Descubren qué bacterias habitaban el intestino de un hombre congelado hace 5.300 años y no son como las tuyas

Descubren qué bacterias habitaban el intestino de un hombre congelado hace 5.300 años y no son como las tuyas

Un nuevo estudio ha analizado la microbiota de Ötzi, el hombre de hielo, y ha logrado determinar qué microorganismos estaban presentes durante su vida

Cuando pensamos en momias nos vienen a la cabeza las egipcias, con sus sofisticadas técnicas de conservación, sus vendajes y su natrón. Puede que, si te ha interesado el tema, conozcas otros ejemplos más rudimentarios, como las momias guanches, de las Islas Canarias, o las que podemos encontrar en los pantanos del norte de Europa, convertidas en jabón. Sin embargo, una de las momias más famosas de la historia lo ha sido de manera fortuita: Ötzi, el hombre de hielo. En 1991, En la frontera entre Italia y Australia, dos alpinistas alemanes llamados Helmut y Erika Simon dieron con el protagonista de esta noticia. Allí, congelada en plenos Alpes, estaba la momia de un humano que vivió hace algo más de 5.300 años.

Se trataba de un Homo sapiens, como nosotros, y su grado de conservación era excepcional. A lo largo de los años, los investigadores han podido analizar el contenido de su intestino e, incluso, cartografiar los tatuajes de su piel. Desde entonces, hemos descubierto multitud de detalles sobre este sapiens del calcolítico. Por ejemplo, sabemos que Ötzi era calvo, que sus ojos y los pelos que le quedaban eran de un color negro oscuro, sabemos incluso cómo eran sus padres. Y, continuando con esta afrenta a su intimidad que nos gusta llamar paleoantropología, un grupo de investigadores acaba de descubrir qué tal iba Ötzi con su “flora intestinal”. O, dicho de forma más rigurosa: qué bacterias y hongos componían la microbiota de este humano tan especial.

Una jungla de microorganismos

Cómo es posible que hayan sobrevivido microorganismos durante los 5.300 años que Ötzi ha pasado congelado, te preguntarás. Y ciertamente es una buena pregunta, pero con una respuesta sencilla: no es posible. Las bacterias que poblaron su cuerpo en vida murieron hace miles de años. Sin embargo, la genética se ha vuelto realmente poderosa y no necesita dar con el microorganismo vivo y coleando para saber que ha pasado por allí. Nos basta con fragmentos de su ADN. Secuencias incompletas, pero, suficientemente significativas, como para saber a qué bacteria u hongo pertenecieron.

De hecho, este tipo de investigaciones son tan potentes que el problema no está en encontrar esos fragmentos de ADN, sino en determinar cuales pertenecen a microorganismos con que colonizaron a Ötzi en vida, y cuáles a microorganismos que llegaron después, ya fuera durante el tiempo que pasó congelado, o durante los años posteriores a su descubrimiento. Pues bien, eso es lo que acaba de lograr un equipo de investigadores del Instituto de Estudios de Momias de Eurac Research y el Museo de Arqueología del Tirol del Sur.

El grano de la paja

«El microbioma de una momia es único porque estamos tratando con microbios que tienen más de 5.000 años y, al mismo tiempo, con microbios modernos que se han introducido desde el descubrimiento», dice el microbiólogo y autor principal Mohamed S. Sarhan. Así pues, para separar el grano de la paja, los investigadores tomaron muestras de tejido intestinal, contenido estomacal, hisopos de superficie, agua de deshielo del interior de la momia, hielo superficial y una muestra de suelo del lugar del hallazgo congelada en 1991. Al compararlos pudieron intuir qué microorganismos habría sido más probable encontrar en su cuerpo en vida y cuáles provenían del entorno. Otro detalle que contribuyó a la criba fue lo bien o mal conservados que estuvieran los fragmentos de ADN microbiano, cuanto menos deteriorados, más recientes y, cuanto más recientes, más improbable resulta que estuvieran presente durante la vida de Ötzi.

Así es como encontraron a algunos polizones que llegaron poco después de la muerte, pero que han logrado resistir a los milenios. «Vemos continuidad aquí», explica Frank Maixner, director del Instituto de Estudios de Momias de Eurac Research: «Estas levaduras han acompañado a Ötzi en su largo viaje a través de los milenios». Según Maixner, esto demuestra que la momia no es «un relicto estático, sino un sistema biológico dinámico».

Otros, en cambio, parecen haber llegado tras el deshielo. «Las condiciones de conservación de la momia son hoy muy estables», comenta Elisabeth Vallazza, directora del Museo de Arqueología del Tirol del Sur que supervisa la conservación de la momia, «el estrecho seguimiento microbiológico garantiza que la momia no sufra daños. Pero ciertamente se necesitan más investigaciones y esfuerzos de conservación completos para preservarla para muchas generaciones más».

¿Y su flora?

Una vez descartados aquellos microorganismos que llegaron tras su muerte, ya fuera durante sus milenios en permafrost o las décadas que ha pasado en las manos de investigadores, los investigadores han podido reducir la muestra microbiológica a aquella más compatible con la flora que Ötzi pudo tener en vida. A juzgar por este estudio, si comparamos la microbiota del hombre de hielo con la de un humano contemporáneo, encontraremos notables diferencias. No era como la nuestra y… ¿por qué iba a serlo? Su alimentación era radicalmente diferente y sus hábitos de vida distaban mucho de los que acostumbramos a tener en nuestras sociedades del siglo XXI.

Sin embargo, aunque no se parezca a la microbiota humana de hoy en día, si guarda grandes similitudes con la que tenían nuestros antepasados preindustriales. Antes de que la técnica cambiara notablemente la alimentación. El experto en conservación y coautor Marco Samadelli enfatiza: «Las condiciones bajo las cuales se preservan las momias glaciares aún no se comprenden completamente. Este estudio amplía nuestro conocimiento en esta área». Todavía son muchas las preguntas que quedan por responder, pero Ötzi nos seguirá dando respuestas a medida que nuevas tecnologías y métodos profundicen en él y en los recuerdos que almacena su cuerpo.

Fuente: larazon.es

Alberto Vazquez

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