Detalló que una de las aportaciones del hospital fue tener una mayor sobrevida en los pacientes leucémicos, y es uno de los más importantes y prestigiados del planeta; “atiende 18 millones de niños al año”
“Seguiremos insistiendo sobre el papel fundamental que tienen los institutos de salud para atender a la población, para formar los recursos humanos que se requieren y también para hacer investigación científica”, subrayó Adolfo Martínez Palomo, miembro de El Colegio Nacional, al iniciar la conferencia Aportaciones científicas del Hospital Infantil de México Federico Gómez, como parte del ciclo Los institutos nacionales de salud: orígenes y perspectivas.
El médico mexicano recordó que el hospital infantil tiene tres funciones esenciales: la asistencia médica, la enseñanza pediátrica y la investigación, estas fueron y siguen siendo sus pilares. La institución se inauguró un día del niño, el 30 de abril de 1943. “Entre sus funciones, se encontró la preparación de pediatras, que conocieran a fondo los problemas patológicos que afectaban a la niñez mexicana”.
Al tomar la palabra, el cirujano maxilofacial Vicente Cuairán Ruidíaz enfatizó que, en dos semanas, el nosocomio cumple 83 años. “No todos son aportaciones científicas como tal. También hay una serie de contribuciones que son importantes para el desarrollo de la medicina del país. Es una obra que tardó en construirse tres sexenios, desde que se gestó la idea, motivada por pediatras de aquella época. Se trata del crisol de la pediatría mexicana”.
El médico del área de Estomatología del Hospital Infantil de México expuso que esta institución fue la primera dependencia no estadounidense, en el mundo, certificada por la Joint Commission de Estados Unidos. “Es uno de los hospitales más importantes y prestigiados del planeta. Hasta ahora atiende a 18 millones de niños al año; 14 millones en consulta externa; y cuatro en urgencias. Además, realiza 50 millones de estudios de laboratorio e imagen y cinco mil operaciones anuales. En números, esto representa una contribución no sólo a la Medicina, sino a la salud del pueblo de México”.
Con relación a sus orígenes, el especialista detalló que la idea de un hospital pediátrico nació en los años veinte, gracias a Manuel Escontria y Mario Torroella, quienes fueron entrenados en la escuela de Medicina de París, Francia, país que contaba con un hospital de niños enfermos fundado por Napoleón Bonaparte. “Surgió con el proyecto de un hospital del niño el 31 de mayo de 1933. Inicialmente se llamaba el Hospital del Niño y, en 83 años, no ha tenido, ni siquiera una docena de directores, lo que habla del sentido de continuidad”.
De acuerdo con Cuairán Ruidíaz, las contribuciones científicas y a la enseñanza de la medicina de este nosocomio consistieron en que fue el primer hospital pediátrico donde se enseñaba a los médicos que ya habían terminado las carreras y querían especializarse en el área pediátrica. “En 1950, impartió el primer curso de cirugía pediátrica, lo que fue relevante, porque en la Facultad de Medicina no se impartía pediatría. También fue la primera unidad de investigación y creó grupos como el de infectología, diarrea infecciosa de lactante, tumores, hematología y virología. Pero una de las contribuciones más importantes fue el desarrollo de la vacuna contra la polio por vía oral”.
Agregó que, entre sus unidades y laboratorios de investigación están la de virología y cáncer, la de neurodesarrollo, la de investigación en enfermedades oncológicas, así como la de investigación en inmunología y proteómica. “El hospital infantil de México tiene asignadas nada más 50 plazas de investigadores, comparadas con las 181 de nutrición, y aunque el presupuesto es infinitamente menor a los demás, cada investigador realiza cinco publicaciones por año”.
Otra de las grandes contribuciones a la medicina fue la primera revista pediátrica en Iberoamérica, que fue el Boletín médico del Hospital Infantil, considerada una de las tres mejores revistas pediátricas en Latinoamérica.
“El hospital también fundó su propiedad editorial, y permitió la publicación de libros como Pruebas emergentes de laboratorio; Enfermedades parasitarias; Historia médica del niño, desde el nacimiento a la adolescencia, así como los primeros libros de cirugía en el país escritos por Jesús Lozoya y Felipe Cacho en 1959. También se encuentra la que se consideró ‘la Biblia’ de las urgencias en pediatría, de José Alberto García Aranda”.
En relación con los programas nacionales, el médico señaló que esta dependencia implementó el Programa de hidratación oral, que consistía en un sistema para la reducción de la mortalidad infantil por diarreas mediante la hidratación oral, que fue todo un éxito. Además, impulsó el de reanimación neonatal, que tenía como propósito la capacitación estandarizada en reanimación neonatal en todo el país, con el objetivo de reducir la mortalidad en esta etapa, asociada a la asfixia perinatal, y se implementó desde el 2001.
“El hospital es la cuna de la cirugía cardíaca pediátrica, ahí se curó la hipotermia profunda y el paro circulatorio en lactantes, y fue el primero en realizar trasplantes cardiacos. En este lugar se realizan 300 cirugías anuales de alta complejidad”. El científico concluyó que la mayor aportación de la dependencia es tener una mayor sobrevida en los pacientes leucémicos.
Fuente: El Colegio Nacional


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