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¿A qué ritmo envejecen nuestros órganos? Las proteínas en nuestra sangre podrían dar pistas de la salud de nuestro cuerpo

Establecer la edad de los diversos órganos puede servir de base para diseñar intervenciones para la salud, como modificaciones del estilo de vida, que reduzcan nuestro riesgo de enfermar

A medida que nuestras células envejecen, experimentan una serie de cambios químicos que con el tiempo deterioran los tejidos y los órganos y que, eventualmente, conducen a nuestra muerte.

Sin embargo, y en contra de lo que cabría pensar, parece que estos cambios no son uniformes en todo el cuerpo: un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature ha encontrado que los órganos pueden envejecer a diferentes velocidades entre sí y entre diferentes personas, con las implicaciones que ello puede tener para nuestra salud.

Mayor riesgo de enfermedad y muerte prematura

Esta conclusión es el resultado del estudio de once órganos diferentes y de la identificación de proteínas en la sangre cuyos niveles son indicativos del envejecimiento de los mismos (lo que se denomina como biomarcadores). Midiendo estos niveles, los autores realizaron lecturas de más de 5.600 participantes; alrededor de una quinta parte de ellas cumplía los criterios del autor para el envejecimiento acelerado de al menos un órgano.

No sólo eso, sino que esos órganos “hiper envejecidos” se asociaron a una prevalencia más alta de enfermedad e incluso a un mayor riesgo de muerte prevalente.

En base a ello, los investigadores creen que los test de proteínas relacionadas con el envejecimiento de los órganos podrían ser útiles para identificar y tratar problemas del envejecimiento, elaborando planes personalizados de tratamiento. De hecho, ya existen enfoques similares basados en el monitoreo de los niveles de ciertas proteínas.

Determinando el envejecimiento de los órganos

Este trabajo se asienta en un ya nutrido corpus de literatura previa que había identificado varios hitos del envejecimiento a nivel celular, como la acumulación de mutaciones o los cambios en el epigenoma (una serie de ‘etiquetas’ químicas adheridas al ADN). Incluso, durante la pasada década los investigadores han desarrollado algoritmos capaces de procesar estas indicaciones para establecer la ‘edad biológica’ de una persona (en oposición a la edad cronológica).

Precisamente, los estudios en esta dirección ya alumbraron que uno de los hitos del envejecimiento es un cambio en las proteínas que el cuerpo produce. Para explorar el modo en el que los órganos envejecen, estos autores en primer lugar analizaron casi 5.000 proteínas en muestras de sangre de 1.398 adultos sanos, e identificaron cerca de 850 originadas principalmente en un un sólo órgano. Después, entrenaron a un algoritmo de inteligencia artificial para predecir la edad de una persona en base a los niveles de estas proteínas. Finalmente, validaron el modelo empleando muestras de sangre de más de 4.000 personas.

Los resultados mostraron que la edad biológica de un órgano se relaciona al riesgo de enfermedad. por ejemplo, cerca del 2% de los participantes mostraban un envejecimiento acelerado del corazón (esto es, niveles de proteínas en sangre relacionados con el envejecimiento del corazón sustancialmente diferentes a los de otras personas de la misma edad. Tener un corazón prematuramente envejecido se relacionó con un aumento del 250% en el riesgo de experimentar un fallo cardíaco.

Aplicaciones clínicas

En conjunto, determinar la ‘edad biológica’ de un órgano es complejo. Por ejemplo, hasta ahora no está del todo claro de qué modo los cambios epigenéticos se relacionan con otros parámetros del envejecimiento. Por ello, los biomarcadores de proteínas no deben convertirse en el único indicador del envejecimiento, sino ser una herramienta más a la hora de elaborar un perfil más completo. Por otro lado, y debido al papel que juegan las proteínas en prácticamente todos los procesos del cuerpo a nivel celular, conocer los cambios en los niveles de proteínas puede darnos pistas para el desarrollo de fármacos que contrarresten los efectos de este envejecimiento.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que esta clase de trabajos pueden servir para establecer relaciones, pero no determinan si los cambios en los niveles de las proteínas son catalizadores de los daños asociados al envejecimiento o, por el contrario, son un mero subproducto de los mismos.

Esto no quiere decir que los biomarcadores no sean útiles para, por ejemplo, ayudar a las personas a tomar decisiones respecto a ciertos aspectos de su estilo de vida. A medida que estos tests del envejecimiento se vayan perfeccionando y haciendo más precisos, podrían servir de base para intervenciones efectivas en la salud de las personas.

Fuente: 20minutos.es