Las aves que viven en ambientes cambiantes tienen el cerebro más grande

La evolución del cerebro de las aves esconde incógnitas interesantes. ¿Cómo pueden los pequeños cerebros de los pájaros realizar funciones cognitivas complejas, equiparables a las de mamíferos y primates? Sin embargo, las neuronas de las aves son más pequeñas, se encuentran más compactadas y son más numerosas que las de los mamíferos en relación al volumen del cerebro. ¿De qué forma la selección natural ha moldeado el encéfalo de los animales que vuelan?

A pesar de los avances que ha habido en la comprensión sobre la evolución del cerebro, sigue habiendo controversia sobre las fuerzas evolutivas que han impulsado su enorme diversificación en tamaño. Y mayor no tiene por qué significar mejor. En la inteligencia de las aves puede que influya más la densidad neuronal y la estructura del cerebro que el tamaño de este. Estudios recientes han hallado que, a pesar de su pequeño cerebro, los cuervos son tan inteligentes como los chimpancés.

Ahora, un estudio publicado hoy en la revista Nature Communications concluye que las especies de aves que viven en ambientes cambiantes tienen el cerebro más grande, en comparación con el tamaño del cuerpo, que las que viven en lugares más estables. El trabajo refuerza la idea de que un cerebro grande protege de los cambios del entorno porque facilita el desarrollo de nuevos comportamientos mediante el aprendizaje. Por tanto, los cerebros grandes son útiles para afrontar los cambios ambientales. La idea de que la variación ambiental puede afectar el tamaño del cerebro no es nueva. De hecho, es una de las principales hipótesis que explican el éxito colonizador de la especie humana.

Según Ferran Sayol, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y autor principal del artículo, «hemos podido comprobar que las especies de aves que no tienen acceso a los recursos de manera regular a lo largo del año, ni tampoco de un año a otro, tienen el cerebro más grande. Esto les puede ayudar a saber dónde, cuándo y cómo es mejor obtener los recursos que necesitan para vivir, como la comida, materiales y espacios para hacer el nido, o los refugios para esconderse de los depredadores.

Los investigadores han estimado el tamaño del cerebro a partir de la cavidad craneal de 4 mil 744 aves de más de mil 200 especies, disponibles en colecciones de museos de todo el mundo, y han utilizado datos de satélite para evaluar en qué ambientes la variación de los recursos es mayor. En latitudes altas, como el norte de Europa, los inviernos son fríos y la nieve puede durar meses, y esto reduce mucho la disponibilidad de alimento. “Las especies que migran se van para evitar estas condiciones, y posiblemente por eso no necesitan cerebros tan grandes. Pero las especies que se quedan todo el año en estas regiones, las residentes, tienen cerebros más grandes, con más capacidad de aprendizaje e innovación para afrontar los cambios del ambiente”, concluye Sayol.

Fuente: investigacionyciencia.es

 

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