‘No hemos creado otro chatbot’: así quiere Amazon que Alexa+ se convierta en el asistente personal definitivo

‘No hemos creado otro chatbot’: así quiere Amazon que Alexa+ se convierta en el asistente personal definitivo

Hablamos con Andrés Pazos, country manager de Alexa en España, acerca de Alexa +, ya disponible en acceso anticipado. Y fuimos de los primeros en evaluarla

“Alexa, recuérdame dentro de dos semanas que reserve la terraza del restaurante que hablamos ayer… si el pronóstico cambia y no dan lluvias”. Unos meses atrás esa frase hubiera sido no críptica, más bien imposible para cualquier asistente. Requiere recordar un evento pasado, estar alerta a un posible cambio a lo largo de dos semanas y actuar en consecuencia… en el futuro. Y sin embargo…

Durante años, la tecnología nos obligó a aprender el lenguaje de las máquinas: comandos, menús, aplicaciones, prompts. En los asistentes de vos, había que memorizar comandos concretos, pronunciar determinadas frases y, en muchas ocasiones, reformular la petición hasta que el dispositivo entendía exactamente qué queríamos decir. Con la nueva versión de su asistente, Alexa +, Amazon persigue justo lo contrario, que sean las máquinas quienes aprendan finalmente el nuestro.

“No hemos desarrollado otro chatbot o un gran modelo de lenguaje. Es mucho más que eso: queremos construir el mejor asistente personal del planeta”, explica Andrés Pazos, country manager de Alexa en España, durante una entrevista concedida a La Razón.

Esa diferencia no tarda en aparecer durante el uso cotidiano. A diferencia de un chatbot tradicional, donde cada conversación comienza casi desde cero, Alexa+ recuerda detalles anteriores, mantiene el hilo incluso cuando cambiamos de tema y permite hablar de una manera mucho más cercana a una conversación humana. Los primeros días le dimos algunas referencias de quienes habitan nuestra casa, le hicimos escuchar nuestras voces y los diferentes dispositivos que usa cada uno… A partir de ese momento ya se dirigía a nosotros por nuestros nombres e identificaba quienes usaban determinado dispositivo. Es verdad, no siempre acierta, todavía hay momentos en los que pide aclaraciones, pero la sensación de continuidad resulta sorprendente. Y ya no se limita a responder preguntas: empieza a actuar.

Porque la diferencia entre un chatbot y un asistente personal no está únicamente en la conversación, sino en su capacidad de hacer cosas. Alexa+ puede reservar un restaurante, organizar un viaje, consultar la agenda, controlar los dispositivos conectados del hogar, recordar documentos que el usuario le ha compartido o coordinar varias tareas distintas sin necesidad de ir saltando entre aplicaciones.

“La IA generativa nos permite tener una conversación mucho más natural, pero lo importante es que Alexa pueda ayudarte a resolver problemas cotidianos – confirma Pazos -. Nuestro objetivo es que sea realmente útil en el día a día”.

Esto en parte obedece a que Alexa + cuenta con 70 modelos de lenguaje diferentes y pone en marcha uno u otro según el momento o el interlocutor. “No importa qué modelo responde – añade Pazos -. Lo importante es que Alexa elija automáticamente cuál es el más adecuado para cada tarea”.

Como un cerebro que activa el hemisferio y las neuronas específicas para cada tarea. Lo curioso es que el usuario nunca percibe esa complejidad. Durante las pruebas resulta imposible saber cuándo Alexa está utilizando un modelo u otro. Esa invisibilidad probablemente sea uno de los mayores logros del sistema. La lógica es sencilla. Consultar la previsión meteorológica no requiere la misma capacidad de razonamiento que planificar unas vacaciones familiares, resumir varios documentos o coordinar distintos servicios digitales. Es una especie de director de orquesta invisible que distribuye cada tarea entre la inteligencia más apropiada.

