Descubren cómo hacían los humanos prehistóricos para iluminar sus cavernas

Un grupo de científicos estableció cuáles eran los materiales empleados en las cuevas para producir luz

Utilizando distintos recursos de iluminación poco conocidos del Paleolítico, un equipo de arqueólogos determinó cómo los seres humanos de la antigüedad usaban varios elementos para alumbrar las profundidades de las cuevas.

Para realizar la investigación, los científicos recogieron restos arqueológicos y evidencias de los tipos de combustión utilizados en las cuevas de Atxurra y Nerja, ubicadas en España, y las compararon con las cavernas de Lascaux y Chauvet, de Francia.

“Desde esas evidencias, queríamos reconstruir el pasado y saber cómo iluminaban las cuevas y, a partir de esa información, determinamos que, por ejemplo, en Atxurra emplearon roble y enebro para hacer antorchas”, explicó Diego Garate, investigador del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de la Universidad de Cantabria y coautor del estudio.

Con la información que obtuvieron, los investigadores recrearon los sistemas de iluminación en el interior de una cueva natural sin valor arqueológico y obtuvieron unos parámetros sobre temperatura, humedad, tipos de luz y de roca, entre otros valores, que quedaron a disposición de la comunidad científica internacional para ser empleados como referencia en futuros estudios.

Los arqueólogos hicieron los experimentos en la cueva con cinco antorchas realizadas con técnicas similares a las utilizadas en el paleolítico que estaban fabricadas con resinas de hiedra, enebro, roble, abedul y pino, dos lámparas de piedra con grasa animal (principalmente médula ósea de vaca y ciervo), y una pequeña hoguera hecha con madera de roble y enebro.

Los ensayos realizados permitieron los expertos descubrir que cada sistema de iluminación tiene distintas características que condicionan sus usos en distintos contextos. “Vimos que las antorchas de madera hechas con ramas de árbol secas, atadas con una liana y combinadas con distintos combustibles como resinas de árbol, proyectaban mucha luz de manera constante, una luz dinámica, viva y rojiza que además era fácil de transportar y no deslumbraba pero que, sin embargo, generaba mucho humo”, detalló Garate.

La luz de las antorchas duró alrededor de 41 minutos de promedio, y aunque funcionaban de manera irregular, eran fáciles de encender de nuevo mediante oxigenación (moviéndola de una lado a otro).

Las lámparas fabricadas con piedras agujereadas, y rellenadas con resinas y grasas animales, permitían iluminar durante mucho más tiempo. Y aunque la intensidad de la luz era “similar a una vela, débil y tenue”, podían iluminar hasta tres metros alrededor durante más de una hora sin generar humo.

Sin embargo, la hoguera produjo enormes cantidades de humo y no duró más de 30 minutos. Los científicos concluyeron que estos fuegos sirvieron más para iluminar arte que para ayudar a hacerlo. De hecho, en Atxurra se encontraron los restos de hasta tres fuegos situados en estantes de piedra junto a los grabados.

Una de las deducciones más llamativas a las que arribaron los especialistas fue que los sistemas de iluminación del Paleolítico proporcionaban una visión mesópica, es decir, una luz muy cálida que limita la visión de los colores y restringe la gama de los rojos.

“Lo curioso es este condicionante que hasta ahora ignorábamos. Las pinturas del Paleolítico son bicromáticas y utilizan distintos colores. Tienen muchas gamas y tonos de rojo pero también amarillos y marrones, es decir, que pese a tener una visión restringida de los colores, recurrieron a muchos de ellos para pintar”, indicó el arqueólogo.

Los autores de la investigación establecieron que los experimentos realizados evidencian que la iluminación en el Paleolítico requería una amplia planificación del uso de los espacios, lo que pone de manifiesto la enorme importancia de estudiar la claridad de la luz para desentrañar cómo eran las actividades de nuestros antepasados en las cavernas.

“La iluminación artificial fue un recurso físico crucial para expandir comportamientos sociales y económicos complejos en los grupos paleolíticos, especialmente para las primeras exploraciones del origen y de la formación de las cavernas, y para el inicio del arte en las cuevas”, aseguró María Ángeles Medina, coautora del estudio.

Fuente: lanacion.com.ar