Los sacerdotes del Templo Mayor tuvieron de dónde escoger individuos para ser sacrificados: Diana Moreiras Reynaga

Los sacerdotes del Templo Mayor tuvieron de dónde escoger individuos para ser sacrificados: Diana Moreiras Reynaga

Los análisis demuestran que las víctimas de sacrificio en el Templo Mayor provenían prácticamente de todo el territorio mesoamericano, señaló Moreiras

Los sacerdotes mexicas tenían individuos “de donde escoger” para ser sacrificados en los distintos rituales que se realizaban en el Templo Mayor. Los estudios de isotopía estable han permitido establecer que contaban con “todo tipo” de víctimas, procedentes “de varias regiones de Mesoamérica”, de acuerdo con la investigadora Diana K. Moreiras Reynaga, de la University of British Columbia y la University of Alberta.

Al participar en el ciclo de conferencias La arqueología hoy, que coordina Leonardo López Luján, miembro de El Colegio Nacional, la especialista en bioarqueología mesoamericana dijo que gracias a los análisis se ha podido identificar que algunas víctimas de sacrificio “eran residentes de largo plazo” de la ciudad mexica, por lo que “estaban bien integradas a la sociedad, mucho antes de ser seleccionadas para el sacrificio”.

Moreiras Reynaga dictó la ponencia “Somos lo que comemos. La aplicación de la isotopía estable en la arqueología de Mesoamérica”, en la que expuso las aportaciones de la isotopía estable en la investigación arqueológica de la región, así como su metodología, funcionamiento y usos prácticos y concretos en individuos mexicas y de la zona lacustre de Ecatepec.

A través de los resultados, explicó, “podemos observar que existían diferentes formas de obtener futuras víctimas y de prepararlas para el sacrificio en Tlatelolco y Tenochtitlan, porque en Tlatelolco vemos que la mayoría tenían valores locales, excepto una, pero en Templo Mayor vemos esta diferencia de gran variabilidad de la procedencia geográfica de las víctimas”.

Entre ambas ciudades hermanas, en Tlatelolco y Tenochtitlan, afirmó, “había diferencias en las prácticas sacrificiales. Estos resultados y el perfil biológico de las víctimas nos indican que el sistema de esclavitud tuvo un papel muy importante. Si los sacerdotes tlatelolcas estaban obteniendo individuos locales, se propone que ellos estaban obteniendo individuos a través del sistema de esclavitud”.

En tanto, “en el Templo Mayor había más opciones de dónde obtener víctimas por esta expansión a través de la Triple Alianza y otro tipo de formas como el tributo, regalos diplomáticos y botines de guerra”.

De acuerdo con Moreiras, la aplicación de la isotopía estable en la arqueología se ha consolidado en las últimas cuatro décadas para obtener conocimientos sobre una gran gama de temas, como la alimentación, la subsistencia y el uso de ciertos recursos naturales, la movilidad y la residencia geográfica de animales y seres humanos en el pasado, entre otros.

En Mesoamérica, la aplicación del método isotópico, “no ha sido la excepción, ya que existen numerosos estudios en varias regiones mesoamericanas, particularmente concentrados en el centro de México y en la zona maya. En los últimos años este tipo de análisis ha ganado atracción y está siendo aplicado en una gran gama de contextos arqueológicos mesoamericanos por varios colegas mexicanos como en la Sierra Gorda de Querétaro, en el occidente de México, Veracruz, Tamaulipas o Hidalgo”.

Un ejemplo es el estudio isotópico integral de oxígeno y estroncio de muestras dentales realizado en el sitio maya de Tikal, Guatemala, por la investigadora Lori Wright quien “pudo discernir que entre el 11 y el 16 por ciento de los individuos pasaron su niñez en lugares distantes a Tikal. Asimismo, que los individuos foráneos pertenecían a la élite y a estatus más bajos dentro de la sociedad, por lo que hubo una interacción importante con regiones distantes que contribuyó al auge de Tikal en el Clásico”.

Análisis del consumo

Moreiras explicó que los isótopos se incorporan al cuerpo humano conforme a lo que comemos y bebemos: “De manera que nuestra sangre y todos nuestros tejidos obtienen un valor isotópico con base en los valores de los alimentos y bebidas que consumimos a través de nuestra vida. Si analizáramos los valores isotópicos de sus uñas y cabello, podríamos saber qué tipo de alimentos se consumieron en los últimos meses. Por eso realmente somos lo que comemos y bebemos”.

En arqueología, los tejidos que se utilizan son muestra óseas y dentales, que siempre son los mejor conservados y más abundantes. “El hueso está compuesto de colágeno, que es la parte orgánica y contiene proteínas y la bioapatita que es el componente inorgánico. A través del análisis obtenemos valores promedio, ya que el hueso se remodela a través del tiempo y los valores isotópicos del ser humano van ajustándose con base en lo que se consume y se bebe durante el transcurso de los últimos 10 años de vida aproximadamente”.

