Usar biomasa forestal para climatizar edificios, un escudo preventivo contra el fuego
La Diputación de Málaga ha movilizado 17,2 millones de euros para esta estrategia de economía circular
La mayoría de fuegos virulentos se registran en verano pero la prevención abarca todo el año, un ámbito en el que Málaga busca implantar a nivel nacional su modelo de biomasa forestal, que convierte los restos acumulados en los montes en una solución para la climatización de edificios públicos.
La Diputación de Málaga ha movilizado 17,2 millones de euros para esta estrategia de economía circular basada en el uso de la biomasa forestal, con la que pretende reducir el riesgo de incendios al tiempo que abarata la factura energética de los municipios.
El plan echó a andar en 2019 en la localidad de Yunquera (2.900 habitantes) al sustituir calderas de gasóleo y electricidad por biomasa en dependencias públicas. Tras una primera inversión de 6,2 millones de euros, la red de calor abastece ya a colegios, bibliotecas y centros de mayores de nueve municipios de la Sierra de las Nieves.
Desde hace poco más de un mes, Yunquera alberga un centro público de acopio y tratamiento de restos forestales en el que se han invertido otros 2 millones de euros, una instalación que transforma en astillas las 562 toneladas de madera extraídas el pasado año de montes públicos de este municipio y El Burgo en una experiencia piloto de limpieza forestal con talas, podas y clareos.
Estos restos suponen casi la mitad del combustible que necesitan durante el invierno las calderas de biomasa de la comarca de la Sierra de las Nieves. Entre este año y 2028, la Diputación malagueña invertirá casi 9 millones más para llevar la biomasa a un total de catorce municipios del Valle del Genal y del Valle del Guadiaro.
De problema a solución
Esta iniciativa pionera, que permite convertir «un problema» como los restos forestales acumulados en los montes en «una solución» que protege la naturaleza a la vez que genera actividad económica y empleo, «merece ser replicada en todo el país», ha defendido el presidente de la institución, Francisco Salado.
«Nadie está libre de que mañana un gran incendio pueda echar por tierra años de trabajo, pero precisamente por eso no podemos esperar a que llegue el fuego para actuar», ha afirmado a EFE.
Salado hace un llamamiento al Gobierno central, a las comunidades autónomas y al resto de diputaciones para que este proyecto se extienda, y brinda con este objetivo la «colaboración técnica y la experiencia acumulada en estos años».
El también presidente de la Comisión de Diputaciones, Cabildos y Consells Insulares de la FEMP ha anunciado que llevará este proyecto a la próxima reunión del máximo órgano de representación del municipalismo.
No obstante, «poco podemos hacer las diputaciones y los ayuntamientos -ha admitido- sin el respaldo financiero y, sobre todo, burocrático y normativo, del Gobierno central y las autonomías».
Salado ha lamentado la «maraña burocrática» a la que se enfrenta cualquier institución local o entidad privada para la retirada de la masa forestal de los montes, y ha advertido de que el problema de los incendios «cada vez va a peor y se ha convertido en una emergencia nacional de la que solo nos acordamos en verano».
Abandono del pastoreo o la recogida de leña
La despoblación y el abandono de usos tradicionales como el pastoreo o la recogida de leña aumentan el riesgo de incendio en los montes, ha apuntado Aitor Hernández, ingeniero técnico del Servicio de Cambio Climático de la Diputación de Málaga.
El centro inaugurado a finales de junio en Yunquera es el único público enfocado a silvicultura para producir astilla en Andalucía, ha apuntado. La competencia de la gestión de montes en la comunidad -la mayoría públicos- es de la Junta, que hace las labores de prevención de incendios.
En este proyecto, el aprovechamiento de los restos forestales permite sanear el monte y utilizar desbroces, y el uso de la biomasa sustituye al diésel o la electricidad, lo que contribuye a rebajar la factura energética de los ayuntamientos, hasta en un 65 % en algunos casos.
También se reducen las emisiones de dióxido de carbono, ya que el emitido por la quema de biomasa se considera neutro -no se contabiliza porque ya existía antes en la atmósfera- a diferencia de los combustibles fósiles derivados del petróleo, que se «liberan de golpe», según Hernández.
Fuente: larazon.es
