El Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente de la UCO sustituye materiales críticos en baterías con un residuo agroalimentario de alto rendimiento
Un residuo tan cotidiano como la cáscara de pistacho puede convertirse en una pieza clave para almacenar energía limpia. Un grupo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) ha logrado fabricar materiales sostenibles a partir de cáscaras de pistacho para su uso en baterías de sodio y azufre, una tecnología alternativa al litio con potencial para el almacenamiento de energías renovables y el transporte eléctrico.
El avance, según ha informado la propia Universidad de Córdoba en una nota de prensa, supone un hito en esta línea de investigación, ya que las baterías desarrolladas han conseguido alcanzar hasta 1.000 ciclos de carga y descarga, una cifra nunca antes lograda con materiales sostenibles en este tipo de tecnología.
La investigación cobra especial relevancia en un contexto de fuerte crecimiento del cultivo del pistacho. De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, aún provisionales para la campaña 2025-2026, la producción ha pasado de 8.210 toneladas en la campaña 2018/2019 a 42.374 toneladas en la actual. Además, la campaña vigente supone un 73,6% más que la anterior y un 140,7% más que la media, lo que evidencia el peso creciente de este cultivo y, con él, la generación de residuos como las cáscaras.
Carbón activado
El trabajo, publicado en la revista ‘Chemical Engineering Journal’, se enmarca en una línea de investigación del Instituto Químico para la Energía y el Medioambiente (Iquema), centrada en sustituir el litio de las baterías comerciales por elementos más abundantes, menos costosos y con menor impacto ambiental.
La tecnología desarrollada apuesta por las baterías de sodio y azufre, una alternativa más limpia y económica que evita el uso de materiales problemáticos como el cobalto, el níquel o el cobre. Para que estas baterías funcionen correctamente, necesitan un carbón activado que actúe como conductor. Ahí es donde entra en juego la cáscara de pistacho.
A partir de este residuo, el equipo de la Universidad de Córdoba ha obtenido carbones activados con buen rendimiento mediante una síntesis sencilla, escalable y con bajo consumo de reactivos químicos.
Según explican los investigadores predoctorales Azahara Cardoso y Omar Saad, pertenecientes al Departamento de Química Inorgánica e Ingeniería Química de la UCO, el uso de la cáscara de pistacho ha permitido “alargar la vida de la batería hasta los 1.000 usos de carga y descarga, un hito nunca antes alcanzado con materiales sostenibles en esta tecnología basada en sodio y azufre”.
Valor para la transición energética
El crecimiento del pistacho en España ayuda a dimensionar el alcance del hallazgo. El aumento de la producción implica también una mayor disponibilidad de cáscaras, un residuo que habitualmente acaba en la basura o se gestiona con escaso valor añadido. La investigación de la UCO plantea una vía para convertirlo en materia prima útil para el desarrollo de baterías sostenibles.
Este enfoque encaja con los retos de la economía circular, al dar una segunda vida a un residuo agrícola y alimentario cada vez más presente. En lugar de tratar las cáscaras únicamente como desecho, el estudio demuestra que pueden transformarse en materiales avanzados para almacenar electricidad de forma más segura, económica y eficiente.
El proyecto forma parte de Hacia baterías Na-S seguras, sostenibles y de alto rendimiento, conocido como SuperNaS, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en la convocatoria 2023 de Proyectos de Generación de Conocimiento.
La iniciativa está liderada por los investigadores de la Universidad de Córdoba Álvaro Caballero Amores y Juan Luis Gómez Cámer, y busca avanzar en el desarrollo de baterías sodio-azufre para aplicaciones que requieren sistemas de almacenamiento de energía de altas prestaciones.
Entre sus posibles usos se encuentran el transporte eléctrico, las energías renovables y otros sistemas que necesitan almacenar electricidad de manera estable y sostenible. Desde Córdoba, la investigación abre una vía prometedora para que un residuo agrícola común pueda contribuir a uno de los grandes desafíos actuales: avanzar hacia una energía más limpia y accesible.
Fuente: elperiodicoextremadura.com


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