El cambio climático podría estar encogiendo el cerebro de los calamares, y eso no es una buena noticia

El cambio climático podría estar encogiendo el cerebro de los calamares, y eso no es una buena noticia

La acidificación de los océanos provoca cambios neurológicos sin precedentes en uno de los invertebrados más inteligentes del planeta, con posibles consecuencias para todo el ecosistema marino

Un equipo de científicos ha confirmado que la exposición a niveles elevados de CO₂, similares a los previstos para finales de siglo, puede reducir hasta un 49% el volumen cerebral de los calamares. El descubrimiento, presentado durante la conferencia de la Sociedad de Biología Experimental celebrada en Florencia, abre una inquietante ventana sobre los efectos ocultos del cambio climático en la vida marina.

Los resultados no solo muestran una disminución drástica del tamaño del cerebro, sino también alteraciones en regiones clave relacionadas con la visión y la alimentación. Si estos efectos se confirman en futuras investigaciones, podrían comprometer la supervivencia de algunos de los animales más inteligentes de los océanos y alterar el equilibrio de numerosos ecosistemas marinos.

Cuando el océano cambia, también lo hace el cerebro

La acidificación de los océanos es una de las consecuencias más silenciosas del aumento de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera. Al absorber cerca de una cuarta parte del CO₂ emitido por las actividades humanas, el agua del mar modifica su química de forma progresiva, afectando a organismos que dependen de condiciones muy estables para desarrollarse.

Ahora, un proyecto liderado por investigadores de la Universidad de Acadia, en Canadá, ha identificado un efecto hasta ahora desconocido. Trabajando con ejemplares del calamar de arrecife de aleta grande (Sepioteuthis lessoniana), los científicos criaron a estos animales desde su eclosión en aguas con concentraciones elevadas de CO₂ disuelto, simulando las condiciones que podrían darse en las próximas décadas.

El resultado sorprendió incluso al propio equipo investigador: el volumen cerebral medio de los calamares expuestos a estas condiciones fue un 49% inferior al observado en los individuos del grupo de control. Pero hay un detalle que desconcierta especialmente a los científicos: la reducción no fue uniforme, sino que afectó con mayor intensidad a las regiones responsables de procesar la información visual, una función esencial para estos depredadores.

Los invertebrados más inteligentes podrían perder una de sus mayores ventajas

Los cefalópodos (grupo que incluye calamares, pulpos y sepias) ocupan un lugar excepcional en el reino animal. Son considerados los invertebrados más inteligentes del planeta, capaces de resolver problemas, aprender mediante la experiencia, memorizar recorridos e incluso utilizar herramientas en determinadas circunstancias.

Según explica el doctor Garett Allen, profesor adjunto de la Universidad de Acadia, estos animales poseen un número de neuronas comparable al de algunos mamíferos, incluidos los perros. Esa compleja arquitectura cerebral les permite coordinar sofisticadas estrategias de caza, comunicarse mediante rápidos cambios de color y reaccionar con enorme precisión ante cualquier amenaza.

Sin embargo, los nuevos datos apuntan a que esa extraordinaria capacidad cognitiva podría verse seriamente comprometida si la acidificación oceánica continúa intensificándose.

Los investigadores observaron que los calamares con cerebros más pequeños mostraban alteraciones importantes en su comportamiento alimentario. Su capacidad para localizar, seguir y capturar presas disminuía de forma significativa, lo que sugiere que las modificaciones anatómicas tienen consecuencias directas sobre su supervivencia. Y si los depredadores dejan de cazar con eficacia, el impacto podría extenderse mucho más allá de una sola especie.

Un problema que podría transformar los ecosistemas marinos

La acidificación oceánica ya se había relacionado anteriormente con daños en corales, moluscos y numerosos organismos calcificadores. Sin embargo, este estudio introduce un nuevo motivo de preocupación: el cambio climático también podría estar alterando directamente el desarrollo del sistema nervioso de algunos animales marinos.

Los cefalópodos desempeñan un papel esencial dentro de las cadenas alimentarias. Son tanto cazadores de peces, crustáceos y otros invertebrados como presa habitual de tiburones, atunes, aves marinas, focas y cetáceos. Una disminución de sus capacidades cognitivas podría desencadenar efectos en cascada sobre numerosas especies, modificando las relaciones entre depredadores y presas y alterando el funcionamiento de ecosistemas completos.

Los propios investigadores subrayan que estos resultados son todavía preliminares y deberán confirmarse mediante nuevos experimentos. Aun así, consideran que el descubrimiento abre una línea de investigación completamente nueva sobre los efectos neurológicos de la acidificación oceánica.

Mientras gran parte de la atención científica se ha centrado durante años en cómo el CO₂ afecta a los esqueletos, conchas o arrecifes, este trabajo plantea una pregunta mucho más inquietante: ¿qué ocurre cuando el cambio climático empieza a remodelar el cerebro de los animales?

Fuente: nationalgeographic.com.es

Alberto Vazquez

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