Descubren hormona natural que revierte la obesidad como Ozempic

Científicos de la Universidad de Oklahoma descubren que una hormona natural llamada FGF21 revierte la obesidad en ratones activando un circuito cerebral desconocido en la misma zona donde actúa Ozempic pero con un mecanismo diferente

Todos conocen Ozempic, el famoso fármaco para la obesidad, pero esto va a cambir. Una hormona natural que revierte la obesidad en ratones acaba de revelar su secreto mejor guardado: actúa en la misma zona del cerebro que los fármacos de moda como Ozempic y Wegovy, pero lo hace de una forma completamente distinta. En lugar de quitarte el hambre, le ordena al cuerpo que queme más energía. El descubrimiento, publicado el 16 de abril de 2026 en la revista Cell Reports, podría abrir la puerta a tratamientos contra la obesidad más precisos y con menos efectos secundarios que los actuales.

El equipo de la Universidad de Oklahoma, liderado por el investigador Matthew Potthoff, llevaba años estudiando la hormona FGF21 (factor de crecimiento de fibroblastos 21), una molécula que el cuerpo humano produce de forma natural, principalmente en el hígado. Ya se sabía que administrar FGF21 a ratones obesos los hacía adelgazar. Lo que nadie sabía era cómo lo hacía exactamente ni dónde actuaba en el cerebro.

«En nuestros estudios anteriores descubrimos que la FGF21 envía señales al cerebro en lugar de al hígado, pero no sabíamos a qué parte del cerebro. Pensábamos que sería el hipotálamo, así que fue una gran sorpresa descubrir que la señal iba al tronco encefálico, que es precisamente donde se cree que actúan los fármacos de tipo GLP-1 como Ozempic» — Matthew Potthoff, Universidad de Oklahoma.

La misma zona del cerebro que Ozempic, pero un mecanismo opuesto

Los fármacos basados en GLP-1, como el semaglutida (Ozempic y Wegovy), han revolucionado el tratamiento de la obesidad en los últimos años. Actúan sobre una zona del cerebro llamada tronco encefálico (o tronco del encéfalo), concretamente sobre regiones que regulan el apetito y el metabolismo. Su efecto principal es suprimir las ganas de comer, lo que provoca la pérdida de peso pero también efectos secundarios frecuentes como náuseas, estreñimiento y pérdida de masa muscular.

La hormona natural FGF21 actúa exactamente en la misma región del cerebro, lo que sorprendió a los investigadores. Pero aquí está la diferencia clave: mientras Ozempic te quita el hambre, la FGF21 no reduce el apetito. En los experimentos no se observaron cambios significativos en la cantidad de comida que ingerían los ratones. Lo que sí cambió fue la velocidad a la que su cuerpo quemaba calorías.

Dicho de forma sencilla: Ozempic te hace comer menos. La FGF21 te hace gastar más. Dos caminos completamente distintos hacia el mismo destino.

El circuito cerebral que nadie conocía

Los investigadores de Oklahoma descubrieron que la FGF21 envía sus señales a dos estructuras específicas del tronco encefálico: el núcleo del tracto solitario (NTS) y el área postrema (AP). Estas dos áreas, a su vez, se comunican con otra estructura llamada núcleo parabraquial. Es este circuito de tres nodos el que permite a la hormona acelerar el gasto energético del organismo.

Para demostrarlo contra Ozempic, el equipo utilizó herramientas genéticas avanzadas. Cuando desactivaron el receptor de la FGF21 en el NTS y el AP de ratones obesos, la hormona dejó de funcionar por completo: los animales no perdieron peso. Cuando lo reactivaron exclusivamente en esas neuronas, la FGF21 volvió a revertir la obesidad. La prueba era concluyente: ese circuito es necesario y suficiente para que la hormona haga su trabajo.

Curiosamente, los investigadores también comprobaron que el hipotálamo, la región del cerebro tradicionalmente asociada con la regulación del peso corporal, no era necesario para los efectos de la FGF21. Fue una sorpresa mayúscula que cambia la comprensión de cómo el cerebro regula el metabolismo.

¿Qué es exactamente la FGF21?

La FGF21 es una hormona endocrina producida principalmente por el hígado. Su función natural está relacionada con la respuesta del organismo a situaciones de estrés metabólico, como el ayuno prolongado o las dietas bajas en proteínas. Cuando el cuerpo detecta que faltan nutrientes específicos, el hígado libera FGF21 para ajustar el metabolismo: aumenta la quema de grasa, mejora la sensibilidad a la insulina y modifica las preferencias alimentarias.

Los niveles de FGF21 varían mucho entre personas. Algunos estudios sugieren que las personas con obesidad severa pueden tener niveles elevados de FGF21 pero una resistencia a sus efectos, de forma similar a lo que ocurre con la insulina en la diabetes tipo 2. Esto ha llevado a la industria farmacéutica a desarrollar versiones modificadas de la FGF21 que sean más potentes y duraderas que la hormona natural.

Fármacos basados en FGF21 ya están en ensayos clínicos

El descubrimiento contra Ozempic no es solo ciencia básica. Ya existen medicamentos que apuntan a la ruta de la FGF21 y se encuentran en ensayos clínicos avanzados, especialmente para el tratamiento de la MASH (esteatohepatitis metabólica asociada a disfunción), la forma más grave de hígado graso, una enfermedad directamente vinculada a la obesidad y la resistencia a la insulina.

Potthoff confía en que conocer el circuito cerebral exacto permitirá diseñar tratamientos más precisos: «Este circuito cerebral parece mediar los efectos de la FGF21. Esperamos que al identificar el circuito específico, pueda ayudar a crear terapias más dirigidas que sean eficaces sin los efectos secundarios negativos. Los análogos actuales de la FGF21 pueden causar problemas gastrointestinales y, en algunos casos, pérdida ósea».

¿Podría la FGF21 sustituir a Ozempic?

Es la gran pregunta contra Ozempic. La respuesta corta es que todavía no, porque los resultados actuales son en ratones y los fármacos basados en FGF21 aún no han completado los ensayos en humanos para el tratamiento específico de la obesidad. Pero el potencial es enorme.

Si los ensayos confirman que los medicamentos basados en FGF21 pueden revertir la obesidad en humanos sin provocar náuseas, pérdida muscular ni problemas digestivos, podrían convertirse en una alternativa o un complemento a los fármacos GLP-1 actuales. La posibilidad de combinar ambos enfoques, uno que reduce el apetito y otro que aumenta el gasto energético, actuando en la misma zona del cerebro pero por vías distintas, es lo que tiene más entusiasmados a los investigadores.

Lo que está claro es que el cuerpo humano ya posee una herramienta natural contra la obesidad y no Ozempic. El reto de la ciencia ahora es aprender a activarla de forma segura y controlada.

Fuente: diariodeavisos.elespanol.com

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