Musk ha abierto el algoritmo de X y dice que ahora ‘cualquier censura exigida por gobiernos es claramente visible’
Elon Musk presume de que la «censura» exigida por los gobiernos será visible para los usuarios y X ha publicado el código central de su recomendador. El dato incómodo está en su propio historial: durante los primeros meses de Musk, Twitter actuó total o parcialmente sobre el 98,8% de las peticiones gubernamentales analizadas.
Elon Musk ha convertido la transparencia en su nueva respuesta al viejo problema de quién decide qué puede verse en una red social. El propietario de X asegura que «cualquier censura exigida por gobiernos es ahora claramente visible», mientras la compañía mantiene público en GitHub el núcleo del algoritmo que alimenta el apartado For You.
El movimiento es relevante. Pero existe una diferencia esencial entre mostrar una orden de retirada y negarse a ejecutarla. Y ahí las cifras complican el relato del denominado «absolutista de la libertad de expresión».
El algoritmo ya se puede mirar
El repositorio público de X contiene partes centrales de su sistema de recomendaciones: selección de publicaciones, recuperación de contenido, puntuación mediante modelos de aprendizaje automático, filtros y el mecanismo que decide qué termina apareciendo en el feed. El proyecto utiliza principalmente Rust y Python y describe un recomendador apoyado en tecnología derivada de Grok.
Eso permite que desarrolladores externos inspeccionen una parte significativa de la arquitectura.
Sin embargo, abrir el código del recomendador no significa abrir todos los sistemas de moderación ni publicar cada decisión interna de X. El propio material disponible separa el algoritmo que ordena publicaciones de los canales utilizados para gestionar requerimientos legales.
El 98,8% que incomoda
La contradicción aparece al revisar los primeros meses de Musk al frente de Twitter.
Entre el 27 de octubre de 2022 y el 13 de abril de 2023, la plataforma cumplió total o parcialmente el 98,8% de las órdenes gubernamentales de retirada registradas en los datos analizados por el Berkman Klein Center de Harvard. En concreto, aceptó completamente 808 solicitudes, el 83%, y parcialmente otras 154, equivalentes al 15,8%.
Durante ese periodo no constaba el rechazo explícito de ninguna solicitud entre los casos con resultado registrado. Antes de la compra de Musk, Twitter había mostrado una disposición significativamente mayor a discutir determinadas órdenes.
Las cifras después cambiaron
Tampoco sería correcto presentar el 98,8% como la tasa actual permanente de X.
En el primer semestre de 2024, la compañía recibió 72.703 solicitudes gubernamentales de retirada de contenido y actuó aproximadamente sobre el 71% de ellas, según su informe de transparencia. Es una proporción sustancialmente inferior a la registrada inmediatamente después de la adquisición.
La comparación histórica también exige cautela porque Twitter y X han cambiado métricas, políticas y formatos de publicación. Antes de Musk, por ejemplo, Twitter informó de que durante el primer semestre de 2021 actuó ante aproximadamente el 54% de las demandas legales globales recibidas.
El diagnóstico, por tanto, no es que X acepte siempre. Es que la transparencia y la resistencia son variables distintas.
Gobiernos frente a una red global
El problema de fondo supera a Musk. X opera globalmente, pero cada Estado aplica leyes distintas sobre discurso político, seguridad nacional, difamación, elecciones o contenido prohibido.
La propia compañía reconoce que los gobiernos pueden solicitar que determinados contenidos considerados ilegales sean restringidos dentro de su jurisdicción. X sostiene que revisa cada petición, puede recurrir las que considere defectuosas y busca informar al usuario afectado salvo que la legislación se lo prohíba.
Esta tensión explica por qué Turquía, India o Brasil se han convertido durante años en campos de batalla recurrentes entre plataformas digitales, tribunales y gobiernos.
La transparencia sí cambia algo
Hacer visible quién pidió retirar una publicación tiene consecuencias importantes.
Un periodista puede conocer si detrás de un bloqueo está una decisión interna de X o una autoridad pública. Los investigadores pueden identificar patrones. Los ciudadanos pueden comparar qué gobiernos solicitan más restricciones y las autoridades quedan expuestas a un coste reputacional superior cuando utilizan legislación ordinaria para intentar silenciar críticas.
X ya declaraba anteriormente que intentaba notificar a los afectados por órdenes legales, pero Musk quiere convertir esa información en una parte mucho más visible de su discurso sobre libertad de expresión.
La luz permite fiscalizar la censura. No necesariamente impedirla.
El verdadero examen empieza ahora
La apertura del algoritmo es técnicamente relevante y publicar con mayor claridad las órdenes estatales puede elevar el nivel de rendición de cuentas de X.
Pero el examen decisivo será otro: qué hace la compañía cuando recibe una orden dudosa.
Twitter recurrió históricamente algunas decisiones y rechazó otras. Bajo Musk, X también ha librado conflictos públicos con gobiernos, pero su comportamiento ha variado mucho según el país y el momento.
Ahí está la paradoja. Musk puede enseñar el código, identificar al Gobierno que pide retirar una publicación y explicar jurídicamente la orden. Todo ello aporta información que antes podía resultar difícil de encontrar.
Pero si después pulsa igualmente el botón de bloqueo, el usuario sabrá mucho mejor quién lo censuró. Seguirá sin poder leer lo censurado.
Fuente: negocios.com
