: potosinoticias.com

Alberto Vazquez

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