La arqueóloga Nelly Robles revela los hallazgos del maíz más antiguo de Mesoamérica

La arqueóloga Nelly Robles revela los hallazgos del maíz más antiguo de Mesoamérica

Habló del descubrimiento de restos de maíz con más de 5 mil 460 años de antigüedad, ubicados en la cueva oaxaqueña

La Cueva de las Manitas en Cuicatlán, Oaxaca, está revelando el momento en el que los antiguos pobladores de Mesoamérica comenzaron a comer maíz. Diferentes especies de mazorcas primitivas y en evolución, fechadas entre los 5 mil 463 años y los 4 mil 810 años antes del presente, han sido localizadas y recuperadas por un grupo de especialistas mexicanos liderados por la arqueóloga Nelly Robles García, del Centro INAH-Oaxaca.

Los fechamientos han sido elaborados por científicos de la UNAM y de la Universidad de Harvard, señaló Robles durante la conferencia “¿Cómo y cuándo comenzamos a comer maíz? La Cueva de las Manitas en Oaxaca”, que dictó como parte del ciclo La arqueología hoy, que coordina el arqueólogo Leonardo López Luján, miembro de El Colegio Nacional.

“Tenemos una cantidad enorme de muestras de maíz, de ‘olotitos’, pero no solamente olotes: tenemos varios que tienen sus ‘maicitos’ puestos ahí; muchos se desecharon y se quemaron, entonces tenemos el carbón del olote con sus ‘maicitos’. Todos son tesoros con los que podemos mandar a fechar, pero también a identificarlos en su forma por los biólogos, y empezar a construir una historia del maíz en esta región”, señaló en el Aula Mayor de la institución.

Robles detalló la apasionante exploración que ha encabezado en una cueva, conocida como Las Manitas, en la Reserva de la biosfera Tehuacán-Cuicatlán, donde se conservan pinturas rupestres que debieron elaborar “grupos de cazadores y recolectores todavía nómadas” que transitaban a lo largo un corredor interregional que iba del Valle de Tehuacán a Oaxaca, en busca de alimentos.

La especialista dijo que los grupos “iban parando” en cuevas, como Las Manitas, experimentando con el maíz hasta lograr su domesticación. “El maíz fue la base de todas nuestras culturas. Aquí hemos tenido una suerte enorme de encontrar, en un contexto tan rico, la presencia de maíz prehistórico de todos tamaños, algunos son chiquititos, de ternura. Es el proceso de experimentación”.

Para la especialista, las diferentes especies localizadas muestran cómo “iba creciendo el olote, la mazorquita, y lo volvían a plantar” una y otra vez para que fuera creciendo y creciendo… “Por eso el maíz es dependiente del esfuerzo humano, y el humano es dependiente del maíz. Es una simbiosis increíble y, aquí, en la cueva de Las Manitas, tenemos los testimonios clarísimos de eso”.

Robles consideró que el proceso de domesticación del maíz debió llevar varios siglos. “El doctor (Kent V.) Flannery hizo sus últimos fechamientos en el libro que reeditó de Guila Naquitz, otra cueva prehistórica del Valle de Tlacolula, en Oaxaca”. En el volumen, Flannery registra fechas como de 6 mil 600 años antes del presente. “Estamos viendo que fue una época muy larga de experimentación, por eso cuando [preguntamos]: ‘¿cuándo empezamos a consumir maíz?’, es un periodo muy largo de experimentación. No creo que nadie estuviera basando su dieta solamente en esos ‘maicitos’ chiquititos, pero obviamente fue el principio del enorme trabajo humano que implica domesticar una planta”.

En la enorme Reserva de la biosfera Tehuacán-Cuicatlán, que comprende más de 500 mil hectáreas, la cueva de Las Manitas se localiza en la cañada oaxaqueña, en la comunidad de Santiago Dominguillo, de menos de 200 habitantes. “Es una cueva seca, muy fresca, un remanso para descansar un rato, por sus dimensiones puede albergar varios grupitos de personas. Está probado que sí se puede vivir ahí, aunque nosotros hemos visto, por los hallazgos, que era una cueva estacional. No se quedaban a pasar larguísimas temporadas, sino pasaban el tiempo aprovechando los recursos naturales”.

