‘Plantean riesgos sanitarios y de bioseguridad’: crean en Internet un mercado para momias y restos humanos
Científicos han localizado manos, cabezas y otros restos humanos a la venta en redes sociales y tiendas online
Internet permite comprar prácticamente cualquier cosa. Y esto incluye manos momificadas, cráneos con restos de piel y pelo, cabezas humanas decapitadas e incluso momias completas. Un estudio publicado en el International Journal of Cultural Property ha analizado 128 publicaciones y lotes de subastas online relacionados con restos momificados: 122 correspondían a seres humanos y seis a animales. Más de la mitad de las piezas humanas eran cabezas en distintos estados de conservación.
Y no hablamos necesariamente de la dark web. Estudios anteriores ya habían descubierto grupos que se dedican a comprar y vender restos humanos en Facebook e Instagram, incluidos grupos privados en los que coleccionistas y comerciantes hacen negocios. Un estudio de 2024 publicado en Internet Archaeology describe directamente este comercio como una actividad próspera facilitada por las redes sociales.
Damien Huffer, osteoarqueólogo de la Universidad de Adelaida y uno de los investigadores que lleva años estudiando este mercado, lo explica en Live Science: “Cada cosa siempre encontrará un hogar si el precio es el adecuado”. Huffer había seguido decenas de grupos privados utilizados para comerciar con restos humanos, sobre todo seguidos por coleccionistas, y asegura que siempre encuentran vendedor.
Una momia no es solo una antigüedad
Lo curioso del nuevo estudio es que pone el foco en qué ocurre cuando una de esas piezas llega por correo a casa de alguien que no sabe cómo manipularla. Los investigadores encontraron 13 publicaciones en las que los restos mostraban posibles signos visibles de colonización por hongos. En otros 22 casos, las fotos mostraban personas manipulando restos momificados sin guantes.
Además, que una pieza parezca limpia tampoco garantiza que lo esté. Cualquier tejido blando conservado puede presentar cierto grado de colonización microbiana que no necesariamente resulta visible a simple vista. Y que puede ser muy perjudicial para seres humanos vivos.
“Estos restos conservados plantean riesgos sanitarios y de bioseguridad”, advierte Kirsty Squires, profesora de bioarqueología humana de la Universidad de Staffordshire y autora principal de la investigación. El problema, explica, procede tanto de los microorganismos favorecidos por un almacenamiento deficiente como de las sustancias empleadas históricamente para conservar los cuerpos.
Una investigación microbiológica realizada sobre las momias de las Catacumbas de los Capuchinos de Palermo, citada por el estudio, identificó bacterias y hongos sobre piel, músculo, cabello y huesos, y concluyó que la elevada concentración de esporas fúngicas en el aire podía representar un riesgo potencial para los visitantes.
Y a esto se suma otro problema: algunos métodos históricos de conservación utilizaron sustancias como arsénico, mercurio o plomo. El Museo Nacional de Australia recuerda, por ejemplo, que muchas instituciones utilizaron polvos de arsénico durante los siglos XIX y XX para proteger restos momificados del deterioro biológico, y que estos productos no pueden eliminarse completamente.
Y lo peor es que los compradores tampoco son necesariamente los únicos expuestos. Los restos se enviaban entre países mediante servicios postales ordinarios, incluso cuando las propias compañías prohibían ese tipo de mercancía. Eso puede poner en contacto con ellos a trabajadores de almacenes, repartidores o funcionarios de aduanas que desconocen lo que contiene el paquete.
Pero más allá de la salud existe una cuestión difícil de ignorar: lo que se está vendiendo fueron personas. El Museo Nacional de Antropología de España recuerda en sus propias normas que los restos humanos “no son simplemente bienes culturales” y que deben ser tratados con dignidad y respeto.
Fuente: lavanguardia.com
