El Mundial también se juega en el ciberespacio. Por Ariel Picker, experto en tecnología

El Mundial también se juega en el ciberespacio. Por Ariel Picker, experto en tecnología

Ariel Picker

Experto en tecnología

Ser sede mundialista implica una gran responsabilidad que trasciende los estadios. Implica demostrar que la infraestructura crítica del país, telecomunicaciones, transporte, energía, sistemas de emergencia, puede operar con los estándares que exige el escrutinio global

En unas semanas, millones de personas tendrán los ojos puestos en los estadios de México, Estados Unidos y Canadá. El Mundial 2026 será el torneo más grande de la historia del fútbol: 48 selecciones, 104 partidos, sedes en tres países. Pero hay otra dimensión que pocas veces aparece en los titulares deportivos y que me parece igual de relevante: nunca un evento de esta escala había representado una superficie de ataque tan amplia para amenazas cibernéticas.

No es alarmismo: millones de aficionados moviéndose entre ciudades, transacciones digitales multiplicadas durante el torneo, infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones al límite, y un ecosistema de apps, plataformas de boletos y redes de patrocinadores conectados en miles de puntos. Cada uno de esos puntos representa una puerta. Y donde hay puertas, hay quienes intentan abrirlas sin invitación.

Los grandes eventos son un imán para el cibercrimen

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 registraron 450 millones de intentos de ataque cibernético. Los de París 2024 superaron esa cifra. No es casualidad: los eventos masivos de este tipo concentran infraestructura crítica, mueven enormes flujos de dinero en poco tiempo y operan bajo presión mediática que obliga a mantener sistemas activos sin importar lo que pase en segundo plano. Para un actor malicioso: muchos objetivos, poco tiempo para reaccionar, altísimo costo de caída.

México en la cancha digital

Ser sede mundialista implica una gran responsabilidad que trasciende los estadios. Implica demostrar que la infraestructura crítica del país —telecomunicaciones, transporte, energía, sistemas de emergencia— puede operar con los estándares que exige el escrutinio global. Eso requiere centros de operación que integren inteligencia cibernética con respuesta física en tiempo real, y protocolos de incidentes probados antes del partido, no durante.

La ciberseguridad no es un problema de TI: es de estrategia

En este contexto, lo que preocupa no son nada más los ataques sofisticados sino la brecha entre el nivel de amenaza y el nivel de preparación. En México todavía existe la tendencia a tratar la ciberseguridad como un asunto técnico que resuelve el equipo de TI, cuando en realidad es una decisión estratégica que debe involucrar a la dirección general y a los responsables operativos.

Un ataque de ransomware en la víspera de cuartos de final no es un incidente de TI: es una crisis de reputación, operación y potencialmente de seguridad pública. La pregunta obligada que cualquier organización vinculada al Mundial debería hacerse hoy es: ¿qué pasaría si mañana nuestros sistemas no pudieran operar? ¿Tenemos un plan probado? ¿Sabemos quién hace qué en los primeros 30 minutos?

El fútbol nos enseña algo que aplica perfectamente a la ciberseguridad: los campeonatos no los ganan los que juegan mejor el día del partido, sino los que mejor se prepararon. México tiene la oportunidad de demostrarle al mundo no solo que sabe organizar un torneo, sino que sabe protegerlo. Y eso también es parte del legado.

Fuente: heraldodemexico.com.mx

Alberto Vazquez

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