Reflexionan sobre la escultura tequitqui: una manifestación artística del siglo XVI realizada por indígenas

Reflexionan sobre la escultura tequitqui: una manifestación artística del siglo XVI realizada por indígenas

Para Flores Morán, se trata de una escultura colonial del siglo XVI, realizada por indígenas, pero que están reinterpretando los modelos europeos con sus propias técnicas y con sus propias tradiciones

Tequitqui es una palabra que proviene del náhuatl, la cual significa “tributario” o “el que paga tributo”, un término que se va a utilizar para designar a un tipo de escultura en el que confluyen las tradiciones artísticas indígenas y europeas, es un arte que no está relacionado con códices, ni con pintura mural, para las cuales hay otros conceptos, sobre todo vinculada a la que se hizo en el siglo XVI.

La escultura tequitqui es un vínculo entre el arte prehispánico y la escultura novohispana; es decir, el tránsito entre el arte precolombino y la cultura española, plenamente desarrollada, resaltó Aban Flores Morán al dictar la lección “Escultura tequitqui”, como parte del ciclo La escultura en México, coordinada por él junto con Eduardo Matos Moctezuma, integrante de El Colegio Nacional.

De acuerdo con el también coordinador del Diplomado en Historia del arte mexicano —Centro de Enseñanza para extranjeros de la UNAM—Museo Nacional de Arte), el origen del término lo creó José Moreno Villa, quien antes de llegar a México se convirtió en director del Archivo del Palacio de Madrid, aun cuando va a ser uno de los intelectuales que salió al exilio en 1937, primero a Estados Unidos y después a México.

“Es interesante, porque lo que va a ser Moreno Villa cuando llega a México es recorrer el territorio que le está dando acogida. Entonces a caballo, a pie o en auto recorrió los distintos pueblos de México, habló con las personas que habitaban estos lugares y se “apropiar” del territorio que le está dando acogida. Es muy interesante porque, justo en estos recorridos, él se da cuenta que algo es diferente: las iglesias se parecen a lo que está ocurriendo en España, la decoración sigue siendo los santos, pero hay algo distinto, que no se vería en el territorio español”.

La interpretación más común que se dio hasta inicios del siglo XX es que este arte “eran producciones imperfectas, estaban toscas, mal hechas; incluso, algunos autores decían que era una degeneración del arte español”, pero José Moreno Villa, en lugar de verlo de esa manera: las interpreta como el resultado creativo del indígena. “Es decir, el escultor no está fracasando en imitar: está creando un lenguaje nuevo. A este lenguaje nuevo, [Moreno Villa] le va a llamar tequitqui”.

“Esto [concepto] lo crea en 1942. Es interesante porque en ese momento se están creando muchos de los términos que el día de hoy utilizamos en el día a día; sencillamente, Mesoamérica se crea, o se publica, en 1939, tres años antes del tequitqui”.

El concepto va a ser una forma de nombrar la diferencia dentro de la semejanza: es decir, es la manera en la cual se nombra esta escultura colonial del siglo XVI, realizada por indígenas, pero que están reinterpretando los modelos europeos con sus propias técnicas y con sus propias tradiciones.

Aun así, el término va a establecer un paralelo muy importante con un concepto que se ocupaba mucho en España, el término mudéjar. “Ambos significan tributario y, en este sentido, hacen vínculo con la condición de vasallaje que tenían sus creadores”. Si bien el término de arte mudéjar fue creado por José Amador de los Ríos en 1859, cuando entra a la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, de Madrid.

En el caso del término tequitqui, señaló Aban Flores, una de las primeras definiciones que nos ofrece Moreno Villa es su carácter tributario y, quizás, sea uno de los grandes aciertos que va a tener, porque al decir que este arte tiene un carácter tributario, lo que muestra es la asimetría del fenómeno, “hay alguien que está imponiendo un estilo, una forma de hacer a una gran población”.

El desarrollo de la escultura tequitqui

Durante el siglo XVI, en 80 años, se construyeron alrededor de 300 conventos en todo el actual territorio mexicano y, además de ello, muchos no se hicieron una sola vez, sino que tuvieron dos o tres construcciones antes de las que vemos en la gran mayoría de los pueblos, “lo que nos muestra es que para hacerlos, junto con la escultura, se necesitó una enorme fuerza de trabajo, que se consiguió por medio del tributo, por medio del tequio que debía de entregar los pueblos para poder realizar estos edificios”.

