Los efectos inesperados del cambio climático: la primavera empieza antes, y los humanos sufrimos más enfermedades

Con el tema del cambio climático corremos el peligro de terminar por cansar a la gente. Rara es la semana en la que no salen noticias al respecto, y al final tanta información puede acabar saturando. Pero es un tema suficientemente importante como para que hablemos de él, especialmente cuando salen informes que explican el impacto directo sobre nuestras vidas en el presente, no problemas futuros.

Porque esta semana coinciden dos estudios que demuestran el efecto que hoy en día tiene el cambio climático. El primero es mucho más directo y sencillo de entender: un grupo de expertos alerta de que, debido al incremento de la temperatura de los océanos, hay enfermedades que se dan en lugares donde antes eran impensables. El segundo trata el efecto que tiene en nuestra vida diaria el hecho de que la primavera se esté adelantando.

Empecemos por el más sencillo. Los seres vivos tienen un rango de temperaturas en los que pueden vivir, algo que todos sabemos. No vamos a encontrar especies tropicales en Alaska ni osos polares en la jungla. Pero claro, si las condiciones cambian, los organismos migran.

Cuando estos organismos son patógenos, responsables de provocar enfermedades, el asunto cambia de enfoque. Y es lo que está pasando. En el estudio se dan dos ejemplos concretos. El primero es el de los blooms de algas rojas, los crecimientos desmedidos de estos organismos marinos que resultan tóxicos y “contaminan” la comida conocidos como “mareas rojas”.

Hoy en día ya los encontramos de manera mucho más común y habitual en zonas donde antes no se daban. Esto tienen un impacto claro en la vida de las personas. Afecta a la cantidad de marisco y pescado que se puede aprovechar, y si no se detecta a tiempo conlleva enfermedades y en muchos casos, la muerte de quienes consuman estos productos.

El segundo ejemplo es aún más directo, ya que se trata de un patógeno, no de algo que puede serlo. Vibrio vulnifucus es una bacteria patógena, que causa la muerte en un porcentaje importante de las personas que la contraen, entre un tercio y la mitad. Hasta ahora esta bacteria estaba contenida en el Golfo de México, pero comienzan a darse casos en Alaska, a más de 1.000 kilómetros.

Y por si esto no fuese suficiente, tenemos el segundo estudio. En este caso los investigadores se han centrado en algo completamente diferente: cuándo llega la primavera a los Parques Nacionales americanos. Y la respuesta es que cada vez lo hace antes.

Dicho así, no parece tener mucho sentido. Hay que entender dos cuestiones. La primera, por qué se realiza el estudio en Parques Nacionales. La respuesta es sencilla: al tratarse de espacios protegidos, el impacto más importante es el cambio climático. Hay otros factores, evidentemente, pero son menores o se pueden analizar y minimizar con facilidad.

Y llegamos al factor clave. La primavera no puede llegar antes a un lugar que a otro, ¿no? Es una fecha en un calendario, y todos los lugares siguen el mismo. Lo que ocurre es que “primavera” no se define así en estos estudios. Los científicos se refieren al momento en que aparecen los primeros brotes, cuando las plantas salen de su letargo invernal. Esto es lo que se ha adelantado.

Las consecuencias son claras, y algunas bien conocidas. En primer lugar, se desacompasa la floración de la llegada de insectos y aves polinizadoras. Los animales se siguen guiando, principalmente, por la cantidad de horas de luz – conocido como fotoperiodo. Éste no cambia, con lo que las migraciones llegan después del momento culmen de floración, con el problema que esto supone.

Pero hay otros efectos menos patentes. Que la primavera empiece antes les da una ventaja a las especies invasoras, uno de los “cuatro jinetes de la extinción”. Y cualquier cosa que ayude a las especies invasoras es mala noticia.

Y existe aún otro factor que merece la pena comentar. Al comenzar la, llamémoslo, primavera biológica antes, las plantas modifican los ciclos del agua. Comienzan a emplear agua antes, generando vapor de agua en las hojas, que contribuyen a modificar el ambiente local – el microhábitat, como se le conoce en terminología técnica. El vapor de agua, no lo olvidemos, es otro gas de efecto invernadero, con lo que el aumento global de temperaturas se traduce en un aumento local mayor. Tal vez no en gran medida, pero que hay que tener en cuenta.

Lo que queda claro es que el cambio climático ya ha llegado, y ya se están viendo sus efectos. No es algo que vaya a pasar en el futuro, y sobre lo que tendrán que preocuparse nuestros hijos o nietos. Ya estamos en ello.

Fuente: noticias.yahoo.com

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