Manipular embriones para mejorar la especie aumentará la desigualdad, asevera experto en bioética

El presidente de la Red Internacional de Bioderecho, Erick Valdés, se ha mostrado hoy partidario del diagnóstico genético preimplantacional -manipular embriones- con fines terapéuticos, pero ha considerado que “hay que tener mucho cuidado” cuando el objetivo es eugenésico (mejorar la especie humana).

En este último caso, según ha explicado, puede generar “graves complejidades sociales, entre ellas una forma de discriminación más grave y más severa que la actual, y una mayor desigualdad, ya que el acceso a esa práctica estaría mediada por el dinero y el poder económico de cada uno”.

“Esto tiene que estar regulado”, según ha puntualizado el también doctor en Filosofía, Derecho y Bioética.

Valdés, quien es profesor de la Universidad de Princeton (EE.UU), ha participado este lunes en el XXVI Congreso Internacional sobre Derecho y Genoma Humano que se celebra en Bilbao organizado por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

En una entrevista con Efe, ha explicado que el diagnóstico genético preimplantacional no consiste desde el punto de vista científico en una “manipulación genética” ya que no se “edita” un organismo, sino que se trata de escanear un embrión humano antes de implantarlo para ver si sufre alguna patología y, en se caso, descartarlo.

Este fue el primer uso de esta práctica, ha añadido, pero después se dio su uso para seleccionar el sexo e incluso se puede utilizar para dotar a la futura persona de más belleza o inteligencia o introducir discapacidades (uso disgenésico), como es el caso de padres sordos que quieren que su hijo también sea sordo.

“Desde mi punto de vista -según ha dicho- debe haber una regulación que permita las prácticas genéticas con fines terapéuticos (prevención de enfermedades); tener mucho cuidado con aquellas que tenga fines eugenésicos y prohibir de plano las prácticas disgenésicas”.

Un tema complejo

Ha remarcado que el diagnóstico genético preimplantacional supone “un avance de la ciencia y la biociencia, y es beneficioso”, pero a la hora de regularlo, principalmente en los casos de disgenesia, hay que tener en cuenta que el “embrión no es una persona, no respira y carece de proyecto vital, por lo que la regulación debe centrarse en que el sujeto pasivo será la persona futura”.

“El tema es complejo en relación por ejemplo a las personas ciegas, sordas o enanas, consideradas discapacitadas, pero no enfermas, y que desean tener un hijo con ese condicionante, como ocurrió en 2002 en Estados Unidos”, donde se permitió el nacimiento de un hijo de padres sordos a cuyo embrión le habían introducido la sordera.

“En este caso se trata de introducir en el embrión características irreversibles, que implican una determinación de la autonomía del futuro individuo y que, por tanto, es muy grave”, ha opinado, a la vez que ha insistido en que “el sujeto de derechos es la personas futura y no el embrión presente”.

Ha destacado que, en la actualidad, hay diferentes legislaciones en cada país sobre estas prácticas, aunque la mayoría permiten la fecundación in vitro, que supone la destrucción de muchos embriones hasta conseguir el viable, y ha resaltado que la ética y el derecho son los encargados de fijar las reglas en este asunto.

En relación a la selección del sexo, Valdés ha cuestionado su uso debido a que se rige por “patrones culturales y, por tanto, no es neutral”.

“En una sociedad machista, donde las mujeres tienen menos oportunidades, los padres elegirán hombres, lo que nos llevaría a una sociedad sin mujeres. Los padres negros también podrían seleccionar hijos blancos. Esto presenta controversias radicales”, ha dicho.

Fuente: EFE

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