Un mapa para el camarón del futuro: La genómica como clave en la acuicultura sostenible

Ricardo Pérez Enríquez

El doctor es Investigador Titular C en el Programa de Acuicultura en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (Cibnor), ubicado en La Paz, Baja California Sur.

Para hablar sobre este tema, habría que empezar con dos preguntas: ¿Qué es la genómica? ¿A quién le importa que la estudiemos? Aunque lo lógico sería contestar la primera, me enfocaré en principio en la segunda, ya que eso dará un contexto más adecuado para referirme al tema de la genómica.

La respuesta a la segunda interrogante es que, sin duda, a los camarones no les importa lo que estudiemos o dejemos de estudiar. Por otro lado, a ti, que gustas de disfrutar de un buen ceviche, de unos camarones empanizados o cocinados de mil maneras, pues, por el momento, tampoco (ojalá que al terminar de leer este texto cambies de opinión).

A quien sí le interesa es a los acuicultores; este es un gran grupo de personas dedicadas al cultivo de camarón en granjas que siempre están a la búsqueda de tecnologías cada vez más sustentables que les permitan obtener un mejor producto, en menor tiempo y con menos gastos…, más rentable, en pocas palabras. Esto lo consiguen con alimentos más nutritivos, con camarones más sanos (que se enfermen menos), que resistan condiciones ambientales extremas (sí, también tiene que ver el calentamiento global), entre otras características.

Aquí es donde entra la genómica, que es básicamente el estudio del ácido desoxirribonucleico o ADN para descifrar y entender la información que se guarda en esta importante molécula presente en todos los seres vivos. Estudiar la genómica quiere decir: saber cómo se conforma su código genético; en qué partes de la larga secuencia de ADN se encuentran genes determinados; qué funciones tienen ciertas regiones del ADN, y qué partes del genoma nos pueden servir como marcadores, entre otras cosas.

Y esto, al final de cuentas, se puede traducir en avances tecnológicos para, por ejemplo: seleccionar genéticamente a los «mejores» camarones (aquellos que resistan eficazmente a los patógenos, crezcan más rápido, aprovechen al máximo el alimento o se reproduzcan más); diseñar alimentos más adecuados para la nutrición; crear «chips» que nos permitan obtener las huellas genéticas (característica útil para análisis de parentesco y distinción de poblaciones), o planear estrategias para obtener poblaciones de camarones predominantemente hembras (¡ojo!, las hembras de los camarones crecen más que los machos).

Para lograr lo anterior, se realizan muchos tipos de estudios. Uno de ellos es construir un mapa del genoma; esto es, saber en cada uno de los cromosomas (el camarón tiene 44 pares) cuál es la secuencia de las cuatro «letras» de las que se compone el ADN ─formalmente, llamadas bases nucleotídicas: adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T) ─. Para ello, el ADN de un camarón se corta en segmentos que son «leídos» por un aparato llamado secuenciador. Los datos se manejan en computadoras muy poderosas para reensamblarlos en su posición original. Es como si tuviéramos que armar 44 rompecabezas lineales, pero ¡con las piezas de todos ellos revueltas en una misma bandeja!

Eso es justamente lo que estamos haciendo en el Cibnor mediante el proyecto de investigación llamado «Re-escritura del mapa genómico del camarón Litopenaeus vannamei», financiado por la Convocatoria de Proyectos de Ciencia de Frontera Conacyt-2021. Al final de la investigación, se espera que esta contribución sea un pilar para el desarrollo de nuevos estudios que apoyen al mejoramiento de la producción del camarón de cultivo, tanto en México como en otras partes del mundo.

Ahora que sabes qué es un mapa genómico y por qué estudiamos al genoma del camarón, esperamos que ya no sólo te interese un buen ceviche, sino también la ciencia que hay detrás de la acuicultura sostenible de este crustáceo.

Fuente: elsoldemexico.com.mx