Las niñas y la ciencia en PISA

Las niñas y la ciencia en PISA

Jeny Farías

Directora de proyectos en Mexicanos Primero

Sería un error convertir esta información en una explicación automática de los resultados de PISA. No sabemos cuánto de la brecha en ciencias y matemáticas puede atribuirse a las responsabilidades domésticas y de cuidado

Los resultados de PISA 2025 muestran que en México los hombres obtuvieron, en promedio, 420 puntos en ciencias, mientras que las mujeres obtuvieron 407. En matemáticas la diferencia también favoreció a los varones: 396 frente a 380 puntos. En lectura ocurre lo contrario: ellas 414 puntos y ellos 402.

Es decir, no estamos frente a una diferencia general en la capacidad de aprendizaje de niñas y niños. En lectura, las mujeres tienen mejores resultados. El problema aparece en matemáticas y ciencias obligándonos a hacernos preguntas sobre por qué nuestro país no sigue el patrón promedio de la OCDE.

En ciencias, la diferencia promedio en los países de la OCDE favorece ligeramente a las mujeres: 483 puntos frente a 481 de los hombres. En México ocurre al revés, y por una distancia considerable.

Podríamos apresurarnos a encontrar una explicación. Hablar de los estereotipos que todavía presentan a las matemáticas, la ciencia o la tecnología como espacios masculinos. De expectativas diferenciadas para niñas y niños. De confianza y ansiedad frente a las matemáticas. De las experiencias que tienen unas y otros en el salón de clases. De quienes tienen acceso a laboratorios, clubes, tecnología, museos o actividades STEM. De las barreras que causa la pobreza menstrual. Incluso de los modelos a seguir y la representación que encuentran cuando imaginan su futuro.

Y también podríamos mirar fuera de la escuela. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil 2022, 7.1% de las niñas de entre 5 y 17 años realizaba trabajo doméstico y de cuidados en condiciones no adecuadas, frente a 6.4% de los niños. Pero la diferencia se vuelve mucho mayor cuando observamos el tiempo: 30.8% de las niñas que realizaban estas actividades dedicaba más de 28 horas semanales a ellas, frente a 8.5% de los niños.

Sería un error convertir esta información en una explicación automática de los resultados de PISA. No sabemos cuánto de la brecha en ciencias y matemáticas puede atribuirse a las responsabilidades domésticas y de cuidado. Tampoco sabemos cuánto corresponde a las experiencias escolares, las expectativas, la confianza, las condiciones socioeconómicas o las oportunidades de acercamiento a la ciencia. Pero tampoco podemos quedarnos sin encontrar una explicación y hacer algo al respecto.

No estamos frente a una preocupación nueva, la brecha lleva años haciéndose visible en PISA. Después de dos décadas desde que inició la prueba, seguimos encontrando que los hombres obtienen mejores resultados que las mujeres en matemáticas y en ciencias, la distancia incluso se ha ampliado en los últimos ciclos. Entonces la pregunta ya no es solamente qué está pasando. También tenemos que preguntarnos qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer para cambiarlo.

Un sistema educativo que aspira a garantizar el derecho a aprender, tiene que preguntarse qué obstáculos existen antes, durante y después de la jornada escolar y, sobre todo, qué puede hacer para que esos obstáculos no terminen convirtiéndose en desigualdades de aprendizaje.

Si queremos que todas las niñas puedan aprender, desarrollar su talento y elegir su futuro, el sistema educativo no puede limitarse a medir sus resultados. Tiene que preguntarse qué condiciones está creando para que puedan alcanzarlos y formular políticas públicas con perspectiva de género para poner en marcha de inmediato. Ahora tenemos una presidenta mujer y científica, ojalá que también tengamos pronto, decisiones políticas que hagan posible que más niñas puedan imaginarse ocupando ese lugar.

Fuente: heraldodemexico.com.mx

Alberto Vazquez

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