Emergen detalles (e incógnitas) sobre el mayor brote de hantavirus transmitido de persona a persona

En un lapso de 175 días, entre noviembre de 2018 y marzo de 2019, 34 personas en una zona acotada de la Patagonia argentina y chilena contrajeron síndrome pulmonar por hantavirus transmitido de persona a persona, en lo que representa el mayor brote de ese virus dispersado por vía interhumana que se registra en el mundo. El brote fue causado por el virus Andes (variante Sur) y produjo 11 muertes, lo que implica una tasa de letalidad de 32%.

Ahora, la bioquímica Valeria Paula Martínez, Ph. D., del Laboratorio Nacional de Referencia para Hantavirus del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, que depende de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS), en Buenos Aires, afirmó que los resultados preliminares de análisis no permitieron hallar determinantes moleculares o genéticos virales asociados a esa vía de transmisión.

Por tanto, “todos los casos de síndrome pulmonar causados por virus Andes deberían considerarse como dispersores potenciales”, enfatizó Martínez durante una exposición en el XV Congreso Argentino de Microbiología, que se celebró en esta ciudad del 25 al 27 de septiembre.

El resultado no modifica la conducta recomendada frente a los casos sospechosos. “Aunque hubiera una prueba [para determinar si la cepa de hantavirus tiene o no potencial de transmisión interhumana], la persona se contagia antes del diagnóstico: se estableció que el momento de la infección ocurre alrededor del día del inicio de la fiebre”, señaló Martínez a Medscape en Español.

La jefa del Servicio de Biología Molecular del Laboratorio Nacional de Referencia para Hantavirus agregó: “Cada vez que hay un caso, lo único que se puede hacer es el seguimiento de los contactos [definidos como las personas en contacto con el paciente el día de inicio de la fiebre ± 2 días] y la implementación de las medidas que cada provincia o jurisdicción considere, como la cuarentena o el aislamiento respiratorio”.

Cuatro generaciones de casos de contagio

“El hecho de que no se hayan hallado determinantes virales de la transmisión persona a persona, ¿es para quedarse tranquilos o para preocuparse?”, preguntó al final de la exposición uno de los asistentes, el Dr. Fernando Goldbaum, Ph. D., director del Centro de Rediseño e Ingeniería de Proteínas de la Universidad Nacional de San Martín y jefe de Inmunología y Microbiología Molecular de la Fundación Instituto Leloir, en Buenos Aires.

“Fue un análisis preliminar. Lo que tenemos planificado ahora es aislar la cepa para confirmar si es más transmisible en ensayos experimentales. Mientras tanto, se debería considerar que cualquier virus Andes puede generar este tipo de eventos”, respondió Martínez.

En América, el virus Andes y el resto de los hantavirus son transmitidos al humano principalmente por la inhalación de aerosoles cargados de partículas virales provenientes de heces, orina y saliva de roedores sigmodontinos infectados, como el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) en Sudamérica y el ratón ciervo (Peromyscus maniculatus) en América del Norte. Mientras en Argentina y en el resto del continente producen cuadros conocidos como síndrome pulmonar o cardiopulmonar por hantavirus, de baja incidencia y elevada mortalidad, en Europa y en Asia los hantavirus ocasionan un grupo de enfermedades conocidas como fiebres hemorrágicas con síndrome renal, de alta incidencia y baja letalidad.

Sin embargo, desde un brote en 1996 con 18 casos confirmados en la zona de El Bolsón, una localidad turística en la Patagonia argentina, se sabe que el virus Andes también tiene la capacidad de transmitirse de persona a persona. Desde entonces se identificaron al menos 15 eventos esporádicos de transmisión persona a persona (padre o madre a hijo/a o entre parejas) de variantes del virus Andes en las provincias patagónicas de Chubut, Río Negro y Neuquén, así como en la provincia de Buenos Aires. Pero en ningún caso la cadena de transmisión interhumana excedió los tres eslabones.

La magnitud del último brote tomó a la población y a las autoridades por sorpresa. El origen, a partir de una fiesta de cumpleaños, así como su progresión, fueron escalofriantes.

Durante la presentación, Martínez reveló aspectos poco conocidos de la dinámica del brote, como el hecho de que solo 10 personas de las 34 actuaron como “dispersores”, y que hubo cuatro generaciones de casos de contagio.

El brote se inició en la localidad andina de Epuyén, Chubut, pero pronto comenzó a dispersarse. Los casos con relación epidemiológica se extendieron al norte hasta El Bolsón (Río Negro), a 40 km, y al sur hasta Trevelin, Chubut, a 150 km, y a Palena (Chile), a 250 km. “Una paciente viajó a Chile, inició sus síntomas ahí y contagió a una amiga que nunca había estado en el país”, recordó Martínez. También se registraron casos en El Maitén y Esquel, ambos en Chubut. Visto en un mapa, todos los casos se concentraron en una franja rectangular de 175 km de altura y aproximadamente 50 km de ancho.

Una clave: las reuniones masivas

Según informó Martínez, tres reuniones masivas o “eventos de alta dispersión” originaron 65% de todos los enfermos. El caso índice o “paciente cero” del brote, que los medios de comunicación identificaron luego como un hombre jubilado de 68 años, sospecha que pudo haber estado expuesto al virus cuando para visitar a su hija transitó un lugar en el que los lugareños recolectan hongos.

