Estudian el cerebro humano y descubren el interruptor oculto que explica por qué no puedes dejar de rascarte

Estudian el cerebro humano y descubren el interruptor oculto que explica por qué no puedes dejar de rascarte

Recientes estudios relacionan una molécula específica que ayuda al cerebro tanto a percibir la comezón como a sentir el momento de alivio al rascarte

Sentir un cosquilleo o irritación en la piel desencadena una respuesta física casi automática: rascarse. Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Lovaina, en Bruselas aporta pistas sobre esa necesidad de rascarse cuando aparece comezón y la forma en que el cuerpo decide cuándo detenerse.

El hallazgo ayuda a entender por qué, en ciertos casos de comezón crónica, esa sensación de alivio parece no llegar con claridad y la persona siente que no puede dejar de rascarte.

¿Cuál es el “interruptor oculto” que ayuda a dejar de rascarte?

De acuerdo con información difundida por ScienceDaily, a partir de datos de la Biophysical Society, científicos identificaron una señal del sistema nervioso que funciona como un mecanismo de freno cuando una persona se rasca. Este proceso le comunica al cerebro que el estímulo ya fue suficiente y que la acción puede detenerse.

El estudio fue presentado en la 70ª Reunión Anual de la Biophysical Society y se desarrolló en el laboratorio de Roberta Gualdani, en la Universidad de Lovaina, en Bruselas. La investigación se centró en una molécula llamada TRPV4, relacionada con canales iónicos presentes en células nerviosas sensoriales.

Estos canales funcionan como pequeñas puertas moleculares que responden a cambios físicos o químicos. Gracias a ellos, el sistema nervioso puede detectar sensaciones como presión, temperatura, estrés en los tejidos y estímulos mecánicos, entre ellos el propio acto de rascarse.

Según ScienceDaily, los investigadores encontraron que TRPV4 no parece limitarse a participar en la sensación de comezón. Su papel más relevante sería activar una señal de retroalimentación negativa, es decir, una especie de aviso interno que indica al sistema nervioso que el rascado ya produjo alivio.

La investigación plantea que, cuando esta señal funciona de manera adecuada, la médula espinal y el cerebro reciben información suficiente para detener la conducta de rascado. Por eso, en una situación común, una persona se rasca durante unos segundos y después percibe cierto descanso.

El equipo llegó a esta conclusión tras estudiar ratones modificados genéticamente, en los que TRPV4 fue eliminado únicamente de neuronas sensoriales. Este detalle fue clave, porque investigaciones anteriores habían retirado la molécula de todo el organismo, lo que complicaba identificar dónde actuaba con mayor precisión.

¿Por qué algunas personas sienten que no pueden dejar de rascarse?

Para analizar la relación con la comezón persistente, los científicos generaron en ratones una condición similar a la dermatitis atópica. El resultado fue llamativo pues los animales sin TRPV4 en neuronas sensoriales se rascaban con menor frecuencia, pero cada episodio de rascado se prolongaba.

La explicación propuesta por el estudio es que, sin esa señal, el cuerpo no registra con la misma claridad el punto en el que rascarse ya fue suficiente. En otras palabras, el estímulo puede continuar porque falta la sensación de cierre o satisfacción que normalmente ayuda a frenar la conducta.

De acuerdo con Roberta Gualdani, citada por ScienceDaily, este resultado muestra que TRPV4 participa en la regulación de la comezón de una forma más compleja de lo que se pensaba. La molécula no actúa simplemente como generadora de picazón, también tendría un papel en el mecanismo que indica cuándo parar.

¿Cómo ayuda este hallazgo a la medicina actual?

Este hallazgo podría ser clave para el desarrollo de futuros tratamientos dirigidos a la comezón crónica, una condición asociada a enfermedades como el eccema, la psoriasis o ciertas afecciones renales. Sin embargo, los investigadores advierten que bloquear TRPV4 de manera general podría no ser la solución.

Según la información de ScienceDaily, el reto estaría en diseñar terapias más específicas. Esto se debe a que TRPV4 podría tener efectos distintos según el lugar donde actúe, en células de la piel puede estar relacionado con la activación de la comezón, mientras que en neuronas sensoriales parece ayudar a limitar el rascado.

Por ahora, el estudio ofrece una nueva explicación sobre el vínculo entre cerebro humano, sistema nervioso y comezón. También abre una línea de investigación para entender mejor por qué algunas personas sienten que no pueden dejar de rascarte cuando la picazón se vuelve persistente.

Fuente: radioformula.com.mx

Alberto Vazquez

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