Plantas embajadoras

Ivón M. Ramírez Morillo, Germán Carnevali Fernández-Concha, Rodrigo Duno de Stefano y José Luis Tapia-Muñoz.

Herbario CICY, Centro de Investigación Científica de Yucatán A. C. (CICY)

Una planta que crece en una región cualquiera, pero que no es nativa de la misma, se le ha llamado de diferentes formas: invasoras, exóticas, introducidas, entre otros términos. Sin embargo, consideramos conveniente darle un nuevo nombre y llamarlas plantas embajadoras, para referirnos en particular a plantas nativas de otras regiones y que se han convertido, algunas de ellas, en plantas importantes y emblemáticas en nuestra región, estado o país. El término de embajadoras no es nuestra invención, lo escuchamos recientemente en una excelente plática de la Maestra Verónica Franco en relación al Jardín Botánico “El Charco del Ingenio”, en Guanajuato. El término, entonces, lo usamos en este artículo, para referirnos a plantas que representan oficialmente a la flora de un país o región extranjera.

Varias plantas embajadoras se han convertido en parte importante del paisaje urbano, en jardines, inclusive como parte de la literatura, del arte visual y de la música de nuestro entorno. Pero ¿cómo podemos afirmar que una planta es o no nativa de cierto lugar? ¿Cuál evidencia es necesaria para determinar el origen geográfico de una especie en particular? ¿Dónde están o estaban sus ancestros o poblaciones originales?

Para reunir esta evidencia, realizamos investigaciones sobre la ancestría de las especies basándonos en diferentes datos (morfológicos, genéticos, etc.), que nos sugieran relaciones ancestro-descendiente y así, podemos determinar con cierto grado de certeza el origen geográfico de ciertos grupos de organismos, uniendo además evidencia geológica y los patrones naturales de migración. Esto no es tarea fácil y muchas veces hay evidencia contradictoria que puede sustentar más de una hipótesis. En otros casos, las hipótesis más parsimoniosas incluyen la consideración de extinciones o eventos de dispersión a larga distancia. Luego, para complicar más el escenario, nosotros somos en muchos casos los agentes dispersores de dichas plantas, saltando barreras insalvables para ellas y oscureciendo la evidencia sobre el lugar de origen o rangos de distribución geográfica de especies particulares.

Las plantas embajadoras se caracterizan, entre otras cosas, porque usualmente presentan problemas para reproducirse fuera de su lugar de origen: algunas veces crecen bien en su nueva tierra, pero no florecen; otras florecen pero no forman frutos y hay que polinizarlas manualmente; otras forman frutos pero no semillas, o las semillas cuando presentes no germinan solas, aunque ocasionalmente algunas germinan, pero el éxito de cada plántula requiere del cuidado del hombre. Otras, en cambio, una vez establecidas, forman rizomas o estolones y se convierten en grandes colonias, como por ejemplo, muchas gramíneas, desplazando en varias ocasiones a especies nativas por ser más competitivas.

Para ilustrar estos aspectos, les comentamos brevemente sobre plantas embajadoras de la península de Yucatán, y seguramente de muchos lugares del trópico americano.

El flamboyán (Delonix regia), una embajadora de Madagascar

Delonix regia (Hook.) Raf. es otra leguminosa bien conocida por todos los que habitamos las tierras calientes del trópico americano, donde su nombre más común es flamboyán. Se le conoce también como tabachín (México), acacia roja (Colombia y Honduras), árbol de fuego (El Salvador) y chivato (Argentina y Paraguay).

En Yucatán es parte del paisaje urbano de casi cualquier ciudad o pueblo; por más pequeña que sea la comunidad, hay un flamboyán. Es ampliamente usado debido a la sombra que proporciona y a la belleza de sus flores. Es tan común que forma parte de la cultura local y es impensable imaginar la región sin este árbol, tanto así que muchos piensan que es nativo, ¿pero lo es? Pues, no. Es nativo de Madagascar, donde por cierto está en peligro de extinción, ya que su distribución natural es restringida y la madera se usa para hacer carbón (Du Puy et al., 1995). Sólo las poblaciones naturales están en peligro de extinción y la especie difícilmente puede desaparecer del planeta por nuestra afición a cultivarla virtualmente en todas partes. Aunque se le considera una maleza en países como Australia, en Yucatán y otras partes de América, no se ha reportado como naturalizada y sólo está presente donde está el hombre, quien la propaga y la siembra. Por último, el flamboyán no es recomendable para sembrar en camellones y escarpas (banquetas) en las calles, ya que sus raíces superficiales levantan el pavimento (Orellana et al., 2007).

La lluvia de oro (Cassia fistula L.) llegó del sureste asiático

El nombre de Cassia es derivado del griego Casia que se refiere a una planta aromática y fragante. Esta especie forma parta de la familia de las leguminosas y es nativa del sureste asiático (desde el sur de Pakistán hasta la India, Myanmar, sur de Sri Lanka, norte de Tailandia) y es el árbol nacional de Tailandia.

