Para pedir ayuda, las mayores barreras son actitudinales, más que estructurales: María Elena Medina-Mora

Para pedir ayuda, las mayores barreras son actitudinales, más que estructurales: María Elena Medina-Mora

“A mayor nivel de estrés ocupacional, se tiene mayor riesgo de trastornos mentales comunes como la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático…Pero no existen muchos de estos servicios de salud en México y el mundo”, señaló la especialista Rebeca Robles García

“A la población le cuesta trabajo pedir ayuda y hemos encontrado que las mayores barreras son actitudinales más que estructurales”, sostuvo María Elena Medina-Mora, miembro de El Colegio Nacional, al coordinar e iniciar el conversatorio “Cuidar a quien cuida, proteger a quien protege: salud mental y resiliencia de los sistemas de respuesta a emergencias”.

La psicóloga se refirió a las dificultades que tienen los trastornos mentales para llegar a tratamiento, aseguró que los mexicanos se encuentran casi siempre en la media de la prevalencia de estos padecimientos, incluyendo las adicciones, pero ocupan el penúltimo lugar en tratamiento, es decir, “a pesar de que tenemos menos personas enfermas, hay más pacientes que no tienen acceso al control de su enfermedad”.

Recordó que una de las encuestas realizadas a adultos de 18 años o más de 21 países, arrojó que la proporción de personas con trastornos mentales que recibieron un tratamiento efectivo, de acuerdo con las guías establecidas por la Organización Mundial de la Salud, en los últimos doce meses, fue de seis de cada cien. “Lo que quiere decir que la proporción que recibe tratamiento es muy baja”. La encuesta mostró que la razón fue por no estar cerca del mismo. Entonces, “es importante que los tratamientos estén cercanos a las personas que necesitan ayuda”.

En un segundo estudio, realizado en 2025, en 25 países, la tasa de prevalencia general de los trastornos de ansiedad generalizada fue de 4.5 %, “y esta prevalencia es más baja en los países de nivel de ingresos bajos y medios. Pero luego vemos que el 34 % de los encuestados con este trastorno afirmó haber tenido algún tratamiento con proporciones más bajas en países de ingresos bajos. En México, el 28% de quienes tomaron tratamiento para este trastorno lo consideró útil”.

Al responder a la pregunta ¿qué relación tiene el poco tratamiento con el uso de la inteligencia artificial (IA) para buscar ayuda? La colegiada expuso que, de acuerdo con una encuesta realizada por la Secretaría de Educación Pública, en la que participaron 1.5 millones de estudiantes y 163 mil docentes de 2 mil 900 instituciones de educación superior, el 93 % de los estudiantes y el 95 % de los docentes declararon conocer la inteligencia artificial generativa y el 60 % de ambos grupos la utiliza en forma cotidiana.

“El 79 % de los docentes y el 82 % de los estudiantes pensaron que era útil como apoyo emocional. Incluso más de 92 mil personas la utilizaron con estos fines. Las mujeres reportaron menor uso general de la inteligencia artificial, pero son quienes más recurren a ella para apoyo emocional. Y nueve de cada diez estudiantes aseguraron que fue útil cuando le pidieron un consejo”, destacó la especialista. Concluyó que uno de los motivos por los que los estudiantes prefieren acudir a la IA, es porque este instrumento les da todo el tiempo a cualquier hora y les da la razón.

Cuidemos a quien nos cuida

Por su parte, Leticia Ascencio Huertas, maestra en psicología experimental, se refirió a las condiciones que enfrentaba el personal de salud durante la pandemia de COVID-19. Detalló que había incertidumbre de cómo controlar la enfermedad, “las indicaciones cambiaban cada cinco minutos, había demasiada información y no se sabía cuál era certera, era un caos el entender la enfermedad, había cada vez más un número elevado de contagios, carga de trabajo exhaustiva, faltaba equipo de protección, y existía el miedo y el estrés constante”.

Agregó que las principales problemáticas desde el punto de vista psicológico por los que atravesó el personal de salud fueron: ansiedad, ataques de pánico, estrés postraumático, estigma, agresiones, distrés, insomnio, depresión, enojo e irritabilidad. “El personal de salud de primera línea tenía que lidiar con todo esto, además de todas las cuestiones médicas que se suscitaban alrededor de la atención frente al COVID-19”.

De acuerdo con la especialista del Departamento de Salud Mental-Instituto Nacional de Cancerología, los principales trastornos que se identificaron en este primer momento fueron el insomnio, la depresión, la ansiedad en salud o somatización, condiciones que realmente requerían una intervención por parte de equipos especializados. “Se empezó también a evidenciar la necesidad de generar la atención al duelo tanto de la población en general como de los profesionales de la salud. ¿Por qué razón? Porque veíamos muerte por todos lados”.

Es así como se creó el programa Cuidemos a quien nos cuida, que se difundió en las páginas de la Secretaría de Salud con la idea de que todo el personal tuviera acceso. El objetivo “era brindar un recurso para atender su salud mental. La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud establecieron diferentes estrategias que guiaron el soporte de salud mental para este personal, que incluso tenía idea suicida”.

La experta recordó que así también se creó la Clínica de depresión, ansiedad y somatización. “Y aquí hubo dos grupos de acciones que nos parecieron importantes: el acompañamiento a cada uno de los profesionales de la salud y la reactivación física”. En México, se hizo un llamado a la participación voluntaria de psicólogos para unir fuerzas y apoyar a los compañeros. “Todos empezamos a capacitarnos con los cursos ya existentes, otros fueron apareciendo en todas las plataformas que pudimos encontrar. Sin importar el horario, quienes lo necesitaban eran atendidos”.

Apuntó que esta clínica atendió a 254 profesionales de la salud, donde el 40 % tuvo riesgo de depresión en tres niveles, 20 % de ellos moderados a graves. Y eso finalmente “indicó que había la necesidad de seguir trabajando la psicopatología para atender a los cuidadores de la salud”.

Por su parte, Rebeca Robles García, ecóloga con especialidad en terapia cognitiva conductual, subrayó que con la experiencia aprendida en la pandemia por COVID-19, se puso en marcha un nuevo modelo para dar tratamiento a las personas con estrés mayor, particularmente a migrantes y a quienes quieren apoyarlos. “Esta crisis es el resultado de las tensiones migratorias en la frontera de Estados Unidos y México a partir del recrudecimiento de las políticas del presidente Trump”.

La especialista del Centro de Investigación en Salud Mental Global y del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz expuso que las personas que ayudan en la tensión migratoria son, por lo general, personal de organizaciones de la sociedad civil y gubernamentales, que están brindando la primera asistencia, ya sea médica, psicológica o de orientación legal a una persona en situación de movilidad.

Señaló que es necesario atender su salud mental, porque este personal tiene un incremento muy notable de su carga laboral y es testigo cercano de la vulnerabilidad psicosocial de los migrantes y de sus eventos traumáticos: “Cuando tú eres testigo muy cercano de un evento traumático, también tienes riesgo de las consecuencias emocionales. También a ti te puede dar estrés postraumático, se llama estrés postraumático secundario o vicario”.

Concluyó que, a mayor nivel de estrés ocupacional, se tiene mayor riesgo de trastornos mentales comunes como la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático, pero también se suman los síndromes de trauma ocupacional como el burnout o el síndrome de agotamiento ocupacional, “lo que implica requerir servicios de salud mental específicamente diseñado para ellos. Pero desafortunadamente no existen muchos de estos servicios en México y el mundo”.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

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