Ciencia y colaboración fortalecen el futuro del maíz en México
En el Día Nacional del Maíz, CIMMYT destaca una agenda que conecta diversidad genética, ciencia, comunidades agrícolas, gobiernos y cadenas productivas para fortalecer un cultivo esencial para la alimentación, el patrimonio biocultural y la economía de México
El maíz está todos los días en la mesa de México y asegurar que siga disponible para las próximas generaciones requiere atender realidades productivas muy distintas. El país necesita conservar los maíces nativos que las comunidades agrícolas han seleccionado durante generaciones, fortalecer la producción que abastece hogares, mercados e industria y desarrollar semillas capaces de responder a sequías, enfermedades y condiciones climáticas cada vez más variables.
México alberga más de 59 razas nativas de maíz. En esa diversidad se encuentran características desarrolladas en ambientes y sistemas agrícolas distintos que representan una reserva estratégica de adaptación y resiliencia. A la vez, los diferentes sistemas productivos requieren híbridos y variedades adaptados a sus agroambientes, con características de rendimiento, sanidad y tolerancia a distintos factores de estrés. Maíces nativos, híbridos y variedades de polinización libre cumplen funciones diferentes y complementarias dentro de un sistema que sostiene la alimentación y una parte importante de la actividad agrícola y económica del país.
Fortalecer ese sistema requiere conectar la ciencia con las políticas públicas, los productores, las comunidades y las cadenas productivas. CIMMYT trabaja con el Gobierno de México, gobiernos estatales y otros aliados en una agenda orientada a la transformación sostenible de los sistemas agroalimentarios, en la que la conservación y el uso de la diversidad genética, la investigación agronómica, el desarrollo de capacidades y la innovación se vinculan con las condiciones y necesidades de cada región.
Esta colaboración adquiere una expresión concreta en los territorios. Las plataformas de investigación permiten generar evidencia bajo condiciones locales, mientras los clústeres de agroinnovación articulan instituciones públicas, centros de investigación, productores, organizaciones, empresas y comunidades para acercar conocimiento, tecnologías y servicios a los sistemas productivos. La experiencia acumulada en México ha permitido construir redes que relacionan la investigación con decisiones sobre semillas, suelo, agua, manejo de cultivos, capacitación y mercados.
En el sur-sureste, esta lógica se aplica a sistemas donde el maíz y la milpa tienen un papel central en la alimentación, los medios de vida y la diversidad agrícola. Las comunidades conservan, seleccionan, multiplican e intercambian semillas adaptadas a sus territorios, mientras las casas de semillas contribuyen a mantener materiales disponibles entre ciclos agrícolas y fortalecen las capacidades locales para su selección, conservación y manejo. El Clúster de Agroinnovación del Sur de México conecta estos esfuerzos con agricultura regenerativa, diversificación productiva, servicios, emprendimiento y acceso a mercados.
La colaboración con los gobiernos estatales permite adaptar esta agenda a condiciones y prioridades específicas. En Quintana Roo, el trabajo con el Gobierno del Estado mediante el Proyecto de Seguridad Alimentaria relaciona sistemas de semillas, producción local, organización comunitaria y oportunidades económicas. En Oaxaca, la colaboración con el gobierno estatal y otras instituciones vincula plataformas de investigación, capacitación técnica y acompañamiento a productores con los esfuerzos para fortalecer los sistemas agroalimentarios del estado.
Los cambios en el clima aumentan la importancia de estas capacidades. En Oaxaca y la península de Yucatán, investigaciones acompañadas por CIMMYT han documentado variaciones en las lluvias que modifican las fechas de siembra y dificultan el cultivo de algunas variedades de ciclo largo. Sequías, plagas y otros factores productivos se suman a transformaciones sociales como la migración y la falta de relevo generacional, que también pueden reducir la disponibilidad de semillas y del conocimiento relacionado con su manejo.
En Ocosingo, Chiapas, una plataforma de investigación muestra cómo la diversidad puede integrarse con prácticas orientadas a conservar la capacidad productiva de las parcelas. La milpa combina maíz, frijol y calabaza con árboles frutales y mantiene el rastrojo sobre el suelo. Entre cinco y seis toneladas de residuos agrícolas por hectárea pueden permanecer en la parcela y aportar alrededor de 72 kilogramos de nitrógeno por hectárea al año, además de reducir el uso del fuego y contribuir a proteger el suelo. Cultivos como aguacate, cítricos y plátano agregan opciones de alimentación e ingreso para las familias.
La diversidad que permanece en los territorios cuenta con un respaldo de largo plazo en el Banco de Germoplasma de CIMMYT, donde se conservan más de 9,000 colectas de maíz procedentes de México. Más de 800 accesiones han sido rematriadas a comunidades o espacios de conservación, permitiendo que materiales resguardados durante años vuelvan a estar disponibles en lugares vinculados con su origen y puedan incorporarse nuevamente a procesos de selección y producción.
