La Luna, la atmósfera y la magnetosfera, piezas clave en la historia climática terrestre: Karina Maucó

La Luna, la atmósfera y la magnetosfera, piezas clave en la historia climática terrestre: Karina Maucó

Agregó que “la habitabilidad depende de una cadena de escalas que incluyen la vecindad galáctica, la galaxia, la estrella, la órbita, el planeta, la Luna, la atmósfera y la magnetosfera”

La habitabilidad de la Tierra no depende sólo de su distancia al Sol o de la presencia de agua líquida. Fue resultado de una compleja historia que inició con la formación de estrellas, atravesó la evolución de la Vía Láctea y culminó en una delicada combinación de factores astronómicos, geológicos y atmosféricos, explicó la astrónoma Karina Maucó, en la conferencia La historia cósmica de un planeta habitable, que formó parte del ciclo Noticias del Cosmos, coordinado por Luis Felipe Rodríguez Jorge y Susana Lizano, miembros de El Colegio Nacional.

La investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM recordó que los planetas se forman en los discos protoplanetarios que rodean a estrellas jóvenes, similares al Sol, durante sus primeras etapas de evolución. “En esos discos, compuestos por gas y polvo estelar, se desarrolla el material que eventualmente dará origen a sistemas planetarios”. En ese contexto, “un exoplaneta es cualquier planeta que se encuentra fuera del Sistema Solar. La mayoría órbita alrededor de otras estrellas, aunque también existen exoplanetas errantes, que viajan por el espacio sin estar ligados a ninguna estrella. Hasta ahora se han confirmado 6 mil 316 exoplanetas”.

La pregunta es ¿cuántos de esos mundos podrían albergar vida? La especialista en formación estelar respondió que “la habitabilidad de un planeta no depende de un elemento, sino de una cadena de condiciones que deben coincidir. Entre ellas destacan la existencia de agua líquida, una temperatura adecuada, fuentes de energía, los elementos químicos esenciales para la vida, una atmósfera estable, protección contra la radiación y los impactos de cuerpos celestes, así como una estrella anfitriona y un entorno galáctico favorable”.

“Cuando hablamos de un planeta habitable no debemos pensar únicamente en las condiciones locales; también deben existir condiciones favorables a escalas mucho mayores”. Agregó que, a gran escala, la Tierra habita un vecindario galáctico privilegiado, “la Vía Láctea forma parte del Grupo Local, integrado por alrededor de 80 galaxias y dominado principalmente por tres grandes sistemas: la propia Vía Láctea, Andrómeda y la galaxia del Triángulo. La mayoría de las restantes son galaxias enanas, lo que reduce el riesgo de interacciones gravitacionales capaces de alterar la estabilidad de nuestra galaxia. Además, el Grupo Local se encuentra en la periferia del supercúmulo de Virgo, una ubicación que mantiene al Sistema Solar alejado de regiones con intensa radiación”.

En palabras de Maucó, la propia Vía Láctea también reúne características favorables para la vida. “Su estructura espiral presenta brazos equilibrados, un bulbo central con una proporción adecuada respecto a su masa y un agujero negro supermasivo con baja actividad, lo que limita la emisión de radiación energética”. Asimismo, el Sistema Solar se localiza dentro de la denominada zona de habitabilidad galáctica o “refugio galáctico”, desde donde evita atravesar con frecuencia los brazos espirales, regiones con mayor actividad estelar y potencialmente más peligrosas.

Puntualizó que el Sol es otro de los elementos importantes en el desarrollo de la habitabilidad del planeta. Se trata de una estrella de tipo espectral G2 que concentra el 99.8 por ciento de toda la masa del Sistema Solar. Compuesto principalmente por hidrógeno y helio, y posee un diámetro cercano a 1.4 millones de kilómetros, además, se ubica a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra.

La científica destacó que una de las grandes ventajas del Sol es su estabilidad. “La cantidad de manchas solares evita variaciones en la radiación que recibe la Tierra, mientras que su edad, de aproximadamente 4 mil 500 millones de años, ha permitido que la vida evolucione durante miles de millones de años y continúe haciéndolo, ya que permanecerá estable por un periodo similar”.

“La Tierra ocupa además una posición privilegiada dentro de la denominada zona habitable, la región alrededor de una estrella donde un planeta rocoso puede mantener agua líquida en su superficie. Esa condición ha permitido que el agua exista en sus tres estados físicos: líquido, sólido y gaseoso”. Maucó subrayó que otro aspecto poco común es la arquitectura del Sistema Solar. “Los planetas terrestres se encuentran cerca del Sol, mientras que los gigantes gaseosos ocupan las regiones externas. Esta configuración no es frecuente entre los sistemas de exoplanetas conocidos y ha resultado determinante para la evolución terrestre”.

Júpiter y Saturno, explicó, funcionan como un auténtico escudo gravitacional que desvía o captura numerosos cuerpos menores, disminuyendo la probabilidad de impactos catastróficos sobre la Tierra. No obstante, “uno de los elementos más determinantes para la habitabilidad terrestre ha sido la Luna”.

La astrónoma stuvo que una de las principales teorías sobre el origen del satélite natural del planeta propone que se formó tras la colisión de un objeto del tamaño aproximado de Marte con la Tierra primitiva, hace unos 4 mil 500 millones de años. “Ese impacto habría contribuido a establecer condiciones favorables de masa, densidad, gases y agua, además de modificar profundamente la dinámica del planeta. Antes de la formación de la Luna, un día terrestre duraba apenas cinco horas. La presencia del satélite estabilizó la inclinación del eje de rotación, evitando cambios climáticos extremos que habrían dificultado el desarrollo de la vida”.

Sumada a los elementos primordiales mencionados, está la magnetosfera, el escudo invisible que rodea a la Tierra y desvía gran parte de las partículas cargadas procedentes del Sol. “Sin esta protección, la intensa radiación solar habría comprometido seriamente la permanencia de la atmósfera y de la vida”.

Maucó aseguró que la existencia de un núcleo de hierro suficientemente grande, probablemente favorecido por el impacto que originó la Luna, así como la actividad de las placas tectónicas y la velocidad de enfriamiento del planeta, han permitido mantener un campo magnético fuerte y estable durante miles de millones de años.

Finalmente, en la escala más cercana, se encuentra la atmósfera terrestre, integrada principalmente por 78 por ciento de nitrógeno, 21 por ciento de oxígeno y vapor de agua, este ingrediente constituye “la última capa de protección y regulación climática indispensable para la vida”.

La científica concluyó que la habitabilidad de la Tierra es el resultado de una extraordinaria sucesión de factores que operan en múltiples escalas: desde la estructura del universo y la posición de la galaxia, hasta las características del Sol. “La habitabilidad depende de una cadena de escalas que incluyen la vecindad galáctica, la galaxia, la estrella, la órbita y el planeta. La luna, la atmósfera y la magnetosfera han sido piezas importantes en la historia climática y biológica terrestre”.

Si bien todas estas condiciones hicieron posible el surgimiento de organismos vivos, “la vida también transforma el mundo que habita. La presencia de oxígeno en la atmósfera terrestre constituye una de las huellas más claras de una biosfera activa y de la profunda interacción entre el planeta y los seres que viven en él”, advirtió la experta.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

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