Señales de alerta precedieron al colapso del volcán Krakatoa en 2018

El 22 de diciembre de 2018, un flanco del volcán Krakatoa se hundió en el estrecho de Sunda entre las islas indonesias de Sumatra y Java, provocando un tsunami que mató a 430 personas.

Investigadores han demostrado ahora que el volcán produjo señales de advertencia claras antes de su colapso, según publican en la revista ‘Nature Communications’.

Un equipo internacional de investigación dirigido por Thomas Walter del Centro de Investigación de Geociencias de Alemania GFZ en Potsdam ha analizado una gran cantidad de datos de fuentes muy diferentes recolectadas durante las mediciones en tierra, así como por drones y satélites.

Los datos satelitales, por ejemplo, mostraron un aumento de las temperaturas y el movimiento del suelo en el flanco sudoeste meses antes de la catástrofe. Los datos sísmicos y las ondas de sonido de baja frecuencia de un terremoto más pequeño dos minutos antes del colapso repentino de una gran parte del volcán anunciaron el evento fatal. Este colapso finalmente desencadenó el tsunami mortal.

Los investigadores quieren usar el análisis de esta compleja cascada de eventos para mejorar el monitoreo y la detección temprana de otros volcanes.

Las islas volcánicas como Anak Krakatau a menudo están formadas por material inestable. Por lo tanto, de vez en cuando se produce un colapso de los flancos volcánicos. Sin embargo, esto no se había medido con precisión hasta ahora.

“En Krakatoa, pudimos observar por primera vez cómo se produjo la erosión de tal flanco volcánico y qué señales lo anunciaron”, explica Thomas Walter, un vulcanólogo de la GFZ.

En su estudio en Anak Krakatau, los investigadores pudieron demostrar que durante meses el movimiento del flanco sureste hacia el mar formó una especie de deslizamiento.

El repentino deslizamiento acelerado del flanco hacia el mar, el llamado colapso del flanco, duró solo dos minutos y se midió con sismógrafos y redes de infrasonidos antes de que los primeros impactos del tsunami llegaran a las costas, informa Phys.org.

“Utilizamos una gama excepcionalmente amplia de métodos: desde observación satelital hasta datos sísmicos terrestres, desde infrasonidos hasta datos de drones, desde mediciones de temperatura hasta análisis químicos de productos de erupción –señala Thomas Walter–. El acceso casi ilimitado de hoy a los datos mundiales fue fundamental en esto. En los días posteriores al tsunami, nos permitió analizar este evento en diferentes lugares en diferentes países al mismo tiempo”.

De manera similar a Anak Krakatau, tales eventos también podrían anunciarse en otras islas volcánicas en el Atlántico, el Pacífico o incluso en el Mediterráneo, a las que presumiblemente los resultados del estudio podrían transferirse, según Walter.

“Suponemos que los sistemas de alerta temprana de tsunami también deben tener en cuenta los eventos causados por deslizamientos de tierra –añade–. Esos volcanes que corren el riesgo de resbalar deberían integrarse en los sistemas de monitorización”.

El sismólogo Frederik Tilmann de GFZ y la Freie Universität Berlin, que también participó en el estudio, asegura que el patrón sísmico inusual del colapso del flanco fue un desafío particular al analizar los datos.

A diferencia de los terremotos tectónicos, solo una pequeña parte de este patrón consistía en altas frecuencias alrededor de 1 hercio (1 oscilación por segundo). En cambio, las ondas sísmicas contenían componentes más fuertes en el rango de bajas frecuencias de hasta aproximadamente 0.03 hercios (1 oscilación por 35 segundos). “Esta propiedad fue la razón por la cual el evento no se detectó en ninguna evaluación de rutina”, dice Tilmann.

El esfuerzo de los sistemas de análisis valdrá la pena, ya que una gran parte de las víctimas de los volcanes en los últimos dos siglos no han sido asesinados por las erupciones en sí, sino por deslizamientos de tierra y tsunamis, según Walter.

Los nuevos resultados muestran que hasta ahora se ha subestimado el peligro de colapso de los volcanes. El primer paso ahora es identificar que se encuentran en riesgo particular y complementar los métodos de medición existentes con sensores adicionales y nuevos algoritmos para la evaluación. “Confiamos en que nuestros hallazgos conducirán al desarrollo de sistemas de monitoreo mejorados”, añade Walter.

Fuente: europapress.es

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