Descubierta una nueva forma en que los virus desencadenan la autoinmunidad

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, han descubierto que una infección vírica puede poner en marcha un proceso destructivo que culmina con la autoinmunidad mucho después de que la infección se haya resuelto, según publican en el ‘Journal of Experimental Medicine’.

Se cree que las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide y la diabetes de tipo 1, surgen cuando las personas con una susceptibilidad genética a la autoinmunidad encuentran algo en el entorno que desencadena que su sistema inmunitario ataque a su propio cuerpo. Los científicos han avanzado en la identificación de los factores genéticos que ponen en riesgo a las personas, pero los desencadenantes ambientales han resultado más difíciles de encontrar.

Los investigadores estudiaron el impacto de la infección vírica en las células T, un grupo de células inmunitarias que desempeña un papel clave en muchas enfermedades autoinmunes.

En el estudio, realizado en ratones, los investigadores demostraron que el roseolovirus murino infecta el timo -el órgano donde se identifican y eliminan las células T autoinmunes- y altera el proceso de selección en el órgano. Meses después de la infección, los ratones desarrollan una enfermedad autoinmune del estómago impulsada por las células T autodestructivas.

El estudio describe una forma hasta ahora desconocida en que un virus puede desencadenar la autoinmunidad. Además, sugiere que los roseolovirus humanos, parientes cercanos de los roseolovirus murinos, merecen ser investigados como posibles causas de autoinmunidad en las personas.

«Es muy difícil encontrar al culpable de un crimen que ni siquiera ha estado en la escena del mismo», explica el autor principal, el doctor Wayne M. Yokoyama, catedrático de investigación sobre artritis Sam J. Levin y Audrey Loew Levin.

«Como clínicos, a menudo miramos directamente en el tejido enfermo, y si no encontramos ningún virus concluimos que la enfermedad no fue causada por un virus -continúa–. Pero aquí tenemos una situación en la que un virus está haciendo su daño en otro lugar completamente distinto. Este virus va al timo, que es donde las células T se someten a un proceso para seleccionar aquellas células útiles para la defensa inmune, pero también para deshacerse de las células T que son demasiado propensas a dañar los propios tejidos del cuerpo».

Destaca que lo que encontraron «es que todo este proceso, que se llama tolerancia central, se ve afectado. Las células T que no deberían salir del timo salen y se manifiestan meses después en el estómago, provocando una enfermedad autoinmune en un lugar que nunca estuvo infectado por el virus».

Los roseolovirus humanos y de ratón son miembros de la familia de los herpesvirus. En las personas, los roseolovirus causan la roséola, una enfermedad infantil leve que consiste en unos días de fiebre y sarpullido. La mayoría de las personas han sido infectadas con al menos un roseolovirus cuando comienzan el jardín de infancia. Al igual que otros herpesvirus, los roseolovirus causan infecciones de por vida, aunque el virus permanece latente y rara vez causa síntomas después de la infección inicial.

Los científicos sospechan desde hace tiempo que los roseolovirus pueden estar relacionados con la autoinmunidad. Pero la ubicuidad de los virus dificulta la investigación de tal conexión. Es difícil buscar diferencias entre las personas infectadas y las no infectadas cuando casi todo el mundo se infecta al principio de su vida.

En su lugar, Yokoyama, el primer autor Tarin Bigley, un compañero en reumatología pediátrica, y sus colegas estudiaron el roseolovirus murino, un virus recientemente descubierto que infecta el timo y las células T de los ratones en la naturaleza.

Los investigadores infectaron a ratones recién nacidos con el virus. Doce semanas después, todos los ratones habían desarrollado gastritis autoinmune, o inflamación del estómago, aunque no había signos del virus en sus estómagos. Si el virus se eliminaba rápidamente con un tratamiento farmacológico antiviral en los primeros días, mientras aún se replicaba activamente, los ratones no desarrollaban gastritis tres meses después.

Sin embargo, si los investigadores esperaban a administrar un antiviral hasta que los ratones tuvieran 8 semanas de edad – después de que la infección activa se hubiera resuelto pero antes de que los ratones mostraran signos de problemas estomacales – el fármaco no servía de nada; los ratones seguían desarrollando gastritis unas semanas más tarde.

Los científicos ya sabían que la infección viral puede provocar autoinmunidad si algunas de las proteínas del virus se parecen a las proteínas humanas normales. Los anticuerpos destinados a atacar el virus acaban reaccionando también con las células humanas normales.

Descubrieron que los ratones con gastritis habían desarrollado anticuerpos contra las proteínas de las células del estómago. Pero también habían desarrollado anticuerpos contra una amplia gama de proteínas normales asociadas a otras enfermedades autoinmunes. Además, tenían muchas células T que se dirigían a las propias proteínas normales del cuerpo, y otros cambios en la población de células T que inclinaban el sistema inmunitario hacia la autoinmunidad.

«No creemos que la gastritis autoinmune sea el resultado del mimetismo molecular porque observamos una respuesta de autoanticuerpos tan amplia –apunta Bigley–. La observación de que los ratones infectados producían diversos autoanticuerpos, además de los autoanticuerpos, sugería que la infección por el roseolovirus murino en las primeras etapas de la vida inducía un defecto de gran alcance en la capacidad del organismo para evitar dirigirse a sus propias proteínas. Por eso centramos nuestros estudios en el impacto de la infección en la tolerancia central, más que en el mimetismo molecular», señala.

El siguiente paso es investigar si se produce un proceso similar en las personas. «La enfermedad autoinmune humana también puede producirse a través de una infección vírica que se elimina pero que deja daños que pueden causar autoinmunidad –explica Yokoyama–. Pero si es así, tiene que haber algún otro factor que aún no entendemos que haga que algunas personas sean más susceptibles a los efectos autoinmunes de la infección por roseolovirus, porque casi todas las personas están infectadas, pero la mayoría no contrae enfermedades autoinmunes. Ese es un tema realmente importante para seguir investigando».

Fuente: infosalus.com