Se le conoce también como cañafístula, casia purgante, etc. Es una especie muy apreciada por sus lindos racimos de flores amarillas que se producen generalmente cuando los árboles no tienen hojas; se siembra en jardines y camellones a pesar de que no se le recomienda por sus raíces superficiales, lo que aumenta las probabilidades de que sea derribado en casos de vientos fuertes (Orellana et al., 2007).

A pesar de ser conocida por su valor ornamental, tiene una larga historia de usos medicinales; por ejemplo, la parte interna de los frutos es usada como laxante, ya que posee compuestos antraquinónicos, entre ellos la reína, que confiere efectos laxantes suaves. Asimismo, la madera es útil para la elaboración de artesanías. A pesar de que el uso más conocido de la pulpa del fruto es como laxante, en otras partes del mundo donde se le cultiva, hay reportes de varias otras funciones medicinales.

Flor de mayo (Plumeria rubra), una embajadora parcial

La Plumeria rubra L. conocida en la península de Yucatán como flor de mayo o campechana, es uno de los árboles más comúnmente cultivados en la zona. Se la aprecia por sus hermosas flores, y por su facilidad de cultivo y rápido crecimiento.

El género pertenece a la familia Apocynaceae y todas las especies, con la excepción de algunas formas de P. rubra, tienen flores blancas, frecuentemente con la garganta de la flor de color amarillo. Son todas muy hermosas y se cultivan con frecuencia en las zonas tropicales de todo el planeta. Las flores de Plumeria rubra constituyen uno de los elementos fundamentales en la confección de los “lei” (los collares de flores) en Hawai. La especie es, además, la flor nacional de Nicaragua, donde es llamada Sacuanjoche. La agradable fragancia de sus flores se empleó en una época para preparar un perfume, que era confeccionado por la familia italiana Frangipani, de donde heredó uno de sus nombres comunes, “frangipani”.

Ahora, la especie es nativa de casi toda la parte tropical seca de México y se extiende hasta Nicaragua. Siendo así, ¿por qué la consideramos embajadora? Resulta ser que la mayor parte de las plantas y poblaciones de Plumeria rubra poseen las clásicas flores blancas. Sin embargo, también existen plantas con hermosas flores rosadas, rojas y amarillas (y colores intermedios). Estas variaciones de color son muy cultivadas, frecuentemente mucho más que la forma clásica de flor blanca. Estas plantas de flores de colores diferentes al blanco no son nativas de México. Aun cuando la literatura al respecto es bastante confusa, todo parece indicar que sólo crecen en algunas regiones de Nicaragua, tales como el Volcán Masaya (R. Orellana, com. pers.). Esta diversidad de colores florales, aunado a la belleza intrínseca de la especie, ha resultado en que estas flores de colores variados se cultiven tanto o más que la forma de color clásico. En la península de Yucatán, muchísima gente piensa que la flor de mayo de colores es nativa. A la confusión contribuye el hecho que la especie realmente sí es nativa de aquí, pero solo en su forma de flores blancas.

Las bugambilias (Bougainvillea spectabilis Willd. y B. glabra Choisy), de Suramérica para el mundo

Las bugambilias forman parte del paisaje urbano y rural; no hay pedazo alguno de ciudad o pueblo que no esté adornado con las coloridas flores de estas plantas: trepando las bardas, en las glorietas, enlazándose con árboles los cuales nos engañan con sus flores postizas. Las variantes de color (rojas, naranjas, blancas, lilas, etc.) son variedades producidas en cultivo, básicamente el resultado del cruce y la selección de dos especies nativas de Brasil: Bougainvillea spectabilis Willd. y B. glabra Choisy. Lo colorido no son pétalos ni sépalos, sino brácteas que rodean las flores; estas últimas son blancas y pequeñas, sin mucho chiste. Por su belleza, colorido, fácil cultivo y floración durante todo el año, se la ha introducido en países del cinturón tropical y regiones templado-cálidas, donde no ocurran heladas fuertes. Se le conoce también como veranera en países de América con costas que dan el Océano Pacífico como Colombia, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica y Panamá; trinitaria en países de la cuenca de El Caribe; en el cono Sur (Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay), se la conoce como Santa Rita y Tres Marías.

El género Bouganvillea pertenece a la familia Nyctaginaceae, también conocida como “the four o’clock family” (la familia de las cuatro en punto) porque alguna de sus especies como Mirabilis jalapa L. (maravilla, clavellina o ts’uts’uy xiiw) abre sus flores a esa hora del día.

También se han reportado propiedades medicinales de las bugambilias en México, usándose diversas partes de la planta en el tratamiento de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.

Referencias:

Du Puy, D. J., P. B. Phillipson & R. Rabevohitra. 1995. The genus Delonix (Leguminosae: Caesalpinioideae: Caesalpinieae) in Madagascar. Kew Bulletin 50: 445-475.

Orellana, R., L. Carrillo & V. Franco. 2007. Árboles recomendables para las calles de las ciudades de la Península de Yucatán. Centro de Investigación Científica de Yucatán. Mérida, Yucatán. 80 p.

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