La lucha de los proveedores de Google para recibir un trato más justo

¿Los proveedores de Google trabajan para Google? Aunque parezca una pregunta tonta, podría determinar el destino de todos los proveedores de Google en Pittsburgh (EE. UU.) que acaban de votar a favor de sindicalizarse. Estos trabajadores aseguran que reciben menos beneficios que los empleados de Google a pesar de que trabajan conjuntamente. El grupo ha decidido que quiere un tratamiento más justo. Describen su decisión de sindicalizarse como un cambio revolucionario para toda la industria tecnológica, que actualmente se basa en una “fuerza oculta” de trabajadores temporales fantasma que desempeñan tareas similares a los empleados a tiempo completo (e incluso pueden superarlos en número). Pero este impulso podría enfrentarse a serios desafíos debido al enorme debate actual sobre quién trabaja para quién.

La razón es la siguiente: las empresas no pueden despedir a sus empleados por sindicalizarse. Eso viola la Ley Nacional de Relaciones Laborales de EE. UU. “Pero si una empresa despide a su proveedor porque los trabajadores del proveedor se han sindicalizado, queda impune”, explica el profesor de derecho laboral en la Universidad de Temple (EE. UU.) Brishen Rogers. Los trabajadores de Pittsburgh están empleados por HCL Technologies, por lo que, en teoría, Google podría despedirlos por votar a favor de la sindicalización, lo que obviamente sería un duro golpe. Rogers agrega que Google no necesita negociar con los trabajadores. De hecho, es posible que el sindicato acabe castigado por un tribunal federal si los trabajadores de HCL hacen una huelga con letreros tipo: “Huelga contra Google” o influyen en los empleados a tiempo completo de Google para que dejen de trabajar y se unan a la huelga.

Pero, y esto es crucial, a las empresas no se les permite despedir a sus trabajadores por sindicalizarse si son contratados conjuntamente por el contratista (en este caso, HCL) y la empresa (Google).

¿Qué significa “contratados conjuntamente”? La cuestión no está resuelta. En 2015, la Junta Nacional de Relaciones Laborales de EE. UU., motivada por los trabajadores de McDonald’s que insistieron en que habían sido contratados conjuntamente por la franquicia y la corporación, declaró que una empresa no tenía que controlar directamente al trabajador todos los días para ser su empleador.

Pero en los últimos años, el Gobierno de Donald Trump ha intentado revertir ese punto de vista. La administración ha propuesto una nueva regla que dificultaría mucho más probar la condición de empleador conjunto, y Google y Microsoft la respaldan. Todavía no ha sido aprobada, pero podría serlo para cuando Google y el sindicato terminen el litigio, si finalmente acuden a los tribunales por esta definición. “Este problema existe desde hace mucho tiempo, en parte, porque hay muchos matices legales, pero también porque, literalmente, hay decenas de miles de millones de euros en juego en toda la economía”, explica Rogers. En el caso de Pittsburgh, los abogados probablemente verían cuánto Google contrata, gestiona y paga a los trabajadores, o si HCL realiza la mayor parte de la supervisión a diario. El futuro de los esfuerzos para organizar a los contratistas tecnológicos dependerá de quién se considere el jefe.

La ley puede no ser tan favorable, pero esto no significa que el esfuerzo sindical sea inútil o esté condenado al fracaso. El experto en empleo de la Universidad de California en Hastings Francisco (EE. UU.) Reuel Schiller señala que las relaciones públicas podrían ser más importantes. El experto detalla: “Lo realmente interesante aquí es la imagen pública de Google, que quiere mantener costes bajos sin parecer antisindicalista”.

La historiadora de la Universidad de Washington (EE. UU.) Margaret O’Mara añade que la mencionada votación no representa el primer intento de sindicalizarse de las personas en la industria tecnológica. Esfuerzos similares se han ido repitiendo, comenzando por la sindicalización obrera de las plantas de fabricación, recuerda ella. Hace unos años, los proveedores de Microsoft se sindicalizaron, y luego sus trabajos fueron eliminados. Pero O’Mara cree que esta vez puede ser diferente. El nuevo activismo del sector tecnológico, como las protestas de los conductores de Uber y Lyft y las huelgas de los empleados de Google a tiempo completo, pueden presionar a las empresas a la acción.

Pero la atención pública es un recurso volátil, y un cambio en la legislación laboral tendría un efecto mucho mayor, especialmente si esa atención desaparece. “Para los trabajadores, sindicalizarse debería ser mucho más fácil. Y después de hacerlo, deberían poder negociar con las compañías para decidir sobre sus condiciones de trabajo”, opina Rogers.

Fuente: technologyreview.es

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