En un ensayo, monos se mostraron capaces de tomar decisiones complejas para resolver problemas

Científicos estadounidenses han descubierto que los macacos, al igual que las personas, pueden analizar paso a paso las decisiones que toman y modificar sus elecciones en el futuro. Tal toma de decisiones paso a paso se refleja en la jerarquía de las partes del cerebro: la corteza frontal y cingulada. El artículo con los resultados del estudio fue publicado en la revista Science.

El proceso de toma de decisiones a menudo implica elegir una opción particular de varias: por ejemplo, al comprar una barra de chocolate en un supermercado, debemos evaluar todos los gustos y precios disponibles del producto. A menudo, realizar cualquier tarea se complica por el hecho de que se deben tomar varias decisiones: por ejemplo, al preparar un plato, se debe elegir una receta, comprar ingredientes y luego seguir las instrucciones. Si algo sale mal y el plato no funciona, puede ser difícil para una persona determinar con precisión la causa del fracaso.

Los estudios muestran que, en caso de fallar al realizar tareas de múltiples etapas, una persona encuentra la causa, basándose en su propia confianza en cada paso específico. Si consideramos la situación con la preparación de un plato, entonces la persona que inicialmente no está segura de la receta probablemente lo culpará por la falla, y no la elección posterior de los productos o el proceso de cocción.

El examen

El estudio del proceso de toma de decisiones en tareas de varias etapas se ha limitado usualmente a la investigación del comportamiento. Y ahora Morteza Sarafyazd y Mehrdad Jazayeri del MIT decidieron realizar un experimento con monos Rhesus (Macaca mulatta). Durante el experimento, a los animales se les mostraron dos luces que parpadeaban a intervalos de 530 a 1170 milisegundos. Los intervalos difirieron en la duración: a los participantes se les enseñó que el intervalo de tiempo de menos de 850 milisegundos se consideraba corto y aquellos que eran más largos, eran largos.

Dependiendo de cuánto tiempo haya transcurrido entre dos destellos, los macacos necesitaban mirar hacia el segundo destello o hacia el lado opuesto. En caso de que el animal tomara la decisión correcta, recibía un premio. A su vez, se registró automáticamente la elección en función de la evaluación de los movimientos de sus ojos.

Durante el experimento, los participantes tuvieron que tomar dos decisiones. La primera decisión significaba exactamente qué regla se usaría: es decir, si sería necesario mirar hacia el segundo flash, si apareciese a los 850 milisegundos o más tarde. La segunda decisión significó la forma en que era necesario mirar para obtener un premio. Esto es exactamente lo que hizo que la tarea fuera de varias etapas: el éxito (recibir un premio) dependía de la elección correcta de la regla y el seguimiento posterior de esta regla.

Para evaluar cómo los monos analizaban sus decisiones y se adaptaban a medida que cambiaban las condiciones, los científicos cambiaron las reglas después de que las recordaban. Los investigadores notaron que la adopción de decisiones de múltiples niveles en macacos está sujeta a una estrategia bastante simple.

Inicialmente, el macaco “se queja” de no recibir un premio luego que cambia la regla, pero al mismo tiempo, el animal también evalúa su propio éxito en intentos anteriores y su complejidad (es decir, cuán cortos o largos eran los intervalos entre dos pulsaciones). Los macacos entendieron que la falta de un premio después de una toma de decisiones relativamente simple (cuando la brecha era muy corta o muy larga) era más probable que se debiera al cambio de la regla, y utilizaron una diferente en el intento posterior.

Además, el cambio de la regla también se vio influenciado por el hecho de si el error se repitió en varios intentos. De lo contrario, el macaco no cambió la regla utilizada, ya que percibió el no recibir un premio como una señal de que cometió un error al evaluar el intervalo de tiempo.

También se estudió el cerebro

Los investigadores también intentaron analizar este proceso en el cerebro de los macacos. Para hacer esto, implantaron microelectrodos en el cerebro de los animales con el fin de monitorear las neuronas individuales en dos regiones del cerebro involucradas en el proceso de toma de decisiones: la parte dorsomedial de la corteza frontal y la corteza cingulada anterior.

Encontraron que ambas áreas estaban activas después de cometer el error, pero la actividad aumentó cuando el error apareció después de un simple intento: en otras palabras, el aumento de la actividad de las áreas estudiadas indicaba que el macaco, en el proceso de analizar sus acciones, se dirigió a sus propios juicios, y no al cambio de las reglas. Con respecto al marco de tiempo, la actividad de la corteza cingulada anterior fue precedida por la actividad de la corteza frontal.

El trabajo, por lo tanto, mostró que los macacos, al igual que las personas, son capaces de evaluar gradualmente sus propias acciones y factores externos al analizar los éxitos y los fracasos. Esta capacidad es muy importante en el proceso de aprendizaje, ya que le permite analizar sus propias acciones y no cometer errores en el futuro. Es de destacar que la actividad del cerebro, que determina este análisis, también es multietapa.

Los científicos están explorando otros aspectos de la toma de decisiones. Por ejemplo, el cerebro de las personas con mayor ansiedad al tomar decisiones de riesgo se caracteriza por el aumento de la actividad de las áreas responsables del control cognitivo: como resultado, a menudo prefieren las opciones menos riesgosas.

Fuente: elespectador.com

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