El CIMMYT en Toluca y Ciudad Obregón realiza innovación genética y trabaja en la creación de nuevas variedades de trigo
El aumento sostenido de las temperaturas y su impacto sobre la disponibilidad de agua no es una proyección científica. Es una realidad que ya transforma la producción agrícola.
Cada grado adicional de temperatura acerca a cultivos clave como el trigo, a sus límites fisiológicos y del agua disponible para riego. Y las olas de calor durante etapas críticas del desarrollo del grano reducen rendimientos, afectan la calidad y acortan los ciclos agrícolas.
Así lo expresó el director general del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), Bram Govaerts, quien advirtió que el calor extremo y la creciente variabilidad climática, ejerce una presión directa sobre los sistemas agroalimentarios.
Frente a este escenario, fortalecer la resiliencia agrícola requiere acelerar la innovación científica, ampliar la inversión en investigación y consolidar alianzas entre productores, instituciones públicas y centros de investigación.
Afirmó que este enfoque es también fundamental para avanzar en los objetivos de la estrategia gubernamental del Plan México, que se orienta a fortalecer la autosuficiencia alimentaria, impulsar la resiliencia climática y consolidar sistemas agroalimentarios más estables mediante ciencia, innovación y colaboración institucional.
En Toluca, una de las estaciones experimentales clave del CIMMYT, los científicos trabajan en programas de mejoramiento genético que integran décadas de conocimiento acumulado con tecnologías modernas para acelerar el desarrollo de nuevas variedades de trigo.
“Sí una variedad demuestra resistencia en Toluca es muy probable que también sea resistente en muchas otras regiones productoras”, explicó Karim Ammar, científico principal de CIMMYT y jefe del programa de mejoramiento de trigo duro y triticale.
Durante los últimos años, la infraestructura científica en esta estación se fortaleció para acelerar los procesos de mejoramiento genético. Actualmente, cuenta con dos hectáreas de invernaderos donde se avanza en generaciones de cultivo bajo condiciones controladas.
Combinado con los ciclos de cultivo en campo entre Toluca, en el Estado de México y Ciudad Obregón, en Sonora, este sistema permite generar hasta tres generaciones por año y con ello, acelerar el desarrollo de nuevas variedades de trigo.
A esto se suma el uso de cámaras de crecimiento con iluminación especializada, que permiten acelerar aún más los ciclos de selección genética y alcanzar hasta cinco generaciones por año.
“Esto nos permite desarrollar un sistema de mejoramiento acelerado, mucho más eficiente que antaño”, dijo Ammar.
Estas herramientas permiten responder con mayor rapidez a los desafíos que plantea el cambio climático. Además, que facilita el desarrollo de variedades más resilientes capaces de mantener su productividad y calidad bajo condiciones climáticas cada vez más variables.
Alianzas, clave para la innovación
En el sur de Sonora, una de las regiones más importantes para la producción de trigo en México. Y posiblemente donde hoy en día sufre más de la escasez de agua generada por el cambio climático, la alianza entre productores y cientificos, tiene raíces profundas.
Y se remontan a los primeros trabajos del doctor Norman Borlaug, cuyas investigaciones sentaron las bases de la Revolución Verde, que le valió el Premio Nobel de la Paz, en 1970.
Convencidos del potencial de la ciencia agrícola, los productores decidieron apostar por la investigación como herramienta para mejorar la productividad y enfrentar los riesgos del campo.
Esta visión permitió establecer el Centro Experimental Norman E. Borlaug (CENEB), resultado del esfuerzo conjunto de productores agrícolas del sur de Sonora y del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP); del Patronato para la Investigación y Experimentación Agrícola del Estado de Sonora, A.C. (PIEAES), el CIMMYT y diversos actores del sector agrícola regional.
Desde hace medio siglo, el CENEB, es la Meca de la investigación de trigo a nivel mundial. Es clave para la investigación, evaluación y reproducción de nuevas variedades de trigo, así como para la validación de tecnologías que posteriormente se adoptan en el campo.
Actualmente esta colaboración entre científicos, productores e instituciones públicas es fundamental para acelerar la innovación agrícola en el país y a nivel mundial.
Ciencia aplicada para escalar soluciones
Actualmente, el CIMMYT opera 46 plataformas de investigación agronómica en 16 estados de la República, donde se generan datos en condiciones reales de producción.
Estas plataformas permiten validar prácticas regenerativas, mejorar el manejo de agua y reducir los riesgos productivos bajo distintos contextos agroecológicos.
Al integrar ciencia, productores y políticas públicas, estas plataformas contribuyen a reducir la brecha entre el desarrollo de nuevas tecnologías y su adopción en el campo.
Frente a un clima cada vez más incierto, la resiliencia agrícola, dependerá cada vez más de la capacidad de anticipar el impacto del calor extremo, mejorar la gestión del agua y acelerar la adopción de innovación tecnológica en el campo.
Lograrlo requiere fortalecer las alianzas entre los centros de investigación, productores, gobiernos y sector privado. Así como promover políticas públicas basadas en evidencia científica.
Así, la experiencia acumulada por CIMMYT durante 60 años, junto con su red de colaboradores en México, representa una base sólida para contribuir desde la ciencia al fortalecimiento del Plan México.
Y a la construcción de sistemas agroalimentarios más resilientes frente al cambio climático.
Fuente: oem.com.mx


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