Los análisis isotópicos incluyen proporciones de elementos químicos como el carbono y el nitrógeno de los tejidos de las poblaciones prehispánicas. De esta manera “podemos obtener información directa sobre su alimentación y su residencia geográfica. Para el análisis, se extrae el colágeno del hueso o la dentina”.

De esta manera, la isotopía estable ayuda a investigar “cambios en los patrones de las dietas de poblaciones antiguas, cambios en las estrategias de subsistencia, el acceso o las restricciones a ciertos alimentos, a distinguir diferencias sociales de sexo y o edad asociadas con la dieta, muestra indicadores de salud y estreses con base en la alimentación y la evidencia paleopatológica y permite obtener información sobre la procedencia y residencia geográfica de ciertos grupos, por ejemplo, individuos foráneos, víctimas sacrificiales y la movilidad de las personas y los animales en el pasado”.

La investigadora refirió que el conjunto de individuos sacrificados que fueron estudiados proviene del Templo R de Tlatelolco, “que fue dedicado al dios del viento Ehécatl-Quetzalcóatl, y que data al posclásico tardío entre 1440 y 1521. De esta colección se analizaron 24 individuos que incluyen infantes, niños y adultos”. El segundo grupo de víctimas sacrificiales, “proviene del Templo Mayor de Tenochtitlán, y de ahí se tomaron muestras de 32 subadultos y cuatro adultos. Estos individuos provienen de diferentes contextos de ofrenda y participaron en diferentes ceremonias, a través del tiempo en el recinto sagrado”.

Para poder comparar con las víctimas sacrificiales de procedencia desconocida y conformar una base isotópica, el estudio incluyó el análisis de individuos de San Cristóbal de Ecatepec. “Este es un sitio residencial del periodo posclásico en la Cuenca de México. De ahí se tomaron muestras de 24 restos óseos que incluyen infantes, niños y adultos”.

El análisis de ese conjunto, determinó que “el asentamiento pertenece a gente dedicada a producir sal y textiles. Con base en los resultados del análisis isotópico de oxígeno, sabemos que estos individuos eran locales o residentes de la Cuenca de México”. Los resultados coinciden con la procedencia de los grupos sacrificiales de Tlatelolco, donde con excepción de un individuo, todos proceden de la Cuenca de México.

La gran diferencia se dio en el caso de los individuos del Templo Mayor de Tenochtitlan, donde se encontraron valores isotópicos que indican que los sacrificados provenían de otras zonas: la zona del Pacífico, el Oeste de México, el Valle de Oaxaca, que pudieron ser residentes de largo plazo en la Cuenca de México y vivieron sus últimos años en Tenochtitlan o en la cuenca, otros de más al sur de México o Tenochtitlan central, y de la zona del Golfo.

“En los subadultos del Templo Mayor hay gran variabilidad, más o menos la mitad de la muestra tiene valores locales, mientras que la otra mitad tiene valores no locales. Algunos niños pudieron ser originarios de las comunidades de la cuenca de México, mientras que otros venían de otras partes de Mesoamérica y eran sacrificados poco después de haber sido llevados a Tenochtitlan, ya que su firma isotópica no tuvo el tiempo suficiente para incorporar el valor local de la región de la cuenca de México”.

En tanto, las víctimas no locales “pudieron haber sido obtenidas a través de la esclavitud, del tributo, a consecuencia de la guerra y de la expansión imperial de la Triple Alianza. Con base en los varios posibles orígenes de los no locales, pudimos identificar que sus posibles orígenes concuerdan con las regiones que los mexicas fueron conquistando durante cada reinado de los gobernantes. Esto es muy interesante, pues podemos observar las conquistas del imperio a través del estudio de las víctimas que fueron tomadas durante cada expansión territorial”.

El avance preliminar de los resultados del estudio, que está en proceso de publicación, “indican que las víctimas sacrificiales mantenían una alimentación a base del consumo de alimentos C4, como las plantas, el maíz y el amaranto, y animales que consumían alimentos de tipo C4. Y por lo general vemos que el consumo de proteína animal fue bajo”, señaló Moreiras.

Para concluir, la investigadora señaló que lidera, en la Universidad de Columbia Británica, el proyecto Human History Sacrifice Decoded o “Historias humanas sacrificio decodificado”. Se trata de un proyecto internacional e interdisciplinario que aplica técnicas de biogeoquímica y moleculares de vanguardia complementada con los datos arqueológicos, bioarqueológicos e históricos para ofrecer una visión más profunda de la práctica del sacrificio humano en Mesoamérica.

“Nuestro proyecto reconstruye las vidas de las personas que fueron elegidas víctimas sacrificiales en ceremonias rituales realizadas por los dos más extensos, aunque rivales, imperios mesoamericanos del periodo postclásico, el Mexica y el Tarasco en el occidente de México”, dijo.

Fuente: El Colegio Nacional

Alberto Vazquez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *