Científicos descubren circuito cerebral clave para la flexibilidad cognitiva
El cerebro humano enfrenta a diario situaciones imprevistas que exigen ajustes inmediatos: buscar un desvío ante una calle bloqueada, dominar una nueva herramienta laboral o modificar una rutina establecida. Estas actividades dependen de la flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de abandonar una estrategia obsoleta y adoptar una nueva.
Sin embargo, este proceso se ve alterado en trastornos como el TDAH, la depresión, la esquizofrenia y la enfermedad de Alzheimer.
Un reciente estudio de la Universidad de California en Riverside, publicado en la revista eLife, ha identificado un circuito cerebral fundamental para esta habilidad.
Los investigadores hallaron que la comunicación entre una pequeña región encargada de regular la atención y el aprendizaje, denominada locus coeruleus, y la corteza prefrontal —asociada con la planificación y la toma de decisiones— permite reorganizar la actividad neuronal cuando las circunstancias requieren cambiar de conducta o aprender nuevas reglas.
El papel del locus coeruleus en la adaptación
Aunque es una estructura diminuta, el locus coeruleus ejerce una gran influencia sobre el cerebro al distribuir noradrenalina a regiones vinculadas con la atención, el aprendizaje y la toma de decisiones.
“El locus coeruleus actúa como un regulador clave que permite al cerebro cambiar entre diferentes estados conductuales de manera eficiente”, explicó Hongdian Yang, autor principal del estudio.
Los investigadores comprobaron que la comunicación entre esta región y la corteza prefrontal resulta esencial para reorganizar la actividad neuronal cuando las circunstancias exigen modificar una conducta aprendida.
Cómo demostraron la función del circuito
Para estudiar este mecanismo, los científicos entrenaron ratones en una tarea de aprendizaje basada en reglas. Al inicio, los animales debían encontrar una recompensa usando una pista específica, como la textura de un material. Luego, sin previo aviso, la regla cambiaba y debían guiarse por otra señal, como el olor.
Cuando los investigadores inhibieron selectivamente el locus coeruleus mediante técnicas genéticas, los animales tuvieron dificultades para adaptarse. Seguían empleando la estrategia anterior incluso cuando ya no era efectiva y necesitaron más intentos para aprender la nueva regla.
Los ratones del grupo control alcanzaron el criterio de aprendizaje tras aproximadamente 16 ensayos, mientras que aquellos con el circuito inhibido necesitaron alrededor de 24 intentos.
Un cerebro más activo, pero menos eficiente
Mediante microscopía de calcio, una técnica que registra la actividad de cientos de neuronas simultáneamente, los investigadores analizaron lo que ocurría en la corteza prefrontal durante el aprendizaje.
Sorprendentemente, al bloquear el locus coeruleus aumentó la cantidad de neuronas activas en la corteza prefrontal. Sin embargo, ese incremento no mejoró el rendimiento. Por el contrario, la actividad cerebral se volvió menos organizada: más neuronas participaban al mismo tiempo, pero la información relevante quedaba mezclada con señales irrelevantes, dificultando que el cerebro identificara cuál era la estrategia correcta.
“Esto sugiere que el locus coeruleus ayuda a mantener una relación señal-ruido adecuada para organizar la actividad de la corteza prefrontal durante decisiones complejas”, explicó Yang.
Los análisis computacionales mostraron además que, sin esta regulación, la corteza prefrontal perdía capacidad para identificar la etapa de aprendizaje en la que se encontraba el animal y para anticipar sus decisiones futuras.
Qué implicancias tiene para enfermedades neurológicas y psiquiátricas
Los autores señalan que la alteración de este circuito podría ayudar a explicar las dificultades para modificar conductas y adaptarse a nuevas situaciones que se observan en trastornos como el TDAH, la depresión, la esquizofrenia y el Alzheimer.
Investigaciones previas ya habían identificado signos tempranos de deterioro del locus coeruleus en algunas de estas enfermedades, especialmente en la enfermedad de Alzheimer. Según Yang, estos resultados permiten identificar nuevos objetivos terapéuticos orientados a restaurar la flexibilidad cognitiva y mejorar la capacidad de adaptación.
Aunque todavía se trata de investigaciones en modelos animales, los hallazgos ofrecen una visión más precisa sobre cómo el cerebro reorganiza sus redes cuando enfrenta cambios inesperados.
Comprender este mecanismo podría contribuir en el futuro al desarrollo de tratamientos destinados a preservar funciones cognitivas esenciales para el aprendizaje, la toma de decisiones y la adaptación a lo largo de la vida.
Fuente: Infobae
