China y Países Bajos unen fuerzas y crean un nuevo tipo de plástico que no sale del petróleo
China y Países Bajos han desarrollado un bioplástico de maíz inspirado en la seda de araña que prescinde del petróleo y mejora la resistencia de los polímeros vegetales
Una colaboración entre investigadores de China y Países Bajos ha producido un nuevo tipo de plástico, según un estudio recientemente publicado en Nature Communications. El avance parte de un problema conocido en la industria de los materiales: la mayoría de los plásticos actuales proceden del petróleo y del gas, dos recursos asociados a emisiones, contaminación y residuos muy persistentes.
Frente a esa dependencia, el equipo internacional ha trabajado con zeína, una proteína presente de forma natural en el maíz. La clave no está solo en el origen vegetal del material, sino en la forma de procesarlo. Los investigadores han imitado algunos principios de la seda de araña, un material ligero, flexible, biodegradable y con una resistencia excepcional. Ese enfoque ha permitido reorganizar las proteínas del maíz para obtener una estructura interna más sólida.
Un plástico vegetal inspirado en la seda
La zeína ya se obtiene como subproducto del procesamiento del maíz y de la producción de etanol, lo que la convierte en una materia prima renovable. Sin embargo, como sucede con otros biopolímeros vegetales, su uso industrial estaba limitado por su fragilidad, su baja resistencia y su rendimiento insuficiente frente a la humedad o el oxígeno.
Para superar esas barreras, el equipo chino-neerlandés evitó tratar la proteína como si fuera un plástico convencional. En lugar de limitarse a fundirla o someterla a procesos químicos habituales, aplicó una estrategia inspirada en cómo las arañas controlan el agua, la acidez y la alineación molecular cuando producen seda.
Ese reajuste molecular permitió que las proteínas de maíz se alinearan y se unieran de manera más eficiente. El resultado es un biopolímero al que los investigadores han denominado plantymer, capaz de formar fibras, láminas finas y películas con propiedades más competitivas que las de otros materiales vegetales probados hasta ahora.
Un material biodegradable con retos pendientes
Según los datos difundidos por el equipo, este nuevo plástico sin petróleo presenta buena resistencia, actúa como barrera frente al agua y el oxígeno y conserva una ventaja esencial: es biodegradable. En ensayos con suelo, hasta el 80% del material puede descomponerse en el plazo de un mes.
Aun así, el hallazgo todavía se encuentra en fase de investigación y desarrollo. Antes de competir con los plásticos derivados de combustibles fósiles, deberá demostrar si puede producirse a gran escala, si existe suficiente zeína disponible sin afectar a la cadena alimentaria y cómo se comporta ante el calor, la luz y el paso del tiempo.
Fuente: elconfidencial.com
