Los investigadores y el público

M. en F.C. Rosalba Namihira-Guerrero

Técnico Académico en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia

Mucho se ha dicho del abismo que existe entre la ciencia y el público. La Encuesta Nacional de Ciencia y Tecnología realizada por la UNAM a finales de 2014 para conocer la percepción que tiene los mexicanos sobre sí mismos en estas materias, mostró que los ciudadanos no las perciben como herramientas que puedan serles útiles a la hora de tener que resolver problemas de la vida cotidiana, y aunque muestran interés por ellas, la mayoría no identifica lugares más allá de la escuela, en donde pueda tener acceso a su conociminiento.

Por otra parte, un estudio exploratorio realizado con la colaboración del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) a los miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) a principios de la administración federal que está por concluir, mostró que, de una muestra equivalente al 20 por ciento de sus miembros, en la que estuvieron representados investigadores de todas las categorías del Sistema (Candidatos, Niveles 1,2,3 y Eméritos), de los dos sexos, de las siete áreas disciplinarias y de todas las entidades de la República, la mayoría consideró muy importante la comunicación de su investigación a públicos fuera de la academia.

Por eso, 76 por ciento realizó actividades de divulgación durante los últimos dos años, principalmente para público general; 42 por ciento las hizo entre una y tres veces al año, y un tercio dedicó entre 1 y 5 por ciento de su tiempo a ello.

Sin embargo, los investigadores mencionaron algunos obstáculos para comunicarse con el público: el principal fue la falta de tiempo y de reconocimiento de estas actividades a la hora de la evaluación de su desempeño. Un porcentaje menor adujo falta de foros y fondos, así como desinterés por parte del público.

La encuesta sobre la percepción que tiene los mexicanos sobre sí mismos en materia de ciencia y tecnología mostró que la televisión es el principal medio por el que se enteran de noticias científicas, alcanzando hasta el 60 por ciento de los encuestados, mientras que el internet, la radio, el trabajo o la casa fueron la fuente de información para el 35, 21, 19, 15 y 13 por ciento de los entrevistados, respectivamente.

En contraparte, solo el siete por ciento de los investigadores mencionó haber hecho presentaciones en Televisión, predominando las Revistas, 26 por ciento; la Internet, con 22 por ciento (frente al 35 por ciento que los ciudadanos señalaron utilizar este últomo medio para enterarse de noticias científicas); periódicos, con 15 por ciento y la Radio, con 11 por ciento.

Desde el punto de vista de los investigadores, el principal motivo para realizar comunicación pública de la ciencia es educar al público; sin embargo, cuando se le pregunta al ciudadano si ha adquirido conocimiento científico fuera de la escuela, 70 por ciento contestó que no, aunque estas cifras varían de acuerdo con la edad y escolaridad de los participantes, siendo los jóvenes quienes mayoritariamente indicaron haber aprendido algo sobre ciencia fuera de las aulas.

Es importante comparar nuevamente estas respuestas con las de los investigadores, pues éstos indican que las principales actividades de CPC realizadas en los dos últimos años fueron, en orden decreciente: las conferencias para público general, 36.13 por ciento; los artículos de divulgación, 20.93 por ciento y las entrevistas o conferencias de prensa 12 por ciento. Las conferencias para audiencias específicas; la participación en museos, ferias, radio y TV; la combinación de varias de estas modalidades, y los talleres alcanzaron ocho por ciento, respectivamente. Las menos frecuentes fueron: libros de divulgación, 4.51 por ciento; blogs y redes sociales, con 1.88 por ciento, y debates públicos 0.56 por ciento.

La inserción de México en las Sociedades de Conocimientos, entendidas éstas como aquellas con capacidad de apropiarse del conocimiento _no solo científico y tecnológico_, disponible en cualquier parte del mundo y también del local y tradicional, para aprovecharlo de la mejor manera y generar por sí mismas los conocimientos que les hagan falta para comprender mejor sus problemas, proponer soluciones y realizar acciones para resolverlos efectivamente, de manera justa democrática y plural, como señalaba León Olivé, requiere de una sociedad con cultura científica, lo que conlleva un compromiso por parte de los investigadores para vincularse con la sociedad a distintos niveles.

