Los virus gigantes poseen algunas partículas de mayor tamaño descritas hasta ahora: Jônatas Abrahão
“Actualmente se sabe que los virus gigantes se encuentran en numerosos ambientes, incluidos océanos, ríos, aguas termales y el cuerpo humano”, sostuvo Jônatas Abrahão
Los virus gigantes representan uno de los grupos más singulares y complejos de la virología. Sus partículas pueden alcanzar dimensiones visibles mediante microscopía de luz y sus genomas superar en tamaño a los de numerosas bacterias. Estos organismos fueron los protagonistas de la conferencia “Los límites de la virósfera: un viaje al mundo de los virus gigantes”, como parte del ciclo El maravilloso mundo de los virus, coordinado por Susana López Charretón, miembro de El Colegio Nacional.
En la sesión participaron Jônatas Abrahão, del Departamento de Microbiología de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Brasil, y Natalia Ramos, del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, en Uruguay. Abrahão explicó que los virus gigantes poseen algunas de las partículas de mayor tamaño descritas hasta ahora. A diferencia de la concepción tradicional de los virus como entidades extremadamente pequeñas, “estos organismos pueden presentar partículas de cientos de nanómetros y, en algunos casos, dimensiones micrométricas”.
Su rango de hospedadores también es amplio: infectan amebas e incluso vertebrados. Sus genomas pueden alcanzar hasta 2.5 millones de pares de bases, una dimensión que supera los genomas de diversas bacterias. “El primer registro de una partícula relacionada con los virus gigantes se remonta a la década de 1970, cuando científicos observaron el análisis ultraestructural de algas marinas unicelulares que contenía partículas virales de aproximadamente 400 nanómetros”.
De acuerdo con el especialista, el término “virus gigante” probablemente comenzó a utilizarse en 1999, cuando los virólogos estadounidenses James L. Van Etten y Russel H. Meints emplearon esta denominación para referirse al Paramecium bursaria Chlorella virus PBCV-1, que presentaba relaciones genéticas con patógenos que infectaban animales.
Detalló que los virus relacionados con esta familia comparten diversas características: partículas superiores a 150 nanómetros, genomas de más de 200 kilobases, replicación parcial o total en el citoplasma y un conjunto de genes compartidos. Actualmente, “los virus gigantes forman parte del filo Nucleocytoviricota. Entre sus componentes destaca la cápside, una estructura proteica que constituye una característica común de la mayoría de estos organismos”.
¿Qué tan grande debe ser un virus para ser considerado gigante? El tamaño, sin embargo, no es un criterio completamente consensuado. Abrahão señaló que existen controversias dentro del campo científico respecto de la definición de virus gigante. Una postura propone utilizar el término para todos los nucleocytovirus, mientras que otra plantea reservarlo para partículas con dimensiones superiores a 500 nanómetros.
Dentro del segundo grupo se encuentran los Mimivirus, inicialmente identificados como bacterias asociadas con amebas. Su nombre hace referencia precisamente a su capacidad de mimetizarse con un microorganismo. Presentan una estructura atípica y compleja, están cubiertos por fibras semejantes a cabellos y pueden alcanzar aproximadamente 750 nanómetros.
Además de su tamaño, los Mimivirus destacan por la complejidad de su información genética: pueden codificar alrededor de mil cien proteínas, algunas de ellas con características que no se habían observado anteriormente en virus. “Los avances en metagenómica han permitido ampliar considerablemente el conocimiento sobre la distribución de estos organismos. Actualmente se sabe que los virus gigantes se encuentran en numerosos ambientes, incluidos océanos, ríos, aguas termales y el cuerpo humano”.
En palabras del científico, una de las características que los hace particularmente relevantes para la investigación es su capacidad para codificar genes y proteínas relacionados con procesos como la traducción, la respiración, la fermentación y la fotosíntesis. “Son virus muy especiales”. Entre los ejemplos más destacados se encuentran los Pandoravirus, cuyas partículas tienen una forma ovalada, pueden alcanzar aproximadamente un micrómetro y poseen algunos de los genomas más grandes conocidos dentro de la virósfera, con más de 2.7 millones de pares de bases.
Tupanvirus, un virus gigante descubierto en Brasil
Abrahão también presentó uno de los virus gigantes aislados por su grupo de investigación, el Tupanvirus, obtenido de una laguna que reproduce condiciones similares a los ambientes de la Tierra primitiva. Se trata de un virus de gran tamaño, con una estructura que incluye una cola y una partícula completa que puede alcanzar aproximadamente 2.6 micrómetros.
“Su nombre es un homenaje a los pueblos indígenas brasileños. Tupan es una figura asociada con un dios supremo”. De acuerdo con el investigador, una de las hipótesis de trabajo es que el Tupanvirus puede ser capaz de infectar diferentes tipos de hospedadores, una posibilidad que contribuye a ampliar las preguntas sobre el rango biológico de estos virus.
¿Cómo se estudia un virus gigante?
Al tomar la palabra, Natalia Ramos, del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, en Uruguay, puntualizó que investigar un virus comienza con preguntas fundamentales sobre su biología. La primera consiste en determinar qué organismo infecta, es decir, cuál es su hospedero. A partir de ahí, los investigadores estudian aspectos como su mecanismo de replicación y los sitios donde puede encontrarse, por ejemplo, en fluidos como la saliva.
Posteriormente, se realiza la secuenciación de su genoma y se compara la información obtenida con la de otros virus previamente registrados. Para realizar diversos estudios, también es necesario aislar el virus y obtener una cantidad suficiente de partículas virales.
Ramos sostuvo que se consideran virus gigantes aquellos organismos cuya dimensión supera los 500 nanómetros, aunque aclaró que el tamaño por sí sólo no es suficiente, porque también se toma en cuenta su morfología particular. “Una característica que facilita su estudio es que algunos de estos virus pueden observarse mediante microscopía de luz”.
“Muchos, aunque no todos, los virus gigantes pueden crecer en amebas, organismos unicelulares pertenecientes al reino protista y presentes en una gran variedad de ambientes”. Esta característica permite utilizarlas como una especie de “trampa” para identificar nuevos virus. Las muestras pueden proceder de ríos, lagos, charcos, sedimentos, tierra y suelos, entre otros ambientes.
Candombevirus, un nuevo linaje identificado en Uruguay
El equipo de Natalia Ramos realizó el hallazgo de un nuevo virus gigante en Uruguay, al que denominó Candombevirus, en referencia al candombe, una expresión musical y cultural emblemática de ese país. Durante su caracterización, los investigadores observaron que el Candombevirus se agrupaba con Cotonvirus japonicus, un virus cuya morfología presenta semejanzas con los Mimivirus. Esta relación permitió identificar un linaje diferente dentro de los virus gigantes.
Sin embargo, el nuevo virus también mostró diferencias importantes. Entre ellas destaca que el genoma del Candombevirus es más pequeño que el de sus parientes cercanos. “El hallazgo representa una aportación al conocimiento de los virus gigantes y amplía la distribución geográfica conocida de este grupo. Además, pone de relieve la importancia de explorar ambientes acuáticos que aún no han sido estudiados de manera sistemática, debido a que pueden albergar una diversidad viral considerablemente mayor de la que se conoce actualmente”.
Fuente: El Colegio Nacional
