Restos de un fraile español en México eran de una mujer azteca

Restos exhibidos durante 50 años como los de un fraile español en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca (México), han sido identificados en un nuevo estudio como los de una mujer de una tribu azteca.

Tras un terremoto en 2017 que dañó esta edificación, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), emprendió un proceso de reestructuración y estudio que incluyó el dictamen de un enterramiento cuya cédula refería su pertenencia al monje Juan Leyva quien sirvió a la marquesa Juana de Zúñiga y Arellano, esposa de Hernán Cortés.

Esta conclusión derivó de su asociación con una jamba adornada con la flor de cuatro pétalos, indicativo de la última etapa constructiva del siglo XVI, y su localización en la portería de la “casa vieja”, sitio donde las fuentes históricas señalan la inhumación del fraile, informa el INAH en un comunicado.

Pero a los arqueólogos les resultó extraño “el hecho de que a un clérigo lo hayan enterrado fuera de su comunidad, aún más que su sistema de enterramiento tampoco se asocie con los cánones católicos de la época. Está más relacionado con un entierro prehispánico, que bien podría pertenecer a la época de contacto o anterior, puesto que se trata de un enterramiento primario, directo e individual, con un espacio de inhumación rellenado y recubierto por grandes rocas; la posición se observó en decúbito lateral sobre el costado izquierdo, con las extremidades flexionadas hacia la región torácica”.

Un análisis más detallado del contexto arqueológico indicaría que se trató de un entierro ofrendado a la clausura de la Etapa III (1450-1500 d.C.), “por ello, no contiene elementos asociados y su posición, frente al acceso norte, estaría sellando el espacio”. Esto, como parte de una de las ampliaciones del Tlatocayancalli (“la casa donde concurren los arroyos”, en náhuatl), donde se recolectaban los tributos de las poblaciones dependientes del señorío de Cuauhnáhuac.

Mediante el estudio antropofísico in situ, el nuevo estudio estableció que se trata de un individuo femenino: “la observación craneana señala a un sujeto grácil sin inserciones musculares prominentes […]; de igual forma, la pelvis es claramente femenina. Esto se contrapone al hecho de que se trate del monje Juan Leyva”.

La edad fue calculada a partir del desgaste dentario y cierre de suturas craneanas: entre los 30 y los 40 años, aproximadamente. A pesar del señalamiento de “vértebras deformadas”, no se observaron enfermedades en el esqueleto, cuyo húmero (de 276 mm) fue utilizado para valorar la estatura aproximada del individuo, que debió ser de 1.47 metros. Asimismo, existe una marca ligera de modificación cefálica intencional, la cual podría señalar un tipo craneano tabular erecto, lo que también le asociaría a grupos prehispánicos, posiblemente al tlahuica.

Los expertos indican que restos dispersos de otros dos individuos (un infante y un subadulto) se encuentran asociados al entierro y, además, se observa el húmero de un cérvido adulto, el cual debió servir de herramienta, debido a que muestra huellas de tratamiento térmico.

Bajo esta argumentación, la ventana arqueológica fue reabierta con una nueva cédula, la cual consigna la pertenencia del entierro a una mujer tlahuica, tribu azteca que fundó su señorío y tecpan en la colina de Cuauhnáhuac.

Fuente: notimerica.com

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