Encuentran una rana “fantasma” que desapareció hace 80 años, en un desierto de Chile

Fue descubierta en 1935 y desde entonces no se supo nada más de aquel animal que pasó a ser un misterio para la ciencia

En 1935 un grupo de mineros chilenos que trabajaba en el desierto de Atacama se bañaban en una pileta natural de aguas termales cuando el geólogo y zoólogo estadounidense Frank Gregory Hall encontró una especie de rana tan extraña que se convirtió en un gran misterio para el mundillo científico.

Tres años después de aquel descubrimiento el zoólogo Gladwyn Kingsley Noble se encargó de describir y caracterizar al extraño animal del que nunca más se supo nada… hasta ahora.

El tiempo transcurrió con muy poca información sobre aquella rana de la que apenas había un única pista sobre su hábitat: vivía en «aguas termales en las cercanías de Ollagüe», tal como se describió en la revista Ladera Sur.

Fue en 2015 cuando una expedición de científicos chilenos se dirigió a la región de Aguas Calientes, donde hay un afloramiento de aguas termales que rondan los 28º C, y que no abarcan más de 100 m² de extensión.

Allí se encontraron unas ranas de gran similitud con la misteriosa especie de la que no se supo nada durante ocho décadas. Luego de los análisis de rigor, llegó la confirmación más esperada: efectivamente se trataba de aquellas ranas de Hall de las que no hubo datos durante más de 80 años.

Hace pocos días, el hallazgo fue publicado en la revista científica Zootaxa, confirmando así que la rana «fantasma» existe realmente. En consecuencia se pronunciaron nuevos llamados para la conservación de su hábitat en el desierto de Atacama, que es atacado por la minería, el cambio climático y el turismo descontrolado.

Los científicos volvieron a ubicar a la diminuta rana de agua de Hall en un pequeño oasis de aguas termales cerca de Ollagüe, en el desierto de Atacama en Chile. La rana se llama así por el investigador que la descubrió casi de casualidad en 1935.

El descubrimiento, dijeron los científicos a la agencia Reuters, desató una carrera loca para confirmar que la llamada especie fantasma era de hecho la misma que Hall había descubierto hace décadas.

«Le preguntamos al museo donde está registrado el (descubrimiento) de Hall (…). Nos enviaron fotografías de las larvas, fotografías, comparaciones, dibujos», explicó César Cuevas, investigador de la Universidad Católica de Temuco.

Los investigadores continúan trabajando para establecer los vínculos taxonómicos de la rana con otras especies que se encuentran en la región. El objetivo es determinar qué tan diferente y por lo tanto qué tan rara realmente es, describió Cuevas.

«Este estudio redescubre a la rana Hall, que estuvo perdida para la ciencia por 80 años. Como no se conocía con certeza su localidad tipo (“aguas termales en las cercanías de Ollagüe”), esta especie fue considerada como una especie fantasma, de la cual se estaba dudando de su existencia en la actualidad», dijo Claudio Azat, director del Doctorado en Medicina de la Conservación de la Universidad Andrés Bello al canal 13 de Chile.

«Nuestro estudio detecta con claridad la localidad tipo: Aguas Calientes en el salar de Carcote, desde donde Frank Gregory Hall colectó el primer espécimen en 1935. La especie se ha mantenido viva por 80 años en el mismo (muy reducido) hábitat. Los estudios taxonómicos son importantes porque solo se conserva lo que se conoce», precisó Azat.

En el caso de la rana de Hall, el académico detalló que “en dos jornadas de trabajo solo encontramos tres adultos (dos hembras y un macho) y tres renacuajos de T. halli. Es un número muy pequeño, lo que indica que la población local es muy reducida”, precisó al sitio web especializado Ladera Sur.

Mientras tanto, Cuevas indicó: «El estado del conocimiento es bastante pobre. Falta mucho que investigar y conocer sobre esta especie, y en general sobre todas las especies de Telmatobius del norte de Chile».

En este sentido, sostuvo que «nosotros prospectamos una muy pequeña área en la parte norte del Salar de Carcote y los animales estaban ahí, en un área no mayor a 100 metros cuadrados, muy pequeña. Ahora, al menos, sabemos algo de su morfología externa, conocemos sus larvas, algo de la ecología, pero desconocemos aspectos importantes de su reproducción».

Y añadió que proteger su hábitat es clave ya que la minería, el desarrollo turístico y las ciudades en expansión en el norte de Chile compiten por el agua con el pequeño anfibio. Esta región es hogar de la industria del cobre más grande del mundo.

«Estos animales son estrictamente acuáticos. En apenas cinco minutos fuera del agua, mueren», sentenció Cuevas, en un llamado a proteger su hábitat antes de que sea demasiado tarde.

Fuente: clarín.com