Citando nuevamente la Encuesta a los miembros del SNI, ante la pregunta de ¿a qué otros públicos fuera de la Academia se ha dirigido?, (productores agropecuarios, organizaciones no gubernamentales, comunidades indígenas o legisladores), solo 10 por ciento de los investigadores en el nivel de Candidatos, señaló haberlo hecho; ocho por ciento del Nivel 1; seis por ciento en los Niveles 2 y 3, y cinco por ciento de los Eméritos, a pesar de que todos ellos indicaron en otra de las preguntas, que estos públicos pueden estar interesados en su investigación en porcentajes mayores.

Las actividades científicas y sus aplicaciones repercuten de manera creciente en la sociedad, como lo muestran los casos de la investigación con células madre, la edición genómica, el uso de nuevas fuentes de energía y de nanopartículas, entre otros, por lo que el los tomadores de decisiones y los ciudadanos requieren de una mayor comprensión de estos asuntos.

Además, diversas acciones de gobierno y de particulares afectan nuestro entorno, por lo que la comunidad científica tiene un punto de vista que se vuelve prioritario tomar en consideración para el diseño de políticas públicas apropiadas para las condiciones locales y socioculturales en las diversas regiones de nuestro país (Casas R. 2007).

No hay duda de que la comunicación del quehacer y del pensamiento científico brinda a las sociedades mayores y mejores elementos para identificar y plantear sus problemas, así como para tomar decisiones adecuadas a su realidad particular y participar en el uso, fomento y regulación del conocimiento científico y su aplicación. Conforme el ciudadano se empodera en el ejercicio de sus derechos, se vuelve indispensable que la comunidad científica esté preparada para responder a los cuestionamientos, intereses y necesidades del gran público, así como para contribuir en la detección, análisis y solución de los problemas sociales, ambientales, económicos políticos y culturales, interactuando cada vez más con distintos actores sociales y con la ciudadanía en general, a fin de poder traducir sus necesidades en preguntas que puedan ser resueltas por la ciencia.

Ello requiere de políticas adecuadas y de fondos para la divulgación del conocimiento científico, por lo que es menester diseñar estrategias que faciliten a los investigadores comunicarse con los distintos sectores sociales que requieren del conocimiento que generan, incentivarlos a hacerlo, reconocer estas tareas y establer foros de interlocución.

Citando a Parodi y Ferrari, la comunicación pública de la ciencia implica “un compromiso que busca lograr cambios en la conciencia de los lectores y sus capacidades reflexivas, y no solo el traspaso de una información altamente especializada a otra versión más simple con fines exclusivos de informar a un público más amplio. Implica estrategias reales de incorporación del otro, de atender a sus intereses y necesidades. No solo de difundir una información realizando un proceso de reescritura simplificada”.

Los datos arrojados por la encuesta reflejan una ausencia de políticas claras y bien establecidas para lograr un mayor compromiso social de la ciencia y como parte de ello, de su comunicación fuera de la academia por parte de los investigadores, más allá de esfuerzos aislados e individuales para comunicarse con el público general, y del flujo de información en una sola vía: de los científicos hacia la sociedad.

El público debe tener a su alcance el conocimiento científico-tecnológico riguroso y equilibrado, que le permita detectar, entender, analizar y, en su caso, resolver la variedad de necesidades a las que se enfrenta, así como poder retroalimentar a la comunidad científica y plantear retos que puedan ser traducidos a lenguaje científico para encontrar soluciones a diversas problemáticas de la sociedad.

Es importante advertir que la falta de comunicación mina la confianza de la sociedad hacia la comunidad de investigadores, el compromiso de aquélla con la actividad científica y retrasa el establecimiento de una relación equilibrada y fructífera entre ambas esferas, por lo que deben utilizarse todos los medios al alcance para poder lograrla.

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