Los investigadores descubren una nueva especie de cocodrilo extinto en la misma roca utilizada para construir la Gran Esfinge de Egipto
El espécimen de ‘Herugavialis cairensis’, gautizado en honor al dios egipcio Horus, vivió hace 45 millones de años
La Formación Mokattam se sitúa al norte de Egipto, en los alrededores de El Cairo. Está compuesta de roca caliza rica en fósiles marinos. Sus canteras se han explotado desde la antigüedad. De allí se extrajeron, por ejemplo, los materiales para construir las pirámides de Giza y la Gran Esfinge.
En la década de 1920 se encontraron varios fósiles que datan de hace 45 millones de años. Entre ellos figuraba un cráneo casi completo, caracterizado por un hocico largo y estrecho, con una hilera de dientes finos especializados para atrapar peces. Un nuevo estudio ha descubierto ahora que estos restos pertenecen a una especie extinta de cocodrilo.
El dios del cielo, la realeza y la guerra
Según explican los investigadores del Museo Sueco de Historia Natural en un artículo publicado en la revista Royal Society Open Science, lo que inicialmente se pensó que eran evidencias de que pertenecía al género Tomistoma, conocido como el “falso gavial”, han resultado ser un nuevo grupo al que se ha bautizado como Herugavialis cairensis en honor al dios egipcio Horus, deidad del cielo, la realeza, la guerra y la protección.
Un detalle del cráneo, que se conserva en relativo buen estado, llamó especialmente la atención de los investigadores. Tal y como le pasa a la Esfinge, que habría perdido su nariz en un acto vandálico en el siglo XV, según el historiador Al-Maqrizi, este cocodrilo prehistórico tampoco conserva la punta del hocico.
Construido alrededor del año 2.500 antes de Cristo, en la época del faraón Kefrén, el monumento mide unos 73 metros de largo y 20 de alto y se esculpió en el mismo montículo de roca caliza en el que apareció el cocodrilo extinto.
El animal forma parte de la especie de los gaviales, un grupo caracterizado por sus morros largos y delgados. En la actualidad solo quedan dos especies vivas —Gavialis gangeticus y el llamado falso gavial Tomistoma schlegelii—, que habitan en el sur y el sudeste asiático, respectivamente.
Los registros fósiles, sin embargo, demuestran que los gaviales estuvieron distribuidos por gran parte del planeta durante un periodo de más de 100 millones de años, y que muchas especies vivían en entornos marinos poco profundos.
Hace unos 45 millones de años, durante el Eoceno, el norte de Egipto estaba cubierto por un mar cálido y somero, parte del antiguo océano de Tetis, situado entre los desaparecidos continentes de Gondwana y Laurasia.
“La región mediterránea ha albergado una gran diversidad de cocodrilos a lo largo de los últimos 50 millones de años”, señala Paul Burke, autor principal del estudio. “Sin embargo, esta diversidad ha fluctuado a lo largo del tiempo, aparentemente en consonancia con los cambios en las temperaturas globales y el nivel del mar”, añade.
Herugavialis no fue el único cocodrilo que habitó en Egipto en aquella época. Al menos otras dos especies de gavial poblaron los entornos marinos poco profundos que cubrían gran parte de la región. Pero todos desaparecieron cuando el Mediterráneo se secó hace unos seis millones de años.
Estudiando el interior del cráneo
Los expertos del Museo Sueco de Historia Natural realizaron una tomografía computarizada para examinar el interior del cráneo y pudieron identificar varias diferencias entre el espécimen de Mokattam y el género Tomistoma, determinando así que se trata de una especie hasta ahora desconocida.
“El fósil se halló en el mismo tipo de roca empleada para construir la Esfinge y, al igual que al emblemático monumento, le faltaba la nariz. Es por esta semejanza que bautizamos a la nueva especie de cocodrilo como Herugavialis cairensis en honor a Horus, quien habría inspirado la famosa escultura monolítica”, concluye Paul Burke.
Fuente: lavanguardia.com