Si el desarrollo tecnológico ha sido complejo, adaptar Alexa+ al español ha resultado casi igual de exigente. “No es una simple traducción – apunta Pazos -. Ha habido un trabajo muy fuerte de localización”. Porque hablar español no significa necesariamente comprender cómo hablan los españoles. Un asistente debe ser capaz de interpretar dobles sentidos, ironías, expresiones coloquiales, cambios de contexto o diferencias lingüísticas entre distintas regiones. También debe entender cuándo una frase aparentemente informativa es, en realidad, una petición implícita.

Para conseguirlo, Amazon ha trabajado con equipos españoles durante el desarrollo de Alexa+ e incorporado servicios muy presentes en la vida cotidiana del país, como Cabify, TheFork o CoverManager.

“Queríamos que Alexa no solo hablara español, sino que entendiera cómo vivimos”, resume Pazos. Aquí la frase clave es conversación más natural. La adolescente que hay en casa habla un idioma distinto de su madre, que es asturiana y de su padre, que es argentino. Alexa + entiende casi todas estas variantes dialécticas y responde acorde a ellas… Aunque aún le cuestan ciertas palabras (las recetas de chutney de tomate, por ejemplo, se convirtieron en “chuteney” de tomate).

Todo ello conforma el tipo de evolución que la industria comienza a describir como inteligencia artificial agéntica: sistemas capaces no solo de generar respuestas, sino también de actuar en nombre del usuario, siempre bajo su supervisión. Para Pazos, esa diferencia marcará el futuro de los asistentes digitales: “La inteligencia artificial tiene que desaparecer de la conversación. El usuario no debería pensar qué modelo está utilizando, sino simplemente obtener el resultado que necesita – añade Pazos -. Todas esas funciones mantienen controles de privacidad integrados desde el diseño y que el usuario puede decidir en todo momento qué información comparte y qué acciones autoriza al asistente. Nuestra misión es construir el mejor asistente personal del planeta”.

Eso implica mucho más que responder preguntas. Significa comprender que cuando alguien dice “hace un calor insoportable”, quizá no esté buscando la previsión meteorológica, sino esperando que el aire acondicionado se encienda automáticamente. O que una conversación sobre un viaje pueda terminar reservando un restaurante o añadiendo una cita al calendario sin necesidad de repetir instrucciones.

Para Pazos ese es el verdadero cambio de paradigma: dejar de diseñar sistemas que simplemente conversan para construir asistentes capaces de entender el contexto y colaborar con las personas. Un cambio no pretende sustituir a nadie. “La inteligencia artificial no viene a destruir empleo; viene a hacer la vida un poco más fácil a las personas”, concluye Pazos.

Después de conversar con Andrés Pazos y convivir varios días con Alexa+, uno acaba llegando a una conclusión curiosa. Durante años hemos entendido los asistentes de voz como altavoces capaces de responder preguntas. Amazon parece haber decidido abandonar esa idea: Alexa+ ya no intenta ser quien mejor responde, sino quien mejor acompaña.

Puede parecer un matiz pequeño. No lo es. Quizá dentro de unos años dejemos de hablar de asistentes inteligentes del mismo modo que hoy ya no hablamos de teléfonos «con pantalla táctil». Simplemente asumiremos que la tecnología recuerda, comprende el contexto y actúa antes incluso de que terminemos de pedirlo. Si ese futuro termina llegando, Alexa+ probablemente será recordada como el momento en que la inteligencia artificial dejó de parecer una aplicación para empezar a comportarse como una presencia cotidiana.

No sé si Amazon ha construido ya el asistente personal que imagina Andrés Pazos. Creo que todavía no. Pero después de probarlo durante varios días sí tengo una sensación bastante clara: por primera vez la inteligencia artificial deja de parecer una aplicación instalada en un dispositivo y empieza a comportarse como alguien que comparte con nosotros el mismo espacio digital.

Fuente: larazon.es

Alberto Vazquez

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