Cambio climático: el verano pasó de durar 78 días, desde 1950, a 95 días

¿Tienes la sensación de que los veranos duran cada vez más tiempo? No es impresión tuya, sino un fenómeno ligado al calentamiento global

Las temperaturas altas más allá de septiembre, cambios de armario que se posponen y días de playa en octubre. ¿Es más largo el verano que antes o se trata de una percepción social?

Claramente lo primero: una persona en los años 50 vivía veranos con 78 días de media. Hoy, son 95.

La ciencia estudia cómo las estaciones han alterado su duración debido al cambio climático

El verano se estira, y el invierno se contrae, aunque a un ritmo menor y cualquier cambio estacional trunca el equilibrio del planeta.

Un estudio reciente publicado en Geophysical Research Letters plasma cómo el verano ha aumentado más de dos semanas desde mediados del pasado siglo el hemisferio norte.

Mientras que, la duración del invierno se ha reducido, pasando de 76 días a 73.

Para determinar el comienzo el verano, los científicos escogieron el momento en que las temperaturas superaron por primera vez el umbral establecido por el 25% de los días más calurosos observados durante el período de estudio.

En contrapartida, los inviernos comenzaron cuando las temperaturas bajaron al 25% más frío del período, mientras que la primavera y el otoño se definieron como los periodos de transición entre las otras dos estaciones.

Esta proyección, llevada a cabo por un grupo de científicos del Laboratorio Estatal de Oceanografía Tropical en China tras recopilar datos del clima a nivel mundial en los últimos 60 años, también predice que en el año 2100 los veranos acapararán la mitad del año y vendrán de la mano de múltiples desgracias ambientales.

Cada pequeño cambio en las temperaturas incide como una ficha de efecto dominó sobre las 4 estaciones del año

Una ligera modificación basta para que los inviernos sean más cortos, la primavera llegue más temprano, los veranos se alarguen y el inicio del otoño se posponga.

Aunque puede sonar bien para los fanáticos de esta estación, los veranos más largos y calurosos significan un planeta en llamas.

Con esto puede existir cultivos lastrados, sequía y desertificación, incremento de las enfermedades transmitidas por mosquitos, ecosistemas rotos, más incendios forestales, olas de calor más virulentas y en general, un impacto catastrófico en la salud y el medio ambiente.

Fuente: businessinsider.mx