Iban a construir una autopista, empezaron a excavar y encontraron un tesoro celta de 2.200 años que nadie esperaba

Iban a construir una autopista, empezaron a excavar y encontraron un tesoro celta de 2.200 años que nadie esperaba

Obreros que preparaban el trazado de una autopista cerca de Hradec Králové descubrieron un asentamiento celta con más de 13.000 bolsas de restos, joyas, monedas y ámbar báltico

Había una autopista que construir y un terreno que despejar cerca de Hradec Králové, en Bohemia.

Los operarios empezaron a trabajar sin ninguna expectativa especial. Entonces comenzaron a aparecer objetos bajo tierra. Primero unos pocos, aislados, sin demasiado contexto. Luego más.

Y después los arqueólogos desplazados al lugar se dieron cuenta de que aquello no era un hallazgo corriente: debajo de esa superficie había un asentamiento celta de más de 2.200 años de antigüedad, repleto de monedas de oro y plata, joyas, cuentas de vidrio y objetos de enorme valor histórico que llevaban siglos ocultos bajo tierra.

Todo empezó, curiosamente, por una carretera.

El descubrimiento, considerado hoy uno de los más importantes encontrados en esa zona de Bohemia, se prolongó durante casi dos años de excavaciones. Al final, los arqueólogos llegaron a llenar más de 13.000 bolsas con materiales recuperados, en lo que acabó convirtiéndose en uno de los mayores trabajos arqueológicos realizados hasta ahora en la República Checa.

Un asentamiento sin murallas en la Ruta del Ámbar

Lo que encontraron los investigadores no era una ciudad fortificada ni un campamento militar. Era algo más singular: un enclave comercial y artesanal sin estructuras defensivas, algo inusual para los asentamientos celtas de la época.

La ausencia de murallas llevó a los arqueólogos a concluir que aquel lugar tenía otra prioridad: el intercambio y la producción.

La ubicación lo explica. El asentamiento se encontraba junto a la antigua Ruta del Ámbar, la red comercial que durante siglos conectó los territorios del norte europeo con otras regiones del continente.

Precisamente el hallazgo de piezas de ámbar procedentes de zonas bálticas entre los objetos recuperados confirmó que aquel lugar no era una comunidad aislada sino un punto estratégico de una red comercial de largo recorrido.

Entre los más de mil elementos relacionados con joyería, los arqueólogos encontraron también fragmentos de espejos, cerámicas trabajadas con alto nivel de detalle y herramientas vinculadas a trabajos artesanales.

Todo apunta a la presencia de artesanos especializados con técnicas muy desarrolladas para aquel momento histórico, situado dentro de la cultura La Tène, el periodo asociado a poblaciones celtas que se desarrolló aproximadamente entre los años 450 y 40 antes de Cristo.

El misterio que nadie ha podido resolver

El hallazgo ha aportado mucha información pero también ha dejado preguntas sin respuesta. Los investigadores no encontraron señales de incendios, batallas ni destrucción violenta.

El asentamiento, sencillamente, dejó de ocuparse. Las hipótesis apuntan a posibles cambios económicos o alteraciones ambientales, pero no hay una explicación definitiva sobre por qué aquel próspero enclave comercial desapareció hace más de veinte siglos.

La diferencia con el caso checo es que en Aragón la arqueología preventiva —obligatoria antes de cualquier obra de cierta envergadura— lleva años funcionando como red de protección de ese patrimonio. Pero el principio es el mismo que en Bohemia: el subsuelo guarda historias que nadie espera, y a veces hace falta una excavadora para que salgan a la luz.

Lo único seguro, en la República Checa como en Aragón, es que veinte siglos bajo tierra no borran la historia. Solo la esconden.

Fuente: hoyaragon.es

Alberto Vazquez

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