La tecnología: un salvavidas para la rehabilitación física en México
Antonio Lagunes Fuertes
Cuento las repeticiones en mi mente: una, dos, tres. Me duele el hombro, que en este momento se encuentra en proceso de rehabilitación tras una cirugía reciente. Desde el cubículo de terapia observo a la fisioterapeuta. Se comunica con sus colegas, acuerdan insumos, calibra el equipo y revisa las lecturas, al mismo tiempo corrige una postura allá, ajusta un electrodo aquí y vuelve para preguntarme cómo me siento. Al observar su trabajo, valoro y comprendo lo arduo que es, a la vez que reconozco la oportunidad que la innovación tecnológica puede ofrecer al sistema público de salud de este país.
La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa lejana. Hoy representa un verdadero salvavidas social frente a las crecientes necesidades de rehabilitación física; demandas que pronto superarán nuestra capacidad humana.
Nuestro país enfrenta un doble reto: cambios demográficos y un alza en lesiones traumáticas, que supera la capacidad de los servicios médicos disponibles en los centros de salud públicos. En primer lugar, el envejecimiento poblacional se está acelerando a nivel mundial, incluido México. Las proyecciones indican que, para 2050, el grupo de mayores de 60 años casi se duplicará a nivel global y concentrará el 22% de la población mundial. Además, el número de personas mayores de 80 años se triplicará, llegando a los 426 millones Esta realidad trae consigo un aumento en males crónicos, fracturas y enfermedades degenerativas de las articulaciones. Las caídas, por ejemplo, son la principal causa de hospitalización y pérdida de autonomía en este sector. Sin embargo, rutinas de equilibrio en casa guiadas por IA pueden reducir este riesgo hasta en un 40%. Esta medida preventiva evitaría miles de cirugías ortopédicas en el IMSS o el ISSSTE.
Los accidentes de tránsito agravan el panorama. El INEGI reporta más de 380 mil percances viales anuales en zonas urbanas y suburbanas. Estas cifras multiplican el número de pacientes con necesidad de meses de terapia continua para superar esguinces, lesiones cervicales o fracturas múltiples. Ante tal volumen de afectados, el modelo tradicional de un terapeuta por persona resulta insostenible.
Para responder a esta demanda, la fisioterapia explora soluciones centradas en la automatización y la precisión. La tecnología ya ofrece respuestas precisas. Atrás quedó la clásica pregunta: del 1 al 10, ¿cuánto le duele? Hoy, algoritmos visuales analizan microexpresiones faciales y contracciones musculares involuntarias para ajustar de inmediato la carga de trabajo físico. En Japón, los exoesqueletos clínicos aprenden las reacciones del cuerpo para estimular la recuperación neuronal en pacientes con daño medular o accidentes cerebrovasculares. Mientras tanto, universidades e instituciones de investigación en Estados Unidos utilizan tecnología de visión artificial sin sensores adhesivos para analizar la dinámica del desplazamiento y crear gemelos digitales anatómicos que predicen tiempos precisos de recuperación posoperatoria.
Para paliar la falta de especialistas, China implementa clínicas automatizadas con pantallas inteligentes, donde un solo profesional supervisa a múltiples pacientes. En el ámbito doméstico, aplicaciones móviles como Kaia Health rastrean los movimientos articulares a través de la cámara del celular para corregir la técnica de ejercicio al instante. Si a esto sumamos la realidad virtual y las interfaces cerebro-computadora, una dolorosa sesión de cincuenta movimientos de brazo se transforma en un videojuego interactivo. Este enfoque reduce la fatiga y mejora el apego al tratamiento.
En México, adoptar estas herramientas evidencia una enorme brecha de accesibilidad. Un exoesqueleto robótico supera los cinco millones de pesos, y montar una sala con sensores biométricos y realidad virtual cuesta cientos de miles. El sector privado concentra casi el 80% de estos equipos, aunque destacan esfuerzos públicos aislados. Un ejemplo notable es el DIF de Zapopan; esta institución incorporó la plataforma Yugamiru Cloud App, tecnología japonesa con inteligencia artificial para analizar la postura y el equilibrio muscular de sus usuarios.
La barrera no es solo económica. Los pacientes mayores enfrentan resistencia psicológica ante la digitalización y requieren acompañamiento constante para superar la oposición digital. A la par, surge el reto de blindar los datos médicos. Proteger la privacidad es un principio innegociable, pero México carece de una legislación integral sobre inteligencia artificial en salud. Si bien la Cofepris clasifica el software médico como dispositivo sanitario bajo la NOM-241 para prevenir daños y que la Ley Federal de Protección de Datos Personales resguarda la información del usuario, faltan normas éticas claras que prohíban lucrar con nuestra información biomecánica
Regular la extracción de nuestros patrones de movimiento trasciende el trámite burocrático; es una defensa de la identidad. La forma en que nos movemos es una huella única, tan personal como el iris. Sin reglas estrictas, la información de nuestras articulaciones queda expuesta a malos usos. Las aseguradoras, por ejemplo, podrían descubrir indicios de males neurodegenerativos sin el consentimiento del paciente y aumentar sus pólizas de manera abusiva, o vender esta información a empresas privadas.
Mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, la educación superior camina a un ritmo burocrático. A nivel internacional, universidades como Johns Hopkins y el ETH de Zúrich forman talento en modernos laboratorios de biomecánica y robótica. En contraste, aunque instituciones mexicanas como el ITESM, la UVM, la UNAM y el IPN impulsan centros de simulación, la mayoría de los programas de licenciatura excluyen materias vitales como salud digital, procesamiento de datos biomédicos o ética algorítmica.
Comprar equipos de vanguardia sirve de poco sin actualizar los planes de estudio ni capacitar al cuerpo docente. Si las universidades no preparan a los futuros especialistas para interpretar indicadores clínicos avanzados ni manejar sistemas informáticos, solo formarán profesionales con conocimientos obsoletos, incapaces de responder a la realidad actual.
El debate ya no es si la tecnología cambiará la fisioterapia, sino si las instituciones asumirán la evolución estructural necesaria. Resulta paradójico: nos urgen especialistas en robótica y datos biométricos para rescatar un sistema de salud saturado y ahorcado presupuestalmente, pero el gobierno debate prohibir los dispositivos móviles en la educación básica. Optar por el veto en lugar de fomentar una alfabetización digital integral y temprana refleja una profunda fractura cultural. Un sistema educativo con miedo a las pantallas jamás formará a los profesionales médicos del siglo XXI.
La interrogante queda sobre la mesa: ¿desarrollará el Estado políticas públicas para financiar infraestructura clínica y modernizar la enseñanza desde la infancia? ¿O cederá la innovación al sector privado y condenará a la atención médica social al rezago histórico?
Ideario en Perspectiva
La gripa fue la coartada, la tos el telón: el circo sigue, aunque ya nadie aplauda.
Les crecen los enanos y el deslinde institucional deja al descubierto la falta de mando. Entre decisiones “personales” a espaldas de la dirigencia y pretextos médicos para disfrazar la impotencia, el circo oficial se desmorona. Al final, ¿medida de fuerza o pura pirotecnia del “humanismo mexicano”?.
Fuente: sociedadtrespuntocero.com
