Videojuegos pueden convertir a México en hub de innovación

En el país es importante nutrir el desarrollo de juegos, la creatividad y el talento, así como la riqueza del patrimonio cultural

En una coyuntura económica en la que en México se habla constantemente de nearshoring, no se debe dejar de lado la importancia de otra industria en crecimiento: los videojuegos.

“Es necesario establecer las condiciones para que el país no solo sea uno de los mercados de gamers más importantes del mundo, sino que aspire a colocarse en el radar de los principales hubs de desarrollo de videojuegos a nivel internacional”.

Para Kiyoshi Tsuru, socio fundador de TMI Abogados, es necesario establecer las condiciones para que el país no solo sea uno de los mercados de gamers más importantes del mundo, sino que aspire a colocarse en el radar de los principales hubs de desarrollo de videojuegos a nivel internacional. “En otras palabras, además de ser buenos jugadores, debemos convertirnos en desarrolladores y productores importantes”.

El abogado destaca que a diferencia de la prestación de servicios o de la “maquila” de código o de gráficos, la propiedad intelectual es la que realmente permitirá a los coders o desarrolladores de software, artistas, emprendedores y estudios consolidarse y colocarse como protagonistas en el mercado.

“La propiedad intelectual es, sin duda, el elemento diferenciador que permite catapultar a un videojuego. Se trata de diseñar mundos, personajes y narrativas propias cuyos derechos garanticen a sus creadores un reconocimiento moral y una remuneración justa que les permita volverse profesionales, para pasar del hobby al ciber emprendimiento, y de ahí al gran mercado global, que es, en realidad, el único mercado que existe”, subraya Kiyoshi Tsuru.

Asimismo, indica que el sistema de propiedad intelectual mexicano es suficientemente completo para brindar una protección integral a los videojuegos. “La Ley Federal del Derecho de Autor reconoce protección a los programas de cómputo, que son el ADN de los juegos. Sin embargo, estos productos culturales van mucho más allá de las líneas de código que conforman su existencia. En una capa superior a la de la programación es donde se expresan paisajes, texturas, héroes, villanos, dramas y fantasías. Ahí recae protección sobre obras de dibujo, literarias, musicales, audiovisuales y hasta coreográficas. Cada vez más se incorporan al software del juego obras fotográficas y hasta cinematográficas con actores de la vida real. México es, además, la cuna de las reservas de derechos al uso exclusivo de personajes humanos y de caracterización, figura jurídica de antaño que hoy le queda como guante a los personajes digitales”.

Sugiere a los desarrolladores de software acercarse al Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR) para registrar sus juegos. “Lo deben hacer cuanto antes. El registro no es un requisito indispensable para proteger obras, pero sí es la vía más sencilla y eficaz para hacerlo. El trámite es simple, expedito y económico”.

El abogado señala que “el ecosistema necesita, y debemos decirlo con claridad, seguridad jurídica que le brinde tranquilidad a los innovadores y a los inversionistas, así como un entorno que garantice el cumplimiento de contratos”.

Tsuru enfatiza que los intangibles son la principal garantía en un trato donde un capitalista de riesgo invierte en un emprendimiento cuyo principal aliciente es una expectativa de éxito y, por lo tanto, de retorno de inversión.

“El sistema de propiedad intelectual también debe poder responder de manera rápida y eficaz a las vulneraciones de los derechos de los desarrolladores. El mercado negro de credenciales, claves de suscripciones y activos digitales no autorizados (Unauthorized Digital Goods, UDGs, por sus siglas en inglés) ponen en riesgo no solo a los videojuegos ya establecidos, sino que inhiben el nacimiento de nuevos negocios, porque si no hay garantía de protección y ejecución del colateral que apalanca la capitalización del capital ángel o de inversión, el fondeo simplemente no sucederá”, reitera Tsuru.

Respecto a la protección de los videojuegos en la agenda de la inteligencia artificial, comenta que hoy la discusión versa sobre la creación de obras con la ayuda de sistemas basados en redes neuronales, machine learning, volúmenes inimaginables de información y obras disponibles electrónicamente. “En los próximos meses tendremos que ir conformando definiciones sobre la protección a este tipo de obras hechas por inteligencia artificial, así como la remuneración derivada de la utilización de obras para fines de entrenamiento y de subsecuente creación de nuevas obras a través de modelos de lenguaje extenso. Una de las grandes ventajas que traen a la mesa los sistemas de inteligencia artificial para crear código, como ChatGPT o Copilot, es que la creación de videojuegos ya no estará reservada exclusivamente a aquellos que sepan escribir software, porque estos sistemas son intuitivos y amigables con el usuario”.

Aumenta el valor de la industria de los videojuegos

La industria mundial de los videojuegos es un negocio de miles de millones de dólares y lo ha sido durante muchos años. En 2022 los ingresos del mercado mundial de juegos se estimaron en casi 347,000 millones de dólares y el mercado de juegos móviles generó aproximadamente 248,000 millones de dólares del total, de acuerdo con Statista, portal alemán de estadísticas.

“La industria de los videojuegos tiene un valor económico que supera a los de la música y el cine, combinados. En las últimas tres décadas esta industria ha crecido exponencialmente, volviéndose cada vez más sofisticada y compleja, lo cual hace que los estudios de videojuegos hoy requieran equipos interdisciplinarios de especialistas que no solamente sepan de tecnología o arte, sino de startups, finanzas, mercadotecnia, gestión de proyectos, ciencia de datos, manejo de redes, negociación de contratos y protección de propiedad intelectual, todo ello en un mundo que se mueve a una velocidad vertiginosa, con modelos de negocio en evolución cotidiana, nacimiento constante de nuevos acrónimos y competencia feroz”, refiere Kiyoshi Tsuru.

En este contexto, señala que en México es importante nutrir a un ecosistema que permita desarrollar juegos propios que atestigüen no solo la creatividad y el talento artístico que caracterizan al país, sino también la riqueza del patrimonio cultural.

“Los videojuegos son una de las expresiones más vitales de la cultura pop contemporánea. Su fascinante naturaleza deriva de un carácter multifacético y multidisciplinario: son parte código, parte arte digital, parte película. Sus contenidos narran historias posmodernas, ancestrales, de fantasía o de ciencia ficción. Su personalidad dinámica fluye a veces como el grafiti, otras como un haiku o como una moderna epopeya, constituyéndose en los cronistas de nuestra civilización que muta continuamente. A través de este importante escaparate global se pueden conocer culturas, tradiciones, lugares y cosmovisiones compartidas por personas de todo el planeta. Y aunque aún existe la percepción de que los videojuegos son cosa de niños, en realidad la edad promedio de los jugadores oscila entre los 18 y 45 años”, expresa Tsuru.

Concluye que el régimen jurídico y de políticas públicas está obligado a generar un equilibrio que incentive la difusión del valioso patrimonio cultural del país. “Por supuesto, respetando la autonomía de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanos, pero con el cuidado de no inhibir la producción de obras nuevas, restringir la libertad de expresión o asustar a los creadores, quienes, de sentirse amenazados, preferirán contar historias inspiradas en otras culturas y tradiciones, y llevarse sus producciones a entornos menos hostiles, lo que terminará por desembocar en la pérdida de relevancia de la cultura de México en el mundo”.

Fuente: diario.mx