Con su maestría y doctorado en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en los que obtuvo mención honorífica, el catedrático recordó que ese carácter tributario no necesariamente explica otras artes: por ejemplo, el Códice Florentino no se explica por medio del tributo, sino por otras dinámicas que se van a hacer presentes.

“La plumaria tampoco se explica por medio de un tributo, sino por un trabajo especializado que se va a contratar para tener un producto particular; en ese sentido, el carácter tributario parece ser que si es algo muy particular de la arquitectura y la escultura y algo también muy importante es que el indígena no solamente entregaba su fuerza de trabajo, sino con ello también se filtraba su conocimiento técnico y esto es otra de las características que va a identificar Moreno Villa”.

A partir del epiclásico, entre el 600 y el 900, se crea una forma de esculpir muy particular, en la cual se observan relieves planos con aristas muy pronunciadas y, en el cual, los detalles se van a estar marcando con pequeñas incisiones, “como lo podemos ver en una de las grandes obras del epiclásico: la Pirámide de Quetzalcóatl, en Xochicalco”.

“Esta forma de esculpir [está] presente en esculturas producidas por los mexicas, como es el caso de la Coyolxauhqui, donde pueden darse cuenta cómo tiene aristas muy pronunciadas, que generan zonas muy planas, en las cuales se tienen ciertos elementos que se van a marcar con líneas incisas, como se observa en los pliegues que se hace en el vientre de la Coyolxauhqui”, resaltó el doctor Flores Morán.

Esta forma de esculpir fue la que se filtró, o con la que se hicieron los nuevos edificios y las nuevas esculturas; en el caso de Moreno Villa, él nota esta característica, y dice que el relieve es bajo y tiene una silueta marcada. La portada de la iglesia de Tepoztlán es uno de los grandes ejemplos donde se ven esta característica.

“Si nos acercamos a ver los ángeles que están cargando esta cartela, que no sabemos que se decía ahí, se puede ver claramente esta forma en la cual se está cortando la piedra que genera superficies o aristas muy pronunciadas y cómo con las líneas incisas se están marcando los pliegues de la ropa, las alas, incluso el rostro del ángel”.

El investigador destacó que una de las definiciones de José Moreno Villa acerca del arte tequitqui se refiere a la dureza y el primitivismo: con dureza se refiere a la manera en la cual se está creando el contorno, pero no va a cambiar su forma, “tenemos líneas rectas, líneas curvas, pero no vamos a tener cambios en estas líneas que le den una imagen más naturalista”.

“Una de las grandes críticas que tuvo Moreno Villa fue la idea del primitivismo. Cuando se decía que era un arte primitivo, sobre todo en la década de los 70 y en la década de los 80, se le daba una idea de un arte evolutivo que se pensaba que iba de lo más sencillo a lo más complejo, pero Moreno Villa veía lo primitivo de una manera distinta: veía autenticidad, fuerza espiritual, una relación con la naturaleza, un contacto más fuerte con las emociones, y a todo eso le llamó primitivismo; entonces, no constituye un signo de inferioridad, sino es una cualidad estética que está vinculada a esta libertad creadora y a esa expresividad”.

En la escultura tequitqui, uno de los signos o elementos prehispánicos que se integran es el corazón. “Tengan en cuenta que, por ejemplo, el Templo Mayor, donde existen muchas esculturas que tienen esta oquedad para obtener la obsidiana adentro, aún no se había dado a conocer y excavado como lo vemos el día de hoy.

“Algo en lo cual Moreno Villa no tuvo un acierto es que pensaba que el tequitqui no tenía una persistencia temporal. Es decir, había surgido en el siglo XVI, pero se había proyectado hasta el siglo XVIII y ponía como ejemplo una imagen ubicada en la iglesia de Santa Mónica, en Guadalajara.

“El día de hoy sabemos que el tequitqui está unido a todo un proyecto, está vinculado a las órdenes mendicantes, a las condiciones sociales políticas y culturales que se estaba dando en el siglo XVI, a la construcción de los conjuntos conventuales y cuando este fenómeno se empieza a transformar, porque el clero secular empieza a tener más poder, surgen los gremios que organizan para hacer las obras de arte, cuando empiezan a surgir nuevos modelos artísticos, como es el mismo caso del barroco, entonces desaparece el fenómeno que le va a dar origen a este arte”.

Abán Flores Morán explicó durante su cátedra que, si bien es cierto que algunas manifestaciones posteriores pueden conservar algunos rasgos formales o técnicos a la forma a la hora de hacer este tipo de esculturas, al responder a procesos históricos distintos, ya no puede entenderse como parte de este arte de tequitqui.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

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