La baja participación femenina en áreas tecnológicas limita la innovación, la productividad y el crecimiento en un momento clave para la economía
México enfrenta una contradicción estructural en su intento por consolidarse como un hub tecnológico global: mientras busca atraer inversiones de alto valor mediante el nearshoring, está desaprovechando a una parte sustancial de su capital humano.
De acuerdo con el estudio “Panorama de la educación STEM en México: orientación vocacional, formación de talento y brecha de género”, elaborado por la Secretaría de Economía, la Secretaría de Educación Pública, la Universidad del Valle de México y Movimiento STEM+, el país mantiene brechas relevantes desde la formación profesional.
Aunque las mujeres representan más del 50% de la matrícula universitaria, su presencia en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) es de apenas 38%, lo que evidencia una brecha estructural desde el origen.
El rezago se profundiza en el mercado laboral. Solo el 12.9% de los empleos STEM en México son ocupados por mujeres, lo que refleja una subutilización crítica del talento disponible.
Además, en áreas altamente demandadas como programación, la participación femenina ronda apenas el 22%, en un contexto donde estas habilidades son clave para sectores estratégicos como manufactura avanzada, inteligencia artificial y servicios digitales.
“Cerrar la brecha de género en STEM no solo es una cuestión de igualdad, sino condición para ampliar la base de talento, potenciar la innovación y consolidar un desarrollo más incluyente”, señaló Vidal Llerenas Morales, subsecretario de Industria y Comercio.
Este rezago ocurre en un momento donde la competencia global por talento especializado se intensifica y donde México busca posicionarse como destino clave para la relocalización de industrias.
Costo económico
El impacto no es solo social, es económico. Las carreras STEM concentran algunos de los salarios más altos del mercado laboral y presentan menor brecha salarial entre hombres y mujeres, lo que las convierte en un vehículo de movilidad económica.
Sin embargo, la baja participación femenina limita el crecimiento potencial del país. Diversos análisis coinciden en que una mayor inclusión de mujeres en sectores tecnológicos puede incrementar la productividad, acelerar la innovación y elevar el PIB.
A esto se suma que solo el 28% de los jóvenes en México ha recibido orientación vocacional, lo que contribuye a decisiones de carrera poco alineadas con las necesidades del mercado, según el mismo estudio.
Efecto arrastre
El problema responde a una “tubería con fugas”: aunque las mujeres son mayoría en educación superior, su presencia disminuye conforme avanzan hacia especializaciones técnicas y empleos de alta complejidad.
Factores culturales también influyen. Más del 60% de los padres incentiva a los hombres hacia ingenierías, mientras que solo una minoría promueve estas áreas entre mujeres, perpetuando estereotipos que impactan directamente en la economía.
“Las barreras estructurales, culturales y de política pública limitan la participación plena de las mujeres en estos sectores clave”, advierte el análisis.
“Las barreras estructurales, culturales y de política pública limitan la participación plena de las mujeres en estos sectores clave”, advierte el análisis.
El contexto es crítico. Con una economía que crecería alrededor de 1.5% en 2026, el margen para detonar nuevos motores de crecimiento es limitado, y el talento se vuelve un factor decisivo.
Fuente: reporteindigo.com


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