Se usaría tecnología de bombeo hidroeléctrico, que almacena energía moviendo agua entre dos niveles.
- Cerca de 500.000 minas de carbón abandonadas en Estados Unidos.
- Infraestructura subterránea ya excavada, hoy sin uso.
- Conversión posible en almacenamiento hidroeléctrico por bombeo.
- Electricidad renovable almacenada durante horas o incluso días.
- Reutilización de espacios degradados, sin nuevas presas.
- Impulso económico para antiguas comunidades mineras.
- Red eléctrica más estable frente al crecimiento de solar, eólica y centros de datos.
Las minas de carbón abandonadas de EE. UU. podrían convertirse en gigantescas baterías subterráneas
Las minas de carbón abandonadas forman parte del paisaje industrial de Estados Unidos desde hace décadas. Muchas cerraron antes de que existieran normativas estrictas de restauración ambiental, dejando tras de sí pozos abiertos, aguas contaminadas y terrenos inestables. Durante años han sido un problema difícil de gestionar.
Ahora, ese legado podría transformarse en algo muy distinto: infraestructuras energéticas clave para la transición hacia las renovables.
Investigadores del Oak Ridge National Laboratory (ORNL) han desarrollado modelos avanzados para estudiar cómo miles de minas abandonadas podrían reutilizarse como sistemas de almacenamiento hidroeléctrico por bombeo, una de las tecnologías más maduras y eficientes para almacenar electricidad a gran escala.
La idea es sencilla en concepto, aunque compleja en ingeniería: utilizar los túneles y cavidades subterráneas de las minas como reservorios de agua que funcionen como baterías gigantes.
Cómo una mina puede convertirse en una batería
El almacenamiento hidroeléctrico por bombeo (PSH, por sus siglas en inglés) funciona mediante un ciclo de agua entre dos depósitos situados a diferente altura.
Cuando sobra electricidad —por ejemplo, durante horas de fuerte producción solar o eólica— se utiliza para bombear agua hacia un depósito elevado. Cuando la red necesita energía, el agua vuelve a descender, moviendo turbinas que generan electricidad.
Este sistema puede almacenar energía durante mucho más tiempo que las baterías químicas convencionales.
En el caso de las minas de carbón, los túneles profundos podrían actuar como depósitos inferiores naturales, mientras que instalaciones en superficie servirían como depósito superior. El agua circularía entre ambos mediante bombas y turbinas reversibles.
La gran ventaja es que gran parte de la infraestructura ya existe bajo tierra, excavada durante décadas de actividad minera.
Una tecnología dominante en almacenamiento energético
Aunque las baterías de litio acaparan titulares, el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo sigue siendo el pilar del almacenamiento energético mundial.
En Estados Unidos existen 43 centrales de bombeo hidroeléctrico, que aportan aproximadamente el 95 % del almacenamiento eléctrico a escala de red.
El problema es que las instalaciones tradicionales requieren condiciones geográficas muy específicas: grandes diferencias de altura, disponibilidad de agua y terrenos adecuados para embalses.
Eso limita su expansión.
Las minas abandonadas podrían cambiar esta ecuación, porque proporcionan volúmenes subterráneos profundos ya excavados, lo que reduce la necesidad de grandes obras en superficie.
Modelos avanzados para evaluar su viabilidad
El equipo del ORNL ha desarrollado modelos hidrodinámicos y químicos de alta fidelidad para estudiar cómo funcionaría este tipo de almacenamiento dentro de antiguas minas.
La investigación se centra en dos aspectos críticos.
El primero es el modelado hidrodinámico, que analiza cómo se movería el agua dentro de los complejos sistemas de galerías mineras. Las minas suelen ser estructuras laberínticas con diferentes niveles, cavidades y conexiones, lo que requiere simulaciones detalladas para evitar problemas de presión o estabilidad.
El segundo es el modelado químico, ya que muchas minas contienen minerales que pueden alterar la calidad del agua o provocar corrosión en las turbinas y tuberías. Algunos residuos mineros generan fenómenos como el drenaje ácido de mina, un problema ambiental bien conocido.
Comprender estas interacciones químicas es esencial para garantizar la durabilidad de las instalaciones.
Los modelos también permiten evaluar la estabilidad estructural de los túneles, un factor clave para soportar la presión del agua almacenada.
De pasivo ambiental a infraestructura energética
Las minas abandonadas son mucho más que espacios vacíos bajo tierra. Muchas representan riesgos reales.
Entre los problemas más frecuentes se encuentran pozos abiertos, hundimientos del terreno, contaminación de acuíferos y acumulación de gases peligrosos. Estos riesgos afectan a carreteras, viviendas e infraestructuras cercanas.
En 2025, el gobierno estadounidense destinó 725 millones de dólares a programas de limpieza y restauración de minas abandonadas.
Convertir parte de estas instalaciones en infraestructura energética reutilizada podría reducir costes de restauración al tiempo que crea nuevos activos industriales.
Es una idea cada vez más presente en la transición energética: reutilizar espacios industriales degradados en lugar de ocupar nuevos territorios.
Un salvavidas para las comunidades mineras
La transición energética también tiene una dimensión social.
Durante décadas, muchas regiones de Estados Unidos dependieron casi por completo del carbón. A medida que este combustible pierde peso en el sistema energético —su participación podría caer por debajo del 1 % en 2035, frente al 45 % en 2010— numerosas comunidades enfrentan una fuerte contracción económica.
La reconversión de minas en sistemas energéticos podría generar empleo local en ingeniería, construcción, mantenimiento y gestión energética.
Además, aprovechar infraestructuras existentes suele implicar menores tiempos de desarrollo que construir grandes presas o centrales desde cero.
Redes eléctricas bajo presión
El interés por el almacenamiento energético no es casual.
El crecimiento de la energía solar y eólica, junto con el aumento de consumo eléctrico asociado a la electrificación del transporte, la climatización y los centros de datos para inteligencia artificial, está sometiendo a las redes eléctricas a tensiones cada vez mayores.
Las renovables generan electricidad de forma variable. Hay días con exceso de producción y otros con escasez.
Por eso, el futuro energético depende cada vez más de sistemas capaces de almacenar electricidad durante largos periodos, algo que las baterías de litio no siempre pueden hacer con eficiencia económica.
El almacenamiento hidroeléctrico puede mantener energía durante muchas horas o incluso días, actuando como un gran amortiguador del sistema eléctrico.
Potencial
La reconversión de minas abandonadas en sistemas de almacenamiento energético encaja con una tendencia más amplia: la reutilización inteligente de infraestructuras industriales del pasado.
En lugar de ver las minas como cicatrices del pasado fósil, esta estrategia propone transformarlas en pilares del sistema energético del futuro.
Si la tecnología demuestra ser viable a gran escala, podría aportar varias ventajas relevantes.
Primero, acelerar la integración de energías renovables, permitiendo almacenar excedentes solares o eólicos durante periodos largos.
Segundo, reducir la necesidad de nuevas infraestructuras invasivas, aprovechando cavidades ya excavadas bajo tierra.
Tercero, ofrecer nuevas oportunidades económicas en regiones afectadas por el declive del carbón, facilitando una transición energética más justa.
Y quizá lo más interesante: demuestra que la transición energética no consiste solo en construir tecnologías nuevas, sino también en reinterpretar el legado industrial existente.
Viejas minas que durante décadas alimentaron centrales de carbón… podrían acabar ayudando a almacenar electricidad limpia. Una especie de giro histórico. Casi poético, si se piensa bien.
Fuente: ecoinventos.com


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