Investigadores de Salamanca descubren un mecanismo que ayuda a los músculos a absorber el azúcar de la sangre

Además demuestra que determinados niveles de oxidación, lejos de ser perjudiciales, son necesarios para el buen funcionamiento de las células

Durante décadas nos han repetido que los antioxidantes son los “buenos de la película” y que la oxidación es el enemigo a batir para no envejecer ni enfermar.

Sin embargo, la ciencia acaba de dar un giro a esta idea. Un equipo de investigadores salmantinos ha demostrado que las moléculas oxidantes no siempre son dañinas: en cantidades pequeñas y controladas son imprescindibles para que nuestras células funcionen bien y, en concreto, para que el cuerpo aproveche la energía del azúcar.

El estudio, liderado por científicos de la Universidad de Salamanca (USAL), el Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCyL) y el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), ha sido publicado en la prestigiosa revista internacional Redox Report.

Para entender el descubrimiento basta con diferenciar dos conceptos que hasta ahora se confundían.

El distrés oxidativo, es decir, la oxidación mala, ocurre cuando hay un exceso descontrolado de moléculas oxidantes, lo que deteriora los tejidos, causa enfermedades y acelera el envejecimiento.

Por su parte, el euestrés oxidativo, en este caso, la oxidación buena, se produce cuando el cuerpo genera oxidantes en dosis bajas y de forma localizada. En este caso, no dañan, sino que actúan como “mensajeros” que ayudan a las células a comunicarse y trabajar correctamente.

“Nuestras células necesitan mantener determinados niveles de oxidación para funcionar. No se trata simplemente de atiborrarse a antioxidantes para eliminar toda la oxidación, porque eso también rompería los procesos naturales del cuerpo”, explica Jesús Palomero, uno de los autores principales del estudio.

El equipo de investigación centró su trabajo en los músculos, que son los principales encargados de retirar la glucosa (el azúcar) de la sangre para usarla como combustible.

Para que la glucosa entre en la célula muscular, necesita una «puerta de acceso» (una proteína llamada GLUT4).

Los investigadores comprobaron en el laboratorio que, al aplicar niveles moderados de sustancias oxidantes como el peróxido de hidrógeno (la conocida agua oxigenada en dosis microscópicas) o el óxido nítrico, las células activan sus alarmas internas y abren más puertas para captar el azúcar rápidamente.

Una puerta abierta

Este avance es clave para abordar problemas como la diabetes tipo 2 o la obesidad. En estas condiciones se produce la llamada resistencia a la insulina: los músculos se vuelven «sordos» a las órdenes del organismo y no consiguen retirar la glucosa de la sangre, lo que provoca subidas peligrosas de azúcar (hiperglucemia).

Aunque los investigadores aclaran que este hallazgo no es una cura inmediata ni significa que debamos tomar suplementos oxidantes, sí marca un nuevo camino para la medicina.

«Si logramos entender bien cómo funcionan estos mensajeros oxidantes, en el futuro podremos diseñar medicamentos específicos que activen estas puertas de entrada de glucosa sin causar daño celular”, concluye Palomero.

Fuente: elespanol.com

Alberto Vazquez

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