Los huevos orgánicos tienen un impacto climático peor que los de gallinas enjauladas, según un controvertido estudio
Según los autores, la producción avícola ecológica emite el doble de carbono que la intensiva. Sin embargo, a poco que se hurga en el asunto, aparecen muchos matices
Durante años se ha mantenido la firme creencia de que consumir alimentos procedentes de la ganadería ecológica y el pastoreo libre constituía la opción más sostenible y respetuosa con el medioambiente. Sin embargo, un controvertido análisis publicado en la revista Royal Society Open Science por la investigadora Harriet Bartlett ha desmontado aparentemente esta premisa al revelar que la producción avícola ecológica puede duplicar las emisiones de carbono frente a los modelos intensivos. Un hallazgo que altera el debate tradicional sobre el impacto de nuestra cesta de la compra.
Los datos recopilados por expertos de la Universidad de Oxford en granjas del Reino Unido indican que transformar toda la producción británica a un modelo campero ecológico generaría 2.316.000 toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO2e). En cambio, mantener una infraestructura orientada íntegramente a jaulas implicaría emitir 1.184.000 tCO2e de emisiones de gases de efecto invernadero. Esta diferencia radical radica en que las aves confinadas presentan una mayor eficiencia metabólica para convertir el pienso en alimento final.
No obstante, la evidencia de una menor huella climática en los sistemas intensivos no significa que sea ético o recomendable priorizar el consumo de productos procedentes de aves enjauladas. Las gallinas ponedoras sujetas al confinamiento severo experimentan graves deficiencias en materia de bienestar animal y salud física. Además, la producción ecológica ofrece beneficios indirectos no contemplados en esta medición de carbono, como la reducción de plaguicidas o la preservación de la biodiversidad en los suelos.
La investigación precisa que los modelos camperos y ecológicos también presentaron métricas desfavorables en el uso del terreno, la acidificación del suelo y la eutrofización del agua. Por otra parte, la tasa de mortalidad en las granjas ecológicas resultó ser superior, aunque resulte paradójico. Las cifras globales estiman que la combinación actual de métodos avícolas británicos, que incluye jaulas, suelo y gallinas camperas, genera un total de 1.439.000 tCO2e al año dentro del balance nacional.
Dilemas éticos y límites de la sostenibilidad avícola
Las gallinas ponedoras constituyen el grupo animal más numeroso alojado en jaulas en todo el planeta, una situación crítica ante la creciente demanda global de proteína. La citada Harriet Bartlett, especialista adjunta en la Smith School of Enterprise and the Environment, señaló sobre la producción en The Guardian que «quizá sea un punto ciego cuando hablamos de sostenibilidad», al considerar que este sector recibe menos atención mediática que la industria cárnica o láctea.
Al evaluar los resultados del trabajo de campo, la científica británica hizo hincapié en el desequilibrio existente entre la ética animal y la huella ecológica. «Encontramos un compromiso importante», afirmó Harriet Bartlett. «Resulta que los tipos de granjas que generalmente se consideran mejores para el bienestar animal, como las ecológicas y camperas, pueden requerir más aves para producir la misma cantidad debido a su menor eficiencia y mayor impacto ambiental», explicó la experta.
Por su parte, el responsable de asuntos normativos en Soil Association Certification, Lee Holdstock, aportó una visión crítica sobre las conclusiones alcanzadas por el equipo de Oxford. «Si bien los sistemas intensivos pueden tener menores emisiones por unidad de producto porque las aves aprovechan el pienso de forma más eficiente, esto refleja solo una parte de la realidad», declaró Lee Holdstock al valorar la complejidad global del modelo agrícola.
El experto en normativas ecológicas defendió la necesidad de contextualizar la huella del carbono sin penalizar las prácticas que benefician la naturaleza y el suelo. «Un sistema alimentario verdaderamente sostenible también debe considerar los impactos en la naturaleza, la salud del suelo, la calidad del agua, el uso de insumos sintéticos y el bienestar animal», añadió Lee Holdstock.
Fuente: nationalgeographic.com.es