El nombre de Las Manitas fue asignado de manera casi natural, ya que “está plagada de manos humanas pintadas y plasmadas en negativos y positivos, que son testimonios de muchas personas que pasaron por ahí, que dejaron esas improntas, como el ‘Juanito estuvo aquí’”.

Las temporadas de trabajo en el lugar comenzaron en 2022, y de acuerdo con Robles, lo más llamativo del sitio son las pinturas rupestres. “Uno entra y aparece un lienzo pintado. Es como un barroco prehistórico, con las manitas; pero, además, muchos otros elementos de los animales con los que convivieron, que aprovecharon y [otros] que, obviamente, les tuvieron miedo, como el jaguar”.

Las siluetas de las manos se pintaban con arcilla y “la población que pasó por ahí, era de muchas edades. Tenemos manos de adultos, sobre todo, pero [también] de adolescentes, manos chiquitas. Y tenemos piecitos de bebé, [que] tuvieron voz en esa cueva. Obvio, la gente caminaba para conseguir sus alimentos cargando a sus bebés”.

Robles detalló que se han localizado diferentes escenas, como la que ha sido asociada con “un árbol de la vida, tal como lo conocemos en las artesanías contemporáneas. Este es un mito de origen, yo lo interpreto así: hay un hombrecito en el suelo, en la raíz, un hombre con las manos en alto, de cuya cabeza emerge un órgano de cactácea que está floreciendo, su quiote”.

En Las Manitas, las sorpresas aún estaban por aparecer con la exploración arqueológica del suelo. Al ambiente seco de la cueva se sumó una capa de alrededor de 10 centímetros de excremento de ganado que durante años llevaron diferentes “chiveros”. “Ese excremento acabó sellando los contextos arqueológicos, eso nos ha favorecido porque no hemos tenido gran pérdida por erosión”.

“Desde la primera capa, debajo del excremento de los chivos, empezamos a sacar olotes, algo que no sabíamos qué era al principio —después se descubrió que eran “las brochas” con las que se hicieron las pinturas lineales, elaboradas con pencas de maguey—, y así empezamos a encontrar muchas semillas, mucha lítica, herramientas de piedra, muchas hojitas, en este caso algo de cestería y ataditos”.

Además, detalló Robles, “hemos tenido una cantidad enorme de material orgánico que se está procesando, se está clasificando. Tenemos el apoyo de biólogos de la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa que nos están ayudando a identificar las plantas y, sobre todo, están muy concentrados ahora con el tema del maíz. Pero, en general, lo más abundante que encontramos desde la primera capa son restos del maguey”.

“Podemos decir, sin lugar a duda, que el maguey constituyó toda una industria previa. El maguey, con la lítica, era la base de la supervivencia porque el maguey es toda la fibra que se necesitaba para atar, para defenderse, para comer. Tenemos una gran cantidad de bolitas de bagazo de maguey que masticaban, el maguey rostizado en el horno, en la brasa. Todavía hoy en día se vende el mezcal en pedacitos”.

Los especialistas también encontraron restos de calabaza y chile. La primera, dijo, “no sólo se usó como alimento sino como contenedores, fueron los primeros platos, los primeros vasos, los primeros bules, en la cueva de Las Manitas no sólo tenemos la piel y mucha cáscara de calabazas, sino muchas semillas: comían las semillas, las rostizaban y se las comían, así como las pepitas”.

“Tenemos evidencias de chile, pedúnculos, semillas, todo tipo, hasta un chile completo; no sabemos exactamente de qué variedad, pero tenemos chile”. También encontraron aguacate y guaje: “Tenemos semillas de aguacate, una gran variedad de semillas de aguacate, de estos negritos que les llaman criollos. Tenemos guaje, que se consume mucho en Oaxaca”.

Y a lo largo de la boca de la cueva, “encontramos un taller lineal de herramientas de piedra, de lítica, así a todo lo largo de la boca de la cueva hay restos de herramientas que estaban siendo trabajadas. He de decirles que a 200 metros de la boca de la cueva hay un pequeño arroyo, entonces de ahí traía mucha materia prima para hacer las herramientas, y todas están a lo largo de esta línea”, señaló Robles.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

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