Cuatro estrategias científicas para combatir el odio en redes sociales

La vigilancia de los grupos de odio online es un interminable juego del ratón y el gato. Los moderadores eliminan una página neonazi en Facebook, pero unas horas más tarde aparecen otras nuevas. La estrategia no funciona, así que un equipo de físicos ha realizado un estudio de redes para sugerir varios enfoques alternativos que sí podrían funcionar.

La magnitud del problema: el equipo de la Universidad George Washington (EE. UU.) examinó durante unos meses la dinámica de las “comunidades de odio” (grupos que organizan a individuos con puntos de vista similares) en las redes sociales Facebook y VKontakte (el equivalente ruso). Los investigadores descubrieron que estas redes están muy interconectadas a nivel local y resisten a pequeños niveles cuando son atacadas, sustituyendo plataformas y cambiando de países, continentes e idiomas. Para comprobar que esta interconexión también existe en el mundo real basta con ver cómo los terroristas extremistas blancos de Noruega, Nueva Zelanda y Estados Unidos se han inspirado explícitamente entre sí.

El método actual no funciona: el modelo matemático de los investigadores predice que vigilar una única plataforma, como Facebook, puede dificultar la difusión del discurso de odio, por lo que, el tiempo, el discurso podría moverse al terreno de la clandestinidad, donde sería aún más difícil de estudiar y combatir. El equipo presentó sus hallazgos en un reciente artículo en Nature.

¿Qué se puede hacer? Los investigadores sugieren cuatro estrategias que podrían ser implementadas por las empresas de redes sociales:

  1. Prohibir los grupos de odio relativamente pequeños, en lugar de los grandes. Los grupos pequeños son más fáciles de localizar, y eliminarlos podría ayudar a evitar que crezcan.
  2. Prohibir el acceso a un pequeño número de usuarios elegidos al azar de los grupos de odio online. Esto evita la prohibición de grupos enteros de usuarios, que suele generar indignación y denuncias por supresión de la libertad de expresión.
  3. Fomentar la creación de grupos de usuarios “anti-odio” que contrarresten a los grupos de odio.
  4. Dado que muchas comunidades de odio online tienen puntos de vista opuestos, los administradores de la plataforma pueden introducir un grupo artificial de usuarios para sembrar la división entre estos grupos. Los investigadores encontraron que este tipo de enfrentamientos podría derribar a los grandes grupos con puntos de vista opuestos.

¿Qué probabilidad hay? Algunas de las estrategias, especialmente las dos últimas, son bastante radicales. Pero dado que los métodos actuales resultan tan ineficaces, seguramente sería útil que las compañías de redes sociales las prueben. Ahora todo queda en manos de Mark Zuckerberg.

Fuente: technologyreview.es

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