En septiembre de 2026, CIMMYT amplió el respaldo internacional de sus colecciones con un nuevo envío de más de 4,000 accesiones de maíz y trigo a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Esta duplicación de seguridad contribuye a proteger recursos genéticos conservados como bienes públicos globales y complementa el trabajo de regeneración, caracterización, documentación y uso que mantiene las colecciones disponibles para las generaciones actuales y futuras.
La diversidad genética también alimenta la investigación orientada a desarrollar materiales para las condiciones presentes y futuras de la agricultura. CIMMYT integra germoplasma, dobles haploides, genotipificación y otras herramientas científicas para acelerar el desarrollo y selección de materiales, que posteriormente se evalúan en distintos ambientes para conocer su rendimiento, estabilidad, sanidad y capacidad de adaptación. Instituciones públicas de investigación, universidades y empresas semilleras participan en redes de evaluación que permiten probar estos materiales bajo condiciones productivas diversas antes de avanzar hacia su liberación y adopción.
Esta relación entre investigación, evaluación y sector semillero amplía las opciones disponibles para los agricultores. Empresas semilleras nacionales comercializan más de 150 productos mejorados de maíz, entre ellos 35 híbridos liberados por CIMMYT y al menos 60 híbridos o variedades desarrollados utilizando germoplasma de CIMMYT. En conjunto, estas empresas han alcanzado una cobertura superior a 800,000 hectáreas, llevando semillas a diferentes agroambientes y sistemas productivos del país.
El maíz que abastece cadenas comerciales e industriales enfrenta exigencias relacionadas con productividad, costos, disponibilidad de agua, calidad y estabilidad del suministro. En Jalisco y Sinaloa, CIMMYT trabaja con agricultores, organizaciones e Ingredion en la producción de maíz amarillo bajo prácticas sustentables. En la Ciénega de Jalisco, los propios agricultores participan en la definición de preguntas de investigación sobre labranza, nutrición, manejo de residuos, suelo y costos de producción, de manera que las alternativas evaluadas respondan a las decisiones que deben tomarse en condiciones reales de producción.
La colaboración con la agroindustria amplía esta relación entre ciencia, producción y mercado. El trabajo con empresas como Ingredion, Grupo Bimbo, GRUMA, Kellanova, Nestlé, PepsiCo y Grupo Trimex incorpora agricultura regenerativa, acompañamiento técnico e información agronómica para relacionar mejoras en productividad y uso de recursos con cadenas de abastecimiento más sostenibles. Productores, organizaciones, centros de acopio y empresas participan en estos modelos para que las innovaciones productivas puedan encontrar también condiciones comerciales que favorezcan su adopción.
La calidad y la inocuidad son igualmente determinantes para el maíz que llega a las familias y a los mercados. Hongos capaces de producir aflatoxinas pueden afectar la salud humana y animal, reducir el valor del grano y limitar su comercialización. La investigación en resistencia genética, manejo agronómico, biocontrol, diagnóstico y vigilancia amplía las herramientas disponibles para reducir estos riesgos, mientras la capacitación de técnicos y agricultores integra la sanidad y la inocuidad con producción sostenible, manejo de semillas y acceso a mercados.
Las presiones sobre el maíz se extienden a Centroamérica, donde el cultivo también tiene un papel central en la alimentación y los ingresos rurales. La variabilidad de las lluvias y fenómenos como El Niño aumentan la necesidad de fortalecer sistemas de semillas, manejo de suelo y agua, agricultura regenerativa y capacidades de anticipación. La cooperación con socios regionales busca relacionar estas capacidades con servicios, producción, transformación y mercados para ampliar las opciones de agricultores y comunidades frente a condiciones cada vez más variables.
La continuidad de esta agenda requiere capacidades científicas y territoriales que se construyen durante años. La inversión estratégica realizada por el Gobierno de Estados Unidos en CIMMYT a inicios de 2026 ha permitido dar continuidad al trabajo de los clústeres de agroinnovación y fortalecer redes que articulan centros de investigación, técnicos, casas de semillas, instituciones públicas, gobiernos y otros actores locales. Esta inversión también respalda capacidades relacionadas con recursos genéticos, cultivos resilientes y sistemas de alerta frente a amenazas emergentes.
En el Día Nacional del Maíz, estas líneas de trabajo muestran las distintas dimensiones de un cultivo que forma parte de la raíz de México y que debe seguir respondiendo a las necesidades de una sociedad que depende de él. Conservar una semilla nativa en una comunidad, recuperar diversidad que había dejado de estar disponible en un territorio, desarrollar materiales capaces de enfrentar sequía o enfermedades, producir grano inocuo y competitivo o acercar mejores opciones a los agricultores atiende necesidades diferentes de un mismo sistema. Mantener conectadas la diversidad, la ciencia, las políticas públicas, la producción y los mercados permite proteger el legado cultural del maíz y fortalecer, al mismo tiempo, su contribución a la seguridad alimentaria, la economía mexicana y la transformación sostenible de los sistemas agroalimentarios.
Fuente: cimmyt.org