El sábado 3 de noviembre, pocas horas antes de que empezara a sentir escalofríos, dolor muscular y decaimiento, el jubilado concurrió a un salón para celebrar un cumpleaños. Y según la reconstrucción de los investigadores, en esa ocasión transmitió el virus a otras cinco personas que asistieron a la reunión, de las cuales cuatro estaban en el radio de un metro desde su ubicación en la mesa, mientras que la quinta víctima estaba sentada a 2,5 metros. “Se requirió una distancia pequeña para el contagio si asumimos que las personas estuvieron quietas toda la fiesta”, dijo Martínez, aunque también señaló que hubo otros concurrentes (nueve en el radio de un metro) que estuvieron expuestos y no contrajeron la infección.

Otros dos eventos de transmisión masiva se originaron a partir de uno de los casos secundarios del índice, el caso 2, que contagió a seis personas antes de fallecer. Y durante su funeral, la viuda, que estaba con fiebre, transmitió la infección a otras diez personas, según la reconstrucción de los epidemiólogos.

Los investigadores determinaron que el periodo de incubación de la enfermedad es variable: en dos tercios de los pacientes, fue de 16 a 28 días. Pero hubo un paciente que desarrolló los síntomas apenas 9 días después de haber contraído la infección y, en el externo opuesto, otro que tardó 40 días en hacerlo. “Hasta ahora se creía que el periodo de incubación probable era de 15 a 35 días”, destacó Martínez.

A diferencia de los que había ocurrido en 1996, el brote de hantavirus no se autolimitó, por lo cual para fines de diciembre las autoridades sanitarias decidieron imponer medidas estrictas destinadas a cortar la cadena de transmisión: prohibición de reuniones masivas e identificación de los contactos de riesgo, para su aislamiento respiratorio domiciliario, monitoreo clínico diario y toma semanal de muestras de sangre para análisis virológicos.

La medida probó ser efectiva: después de la implementación, el número reproductivo básico (R0), un parámetro teórico que estima la velocidad con que una enfermedad se propaga en una población y que había llegado a 6 en la semana epidemiológica 48 de 2018, descendió, y se mantuvo debajo de 1 a partir de la tercera semana de 2019.

Martínez señaló que “en cinco oportunidades se detectaron casos antes de que iniciaran los síntomas, aunque no con mucha antelación. Y en esas personas, las provincias decidieron iniciar programas de tratamiento con ribavirina”, un antiviral que según la Organización Mundial de la Salud no está aprobado para la profilaxis o tratamiento del síndrome pulmonar por hantavirus. “¿Se puede hacer una evaluación preliminar de su efectividad?”, preguntó Medscape en Español. “Todos los casos sobrevivieron. Pero uno no puede saber si es por la medicación o porque fueron atendidos precozmente. Se están analizando las muestras”, respondió.

Los últimos dos casos presentaron los síntomas iniciales el mismo día, el 6 de febrero. Y para el 15 de marzo, las autoridades dieron por finalizado el brote.

Un sorprendente revival genético

Tal como actualizó Medscape en Español en su oportunidad, la Secretaría de Salud de Argentina anunció el 19 de febrero que se había hallado un porcentaje de identidad genética mayor a 99,9% entre todas las secuencias de los casos de ese brote analizadas (27 completas y 1 casi completa), lo que confirmó “unívocamente” el mecanismo de transmisión persona a persona.

La cepa del virus Andes fue bautizada Epuyén/18-19. Y los análisis mostraron una inesperada alta identidad genética y aminoacídica con la cepa Epilink/96 que provocó el brote en El Bolsón en 1996. “Es un hallazgo sorpresivo, porque los virus de ARN tienen una tasa de replicación muy alta”, lo que implica una elevada probabilidad de mutaciones, expresó Martínez. Y agregó: “Tendremos que buscar cuál es la explicación biológica. Probablemente tenga que ver con la adaptación de este virus al roedor reservorio”.

Por otra parte, los estudios genéticos y de secuencias de aminoácidos de tres proteínas virales, utilizando en ciertos casos otras cepas de Argentina y Chile como referencia, no permitieron identificar factores que explicaran la transmisión interhumana ni la severidad de la infección (hubo 15 casos moderados y 19 severos, según el compromiso respiratorio y hemodinámico). “La distribución de las presentaciones clínicas fue al azar”, manifestó Martínez.

¿Por qué, entonces, se disparó este último brote? “Esa es la pregunta que nos hacemos, porque oportunidades de eventos masivos hubo todos estos años y nunca ocurrió”, afirmó Martínez. “Es algo que está por responderse todavía. Quizá también tiene que ver el aumento de la población… este tipo de brotes va a ser cada vez más frecuente, por lo cual espero que se hayan aprendidos las lecciones y no se olviden”.

Otra interrogante es si efectivamente el virus Andes es el único hantavirus que se transmite persona a persona. “Después del brote de 1996, varios grupos de investigación hicieron análisis retrospectivos y concluyeron que era el único con esa vía de transmisión. Pero yo no estoy tan segura. Habría que ver qué pasa en aquellos países de Europa que tienen más de 1.000 o 2.000 casos al año, tal vez los tengan y no los hayan identificado”, concluyó la científica.

Fuente: español.medscape.com

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