La posibilidad de reproducir humanos a partir de células cutáneas alarma a muchos expertos

Casi 40 años después de que el mundo se sacudió por el nacimiento del primer bebé de probeta, una nueva revolución en la tecnología reproductiva se aprecia en el horizonte… y promete ser mucho más controvertida de lo que jamás fue la fecundación in vitro.

El proceso, llamado gametogénesis in vitro, o GIV, hasta ahora solo se ha empleado en ratones. Sin embargo, los biólogos expertos en células madre dicen que es solo cuestión de tiempo para que pueda usarse en la reproducción humana, lo cual abriría un mundo de posibilidades muy inquietantes.

Con la GIV, dos hombres podrían tener un hijo relacionado biológicamente con ambos, mediante el uso de células cutáneas de uno de ellos para producir un óvulo que se fecundaría con esperma del otro. Las mujeres con problemas de fertilidad podrían obtener óvulos hechos a partir de sus células cutáneas, en lugar de pasar por el largo y costoso proceso de estimular sus ovarios para recuperar sus óvulos.

“Me produce inquietud porque no sabemos a qué puede conducir esto”, dijo Paul Knoepfler, un investigador de células madre de la Universidad de California en Davis. “Imagínate a un hombre que proporcione tanto óvulos como esperma, casi como si se clonara. También podrás imaginarte que el hecho de que los óvulos estén tan disponibles llevaría a la creación de bebés de diseñador”.

Algunos científicos incluso hablan de lo que llaman la “situación Brad Pitt”, que sucederá cuando alguien recupere las células cutáneas de alguna celebridad de la cama o la tina de un hotel. El bebé también podría tener lo que un profesor de leyes llamó padres “múltiples”.

Tres prominentes académicos en los campos de la medicina y las leyes levantaron la alarma sobre las posibles consecuencias de esto en un artículo publicado este año.

“La GIV puede incrementar el espectro del ‘cultivo de embriones’ a una escala hasta ahora inimaginable, lo que podría exacerbar las inquietudes sobre la devaluación de la vida humana”, escribieron Eli Y. Adashi, profesor de ciencias médicas de Brown; I. Glenn Cohen, profesor de la Escuela de Leyes de Harvard; y George Q. Daley, decano de la Escuela de Medicina de Harvard, en la revista Science Translational Medicine.

Cuán pronto la GIV podría convertirse en una realidad para la reproducción humana, es una cuestión que suscita grandes debates.

“No me sorprendería si fueran cinco años, pero tampoco si fueran 25”, señaló Jeanne Loring, investigadora del Instituto de Investigación Scripps, que junto con el zoológico de San Diego, espera usar la GIV para aumentar la población del casi extinto rinoceronte blanco del norte.

Loring dijo que cuando debatió sobre la GIV con colegas que en un principio decían que nunca se usaría en humanos, su escepticismo fue desapareciendo conforme avanzaba la conversación. Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que la GIV alguna vez se convierta en un proceso de uso frecuente en la reproducción humana, incluso si se resuelven las cuestiones éticas.

“Las personas son mucho más complicadas que los ratones”, afirmó Susan Solomon, directora ejecutiva de la Fundación de Células Madre de Nueva York. “Y a menudo hemos visto que cuanto más te acercas a algo, más obstáculos descubres”.

La GIV no es la primera tecnología reproductiva que desafíe el paradigma básico de cómo se hacen los niños. Cuando la fecundación en vitro comenzaba, a muchos les horrorizaba la idea de crear bebés fuera del cuerpo humano. Aún así, la FIV y otros procedimientos relacionados se han vuelto tan comunes que ahora representan cerca de 70.000, o casi el dos por ciento, de los bebés nacidos anualmente en Estados Unidos. De acuerdo con los cálculos más recientes, ha habido más de 6,5 millones de bebés nacidos en todo el mundo mediante la FIV y otras tecnologías relacionadas.

Por supuesto, incluso la FIV no es universalmente aceptada. La Iglesia Católica se mantiene firme en su oposición a la fecundación in vitro, en parte porque a menudo lleva a la creación de embriones extra que se congelan o desechan.

Fuente: nytimes.com

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